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Me desperté temprano, helada de frío y con muchas ganas de visitar Clisson. En el camping se mezclaban quienes aún no habían dormido y los que deambulaban, igual que nosotros,en busca de un café. No habíamos dormido demasiado, los conciertos terminaron sobre las 2 y no debían ser más de las 8 cuando salimos del recinto del festival hacia el pueblo.

No tuvimos que caminar mucho para encontrar un café abierto, cafe au lait, tostadas y zumo y ya estábamos listos para ir a conocer el Castillo medieval de Clisson, donde nació Olivier V (1336 -1407) noble y militar francés, conocido como el Carnicero por no dejar prisioneros tras sus batallas.

Como el castillo no abría hasta las 11, nos sentamos al soleil a ver las fotos de la noche anterior. El Hellfest celebraba ya su 9ª edición, el cartel del viernes lo formaban más de 50 grupos repartidos en seis escenarios, esa noche pudimos ver entre otros a Def Leppard, Europe, Testament o Whitesnake.

Además había zona para comer (kebap y fritangas sobre todo), otra para descansar, mercadillo y muchos muchos baños con papel higiénico siempre. Algo raro en un festival. Lo bueno de estos festivales es poder ver a varios grupos que te gustan juntos, acampar y conocer gente de todo el mundo. Qué buen rato pasa uno viendo las indumentarias y modelitos que llevan los festivaleros (y que nadie se ofenda que en absoluto es irónico ni malintencionado) van realmente preparados, gente todas las edades con unos looks que ríete tú de Lady Gaga.

Si quereis conocer un poco más el festival y ver más fotos del Hellfest podeis visitar nuestro blog de música Concerteca.

 

Clisson es un lugar perfecto para descubrir a pie, hay casas y pequeños detalles por todo el pueblo realmente bonitos. Cruzamos el puente de la Vallé, nos detuvimos un ratito a contemplar el río y subimos hacia la iglesia de Notre Dame.

La iglesia original data de los siglos XIV-XV, siendo idea de Olivier V. Fue destruida durante las guerras de la Vendée a finales del XVIII y reconstruida por un arquitecto nantés a finales del siglo siguiente. Su fachada me encantó, pero lo mejor eran sus puertas, pintadas de un precioso color violeta.

 
 

Entramos en el Castillo y pudimos visitarlo casi solos. Disfrutar de las vistas e imaginarnos a Juan sin Tierra asaltándolo allá por el 1206 ya que ocupaba un lugar estratégico entre Nantes y Anjou.

Hasta 1420 fue la residencia de la familia Clisson, después Francisco II lo convirtió en un laboratorio de artilleria, añadiéndole un 2º edificio y un poderoso sistema defensivo.
Abandonado a finales del siglo XVIII, asaltado e incendiado, no fue hasta 1807 cuando François-Frédéric Lemot, un enamorado de la Edad Media, lo adquiriese como hizo también con el bosque de la Garenne.

El lugar es espectacular, muy bien conservado, puedes acceder a diferentes salas en las que hay exposiciones, paneles con información o simplemente sentarte en cualquiera de sus rincones.

 
Al entrar en el interior, uno queda sorprendido y maravillado por la increíble mezcla de ruinas y árboles, cuyo verdor hace más cruel la tristeza de la ruina.

Flaubert

 

Volvimos al centro del pueblo y se escuchaba música en directo, la seguimos y llegamos a Les Halles, el mercado original del s.xv, cubierto por Francisco II con 3 maderas diferentes (madera,pino y castaño).

Conseguimos una de las pocas mesas libres, la verdad que la vista era de lo más curiosa: un grupo local actuaba en directo temas de metal, mientras unas señoras del pueblo tomaban el vermú al lado de un punk de casi dos metros y cresta roja que no dejaba de botar.

Las cervezas en vasos de plástico se multiplicaban en las mesas junto a unos bocadillos riquísimos que preparaba un hombre en una parrilla medio improvisada en un ambiente de tan buen rollo que durante más de dos horas nos olvidamos del festival. Teníamos que hablar altísimo para entendernos con un francés empeñado en contarnos su viaje por la Costa Brava el verano anterior. Y claro, la mesa de al lado nos escuchó, nosotros a ellos y el acento nos delató.

Ya era raro no encontrarnos a ningún gallego. En seguida juntamos las mesas y durante unas cuantas horas, allí nos quedamos, compartiendo anécdotas de conciertos, viajes, historietas y muchas risas. Otra de las mejores cosas de un festival: conocer gente, y estos heavys, somos hijos del metal, eran muy buena gente. Su conversación detrás de unas largas melenas y barbas, de camisetas negras y de aspecto maligno para todavía muchos, desmontaría tantos tópicos.


 
 

Tras arreglar el país, escuchar una interesante historia sobre nada menos que Loquillo, sí el del Rompeolas, y casi morir de risa con la interpretación de su protagonista, nos dieron, no las 10 como diría Sabina, pero sí la hora de volver al festival.

Antes decidimos pasar por un supermercado, necesitábamos con urgencia algo tipo edredón o colcha para taparnos porque no habíamos previsto que haría tanto frío de noche. Estaba lleno de festivaleros aprovisionándose de bebida y comida, así que decidí quedarme fuera, una vez con la compra hecha, nos despedimos de los gallegos y nos fuimos al camping rápido para darnos una ducha e irnos a los conciertos (no sin antes tunearnos con unos pantalones muy festivaleros).


 
 

Ya de noche, después de los conciertos, llegamos a la tienda cansadísimos pero yo sólo pensaba en que el edredón lo compensaría todo. Nos os miento si digo que casi (y sin casi) lloro cuando al abrirlo veo que era una ¡¡almohada enrollada!! Las excusas fueron las prisas, el no entender el idioma y la malinterpretación del dibujito del producto. Así que tocó pasar frío otra noche más y rebautizar el Hellfest 2013 como el festival de la no-almohada.

Amanecimos temprano y salimos a buscar un café para desayunar y entrar en calor para irnos después a dar un paseo.


 
 

Llegamos caminando a La Garenne Lemot, uno de los parques más bonitos que he conocido, es un sitio ideal para hacer fotos, leer, dibujar o simplemente sentarse a dejar pasar el tiempo.

Con muchas referencias al estilo italiano, esta antigua reserva de caza es conocida como Little Italy gracias a su creador el escultor François - Frédéric Lemot, sí el mismo que se encargó de restaurar el Castillo.

Tan sólo nos cruzamos con un par de señoras con un perro ya que el sitio es enorme, creo que algo más de 10 hectáreas.Puedes bordear el río Sèvre y encontrar clásicas esculturas entre árboles, un Templo dedicado a Vesta, la Casa del Jardinero o edificios renacentistas y todo rodeado de una vegetación que lo hace parecer de cuento.


 

Desde la parte de arriba, pudimos volver a fotografiar el castillo y descubrimos en lo alto el Templo de la Amistad (1812-25), inspirado en los templos griegos, fue construido como mausoleo para Lemot y sus amigos, los hermanos Cacault, pero finalmente la familia de éstos se opuso.


 
 

Esa tarde era la última del festival, al día siguiente salíamos temprano en tren, esta vez haríamos Clisson-La Rochelle y desde allí vuelo hasta Porto. Fuimos a la estación para ya dejar los billetes comprados y cuál fue nuestra sorpresa cuando por ser festivaleros nos aplicaron un súper descuento en los billetes. Súper contentos y acordándonos de Renfe, paramos a comer algo antes de ir a ver los conciertos.

Y así terminaba nuestro viaje a Clisson, uno de los tantos pueblos franceses quizá no tan conocidos pero sin duda recomendable para visitar.Por lo de pronto, el Hellfest 2014 nos espera, así que en unos meses ¡¡¡volveremos!!!


 

11 Comments

  1. Hola Maruxaina,

    Muy interesante tu reportaje de tu visita en Clisson…

    Yo espero encontrarte el año proximo…

    Muy buenas tardes…
    Nath

  2. la verdad es que el sitio es una maravilla, el parque me ha cautivado,… Una pena lo del edredón, da mucha rabia olvidarse algo básico para el bienestar del viaje… pero bueno aguantaste el frió y eso no te impidió tener una increíble jornada 😉

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Clisson es un pueblo más que recomendable. Es precioso y merece la pena. Los olvidos se compensaron con creces con los conciertazos que pudimos ver en el festival 🙂
      Un saludo!

  3. María dice:

    Me encantan las mayas azul eléctrico ¡Al próximo encuentro de GaliciaTB te las traes! 😉

  4. Veronica dice:

    ¿Valió la pena dormir a la intemperie sólo por el descuento ? jijiji
    La alegría que da cuando viajas por ahí encuentras gente de tu ciudad ¿a que sí?
    Esta vez no os olvidéis ni almohadas ni edredón 😉

    Saludos

    • maruxaina dice:

      Hola Verónica,
      No dormimos a la intemperie ni había descuento jajaja
      Fue un fallo de no llevar ropa de abrigo porque aunque el festival se celebra en verano por la noche hacía bastante frío.
      Un saludo!!

  5. ¡Qué grande eres! ;)))
    “al abrirlo veo que era una ¡¡¡almohada enrollada!!!”…. por favor :))) Si que sabéis enrollaros al máximo hasta olvidaros de la realidad y ver con detención qué es lo que estáis comprando 😉
    ¡Ya me gustaría tener una pasión como la tienes tú! 😉

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Hola Kate!
      Tenemos pendiente un #festivaljuntos , no me he olvidado 😉
      Si vieses cómo está el súpermercado los días de festival entenderías que la atención fuese la justa, además las prisas por llegar al siguiente concierto tampoco ayudaron. Tú sí tienes un mundo de pasión!!

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