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Insallah, Marruecos. Insallah.

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El silencio y la soledad repentina han supuesto un cambio demasiado rápido.

Al monótono paisaje gris del aeropuerto le faltan colores así que lo pinto en mi imaginación. Un poco de ocre de Marrrakech, azul de Essaouira y mil pinceladas de los infinitos tonos de gorros, babuchas, telas y artesanías que llenan de vida cualquier pueblo de Marruecos. Hace sólo unas horas que dejamos el país y ya lo echo de menos.

 
 

Un par de semanas me separaban de mi anterior visita a Marrakech pero la encontré cambiada. Súper elegante, llena de banderas y flores, luces de neón y muchísima policía para dar una buena imagen a los altos mandatarios que visitaban la ciudad con motivo de una cumbre sobre el cambio climático. La sonrisa de nuestro zumero y los abrazos de los herboristeros fueron la mejor bienvenida, olvidé tanto adorno y me sentí como en casa, dispuesta a disfrutar una vez más de Marruecos.

 
 

El olor del abrillantador no tarda en llegar, la máquina lleva girando en el mismo sitio un buen rato, creo que el hombre que la maneja se ha dormido. Abro la mochila y rebusco hasta encontrar los regalos. Vuelvo a estar en Marrakech al oler la bolsita de especies, camino por sus callejuelas empedradas buscando un puestito para comer, me cruzo con miradas de ojos muy negros y grandes sonrisas, e intercambio saludos de cortesía que dan pie a curiosas conversaciones y a sobremesas en el suelo después de un delicioso cuscus hecho en un hornillo.

La máquina de vending me mira fría y sarcástica, me ofrece sandwiches acartonados que me niego a comprar. Y es entonces cuando llega a mi cabeza la increíble cena vivida unas noches atrás, un regalo de nuestros anfitriones que hizo que aquél viaje superase toda expectativa. La decoración, la excelente atención del personal y los riquísimos platos pueden ser puntos atractivos en cualquier restaurante, pero si a todo ello le añades que en Dar Essalam Hitchock rodó algunas escenas de “El hombre que sabía demasiado”, para una enamorada del cine como yo, la velada sólo podía ser de película.

 
 

El móvil no para de recibir mensajillos. Mis compañeros de viaje van llegando a sus destinos. A mí aún me quedan más de seis horas. Me entretengo viendo las fotos que envían y comparten. Sin querer, me he reído demasiado alto y un hombre me mira molesto, se revuelve entre dos asientos y retoma su cita con el sueño. Yo me pierdo en el zoco y esta vez me siento más desorientada de lo habitual ya que no me acompaña mi querido compañero de viaje, mi mochila como él dice. Porque si para muchos París es la ciudad del amor, para nosotros es Marrakech. Nuestro primer viaje sin apenas conocernos, dónde empezó todo.

Extrañé su complicidad y lo veía en cada rincón de una ciudad que descubrimos juntos, pero la compañía cubrió su falta. Hacía mucho que no viajaba en grupo y, sinceramente, tenía mis reservas porque no siempre es fácil, pero nada que ver. A algunos de los miembros de Tu Blog de Viajes ni los conocía personalmente pero nos acoplamos como un puzzle y el viaje se enriqueció aún más siendo todos tan distintos.

Disfruté como una enana de la gymkana por la medina. Prisas y carreras, pruebas y preguntas que confirmaron mi pésimo olfato y en las que aprendí lo complicada que es la preparación del té. Aún oigo los ritmos de la música gnaua y las risas buscando una pequeña lámpara, en un mar de hierros, que no dudé en frotar por si aparecía Aladino.

 
 

Descubro, por fin, la Madrasa Ben Youssef, donde vivían y se formaban los estudiantes hasta 1960. Las pequeñas y sobrias celdas contrastan con la riqueza de las zonas comunes y su gran patio central, en el que los turistas esperan pacientes un turno no explícito para hacerse la foto de rigor. No me importó pasear de nuevo por el maravilloso Palacio Bahía, mi favorito, una colección de estancias llenas de detalles, increíbles techos, puertas y mosaicos que sólo hacen volar mi imaginación. Un lujo de lugar que contrasta con la dureza que vemos en otra de nuestras visitas. En los Curtidores sufro el olor a pesar de la menta y observo como trabajadores jóvenes y avejentados cargan con pieles que luego veremos por el zoco transformadas en preciosas artesanías.

Aprovecho la llamada de Raúl para preguntarle por qué nunca fuimos a Essaouira. Todos nos decían que era demasiado turística y que no merecía la pena, pero lejos del verano encuentro una medina tranquila, sin agobios, acompañada por una muralla que desvela un interesante pasado y con puertas entreabiertas que escoden coloridos talleres de artistas. Por la antigua Mogador paseaban años atrás Hendrix y Orson Welles, poetas y pintores fascinados por su luz se reunían en acogedores cafés antes de disfrutar de sus hipnóticos atardeceres.

Muy ligada al mar, visitamos su mercado de pescado, auténtico dónde los haya y con un trajín continuo de mercancía y gente, observados desde cerca por las vigilantes gaviotas. Con mil imágenes y algunas compras volvemos al Riad Zahra, la fotogénica escalera nos conduce a grandes habitaciones y a más arte en sus pasillos. Muchas plantas, una piscina que invitaba al relax y unos dueños encantadores que nos daban la alegría de tener algo tan sencillo en su carta como huevos con patatas fritas. Nos sentimos como en casa y aprovechamos la noche para tramar nuevos viajes y aventuras.

 
 

Una pareja se despide a pocos metros. Por el tamaño de la maleta y sus ojos llorosos parece que la separación durará tiempo. Él se aleja cabizbajo hacia el control mientras ella le observa con pena, iría a darle un abrazo pero seguro que me toma por loca. Su tristeza me invade (maldita empatía) y me lleva hasta mi último amor. Tan sólo fueron unas horas pero yo soy muy enamoradiza y un trocito de mí se quedó en Sidi Kaouki, en la costa atlántica de Marruecos.

Allí fue donde nuestro Insallah cobró sentido. Ojalá volvamos pronto nos dijimos la última noche del primer viaje.Tomabámos un té mirando a la plaza y ni de lejos sabíamos que aquél viaje sería el primero de muchos más. Aquélla bella palabra se convirtió en nuestro comodín, en nuestra esperanza ante toda la mierda y situación adversa que a diario nos rodeaba. Sin saberlo ya habíamos tomado una decisión y Marruecos iba a ser la gran protagonista de nuestra futura historia. Nos faltaba el escenario y sin buscarlo apareció Sidi Kaouki. El lugar con el que había soñado sin saber si existía. Delante de aquél paisaje azul noté que lo había encontrado. Fue algo raro, como un flechazo de adolescente, un amor de verano pero que no entendía de estaciones. Me vi allí con mi máquina de escribir y mi taza de café, caminando descalza y despeinada sin que a nadie le importase. Insallah repetía en bajito mientras subía a la furgoneta, me iba triste pero sabía que sólo era un hasta pronto.

 
 

El aeropuerto parece despertar, algunos negocios abren y sigo el olor a café en modo zombie. Para mí sorpresa está bueno. Tengo unas ganas horribles de subirme al avión y dormir. Intento distraerme con el móvil y leo un mensaje de Nuria, la culpable de que vuelva a casa aún más enamorada de Marruecos. Sólo tengo buenas palabras para ti y el equipo de Viajes Marrakech, Hamid, Abdel, Simo, mil gracias por vuestra profesionalidad pero sobre todo por la cercanía y las sonrisas, por responder a todas nuestras preguntas y acercarnos un poquito más a vuestro país. He aprendido mucho y quiero seguir haciéndolo, nos veremos pronto.

Y a vosotros, mis queridos compañeros de Tu Blog de Viajes, gracias. Conoceros ha sido una de las mejores cosas de escribir un blog de viajes, me encanta vuestro buen rollo y compañerismo. Me llevo un montón de recuerdos y de sueños viajeros compartidos, he aprendido mucho de cada uno y ha sido genial ver Marruecos a través de vuestros ojos. Con ganas ya del próximo encuentro, hasta entonces ¡¡un súper abrazo!! .

 

11 Comments

  1. Espectacular viaje y relato. Comparto contigo punto a punto. Marrakech me enamoró y Essaouira terminó de conquistarme para volver a Marruecos en un futuro.
    La experiencia fue genial, y en gran parte gracias a ti, gran conocedora y enamorada de Marrakech.

  2. Maria Jos dice:

    Mira que conozco bien Marruecos, pero a Essaouira no he tenido el gusto de conocer! Lo tengo pendiente!!!

  3. Cómo me gustó tu post y el viaje. Me ha encantado volver a Marruecos gracias a tus palabras!

  4. Maruxaina dice:

    Muchas gracias guapa!!Me alegro que hayas podido volver a Marruecos un ratito 😉 Me encantó conoceros, sois un amor de pareja y ojalá repitamos pronto.Un besazo!!

  5. Maruxaina dice:

    Gracias Erik!Es fácil que salga bonito porque el viaje no podría haber sido mejor 🙂
    Un abrazo!!

  6. Irene dice:

    ¡Qué precioso relato!

    Tengo que confesar que Marrakech fue para mí un impacto demasiado grande la primera vez, pero que me dejó la sensación de que unos días más y la entiendo… y me enamoro 😉 Por eso me gusta leer un relato con tanto cariño y emoción, de pequeñas historias, me han entrado ganas de volver, como lo hiciste tú. El texto desprende mucha empatía / sensibilidad!

    un abrazo!

    Irene

  7. Kris dice:

    Bonito bonito este post… me ha encantado como nos cuentas ese momento en el que una imagen o un aroma nos hacen revivir lo mejor de un viaje. Y en tu caso algo muy especial, pues tus recuerdos eran de ese Marruecos que tanto te gusta. Un abrazo fuerte.

  8. Lala Emerald dice:

    ¡Como me gustó el post! Nunca estuve en Marruecos y me encantaría ir.

    Lala Emerald

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Hola Lala,
      Muchas gacias por tu comentario 🙂 Me alegra que te haya gustado, no soy muy objetiva con Marruecos pero sí te aconsejo visitarlo. Es un país que merece mucho la pena.
      Un saludo!!

  9. […] a la gran familia de tublogdeviajes, y como bien dice nuestra amiga Maruxaina y su Mochila, Inshalla, Marrakech. Inshalla (Si Dios […]

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