Cementerio de Montmartre (París).

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Cementerio de Montmartre (París).

La caida de un muro fue el detonante, ante una situación de insalubridad y peligro para los vecinos de París en 1786 se cerraba el Cementerio de los Inocentes.

Era el más antiguo de la capital ya que funcionaba desde la Edad Media, cuando eran comunes los enterramientos en masa, así que con los innumerables restos se fabricaron velas y jabones además de ser trasladados a las Catacumbas.Las ideas ilustradas de entonces influyeron en la decisión de construir los cementerios en las afueras de la ciudad y no al lado de las pequeñas iglesias del centro. Así a principios del siglo XIX se inauguran cuatro grandes necrópolis: Montparnasse en el sur de París, Père Lachaise en el este (donde visitamos en un anterior viaje a Jim Morrison), Passy en el oeste y Montmartre en el norte.

Este último fue el que nosotros visitamos la mañana del domingo, llegamos caminando ya que el apartamento donde nos alojábamos estaba en el barrio de Montmartre. Llama la atención porque queda a un nivel más bajo que la calle ya que se utilizó el terreno de unas antiguas canteras de yeso.

Cerca del político republicano Castagnary me senté con el mapa recogido en la entrada, muy necesario si buscas una tumba concreta entre las 20 mil que hay. Dividio en barrios y calles como una pequeña ciudad, también puedes buscar por orden alfabético a los notables del lugar. Nos esperaban pintores, bailarinas del Moulin Rouge, actrices o compositores que convierten este lugar en un recorrido por la historia francesa más bohemia y artística.

Pasamos unas horas muy interesantes en este museo de arte al aire libre. La grata compañía de Berlioz nos dio la bienvenida,con aire calmado todavía revisaba su Sinfonía Fantástica, esperaba a su amor y se preguntaba si no le hubiése ido mejor como médico tal y cómo quería su padre. Mientras el tímido Edgar de Gas (sí separado...), sin mayores problemas económicos, seguía pintando bailarinas tras interesantes noches en la Ópera de París y aprendía de originales de Botticelli durante los viajes a casa de su tío barón en Florencia.

Las nubes y sus ganas de lluvia nos dieron otra tregua, en el suelo encontré una flor de plástico y sin pensarlo la coloqué la tumba que más cerca me quedaba. Así encontramos a Charles Fourier, despeinado y aburrido de su trabajo de oficinista, no dudó ni un instante en hablarnos de sus ideas utópicas y sus queridos falansterios (esa palabra que tanto me costó estudiar en su momento). Sumido en sus pensamientos le dejamos, preocupado por el salvaje capitalismo y por el retroceso de la mujer en la sociedad..

Un encuentro muy denso que dio paso a otro no menos emocionante. Sin venir a cuento un enorme Moisés estaba delante de mí, una copia de la bella escultura de Miguel Ángel decoraba la tumba de Daniel Iffla, un mecenas y financiero que se hizo llamar Osiris tras la muerte de su esposa. Nos contó muchas anécdotas de su interesante vida, entre sonrisas irónicas recordó cómo había sido condecorado por la misma reina, Isabel la Católica, que años antes había expulsado a sus antepasados judíos. Y sin darle importancia reconoció sus actos filantrópicos como el regalo a Nancy de la estauta de Juana de Arco o la recuperación del castillo de La Malmaison en donde luego viviría la futura emperatriz Josefina .

Emocionada como cuando vi el original, seguí serpenteando entre panteones, tumbas, lápidas y sobre todo decoraciones de lo más originales. Bajando y subiendo escaleras ya que las continuas ampliaciones se han ido adaptando a las colinas sobre las que se asienta el cementerio. Un aspecto caótico en un espacio muy verde, en el que gatos, urracas y cuervos se escondían a nuestro paso..

El puente que pasa por encima de algunas tumbas es el primero construido en acero de París (1888)

Alejandro Dumas descansaba ajeno a toda visita. Hastiado de quienes se acercaban pensando que era la tumba de su padre, avergonzado de quienes ni se detenían a leer las inscripciones y se hacían fotos voceando el Uno para todos, y todos para uno. Pero como él mismo decía todas las generalizaciones son peligrosas incluída ésta y sí es cierto que algunos lo reconocían como el romántico de la Dama de las Camelias..

Atraída por su tumba supe quién había sido Vaslav Nijinsky, un bailarín ucraniano con el que pasamos un artístico rato. Entendí porque es considerado por muchos como el mejor del siglo pasado cuando empezó a bailar, sus pies parecían volar entre las pesadas lápidas, con altísimos saltos y una expresión fuerte que dejaba entrever la tristeza provocada por sus años de confinamiento durante la guerra. Su manía persecutoria no tardó en aparecer y sin despedirse se esfumó tras los frondosos tilos.

Y de nuevo la curiosidad al ver la escultura de Victor Brauner, un pintor rumano conocido por su autorretraro sin un ojo, y no tanto por la calidad del cuadro, sino porque años más tarde lo perdió en una pelea. Casualidad según él, yo sólo pretendía separar a esos dos surrealistas españoles cuando el vaso me estalló en toda la cara. Con mucha delicadeza nos agradeció la visita y el interés, se marchaba a la función que Mimi Barhelemy tenía preparada para los niños de Montmartre, según nos contaron la haitíana siempre estaba organizando actividades y Brauner se había ofrecido a hacer de pirata.

Salíamos ya cuando apareció Zola, sin mediar palabra se acercó para entregarnos una cuartilla. Esa noche leería junto con otros invitados Thérèsa Raquin, la novela por la que fue conocido y que no he llegado a leer a pesar de llamarme siempre la atención en la estantería de mis padres por la encuardernación y letras doradas del título. Sólo me dio tiempo a susurrar un merci porque él ya se alejaba cabizbajo colocándose la boina y sin importarle que la lluvia le mojase.

A nosotros después de aquel viaje en el tiempo tampoco nos molestaba el agua pero nos devolvió a la realidad de las calles de París, el tráfico y las tiendas de recuerdos. Una relajante ducha y un plato de pasta después ya estábamos listos para seguir entre artistas, era el último día de festival y la música de Rammstein nos esperaba.

9 Comments

  1. Quim dice:

    Un post genial, muy original, me ha gustado mucho. ¡Felicidades!

  2. Cristina dice:

    Me encantan los cementerios, y los de París tiene algo especial, entre romántico y siniestro que les hace únicos. Ah, y entre nosotras, yo a Dumas siempre le reconoceré como el autor de La Dama de las Camelias 😉
    Un abrazo

  3. Carmen dice:

    Hola Maruxaina! Hecestado varias veces en Paris y nunca he ido a visitar el cementerio de Montmatre. La verdad wue aunque siempre lo he visto en las guías, lo he dejado siempre de lado, por eso me ha encantado seguir tus pasos y verlo a través de tus fotos. Un abrazo
    Carmen

  4. Estuvimos a punto de visitar el cementerio de Montmatre, pero como siempre pasa por falta de tiempo no pudimos. A ver si a la tercera la vencida y cuando volvamos nuevamente a París no lo dejamos. Saludos

  5. carmen dice:

    Yo es que estuve en agosto y por esa zona no se andaba de la cantidad de turistas que había. Así que me encantado tu post y me quedo con ganas de hacer ese tour para mi próxima vez en París. Un saludo.

  6. Eva dice:

    Vaya baño de cultura…que intetesante visita que me anoto porque no he estado. Me imagino las conversaciones si levantaran la cabeza…

  7. Me ha encantado porque soy fans de los cementerios y tengo previsto escribir un post acerca de los mejores que he visitado. Sin embargo, aunque he estado 5 veces en París jamás he visitado ningún cementerio allí. Ni tan siquiera el Père Lachaise que ya comentaste.
    En fin, que espero volver algún día allí y recordar tu post.
    un beso!

  8. Amo los cementerios!
    Este ya me lo apunto para cuando me toque andar por allí!
    Hermosas las fotos!
    Abrazos y que sigan los buenos rumbos!!!

  9. Me ha encantado la forma de explicar la visita a este cementerio tan renombrado 🙂

    Nosotros hemos estado en varios cementerios importantes, siempre me parecen curiosos y algunos te sorprenden de mala manera.

    Un saludo!

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