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Los Irrawaddy, los delfines casi desaparecidos del Mekong.

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Incluímos Kratie en nuestro itinerario por Camboya porque habíamos leído que era el mejor lugar para ver a los delfines Irrawaddy. Una especie en peligro de extinción que habita en el río Mekong.

El tuk tuk nos llevaría a Kampie, a unos 15 kilómetros de Kratie, donde nos alojábamos desde la noche anterior. Con el conductor acordamos una ruta que incluía dos paradas: el embarcadero y Wat Phnom Sambok, el templo budista más importante de la región.

 
 

Por el camino vimos comos los camboyanos empezaban sus rutinas diarias. Algunas casas estaban muy cerca de la carretera y era posible ver parte de su interior. Los negocios recibían a sus primeros clientes. Un corte de pelo, una botella de gasolina o los siempre presentes carritos de comida y refrescos.

Tras más de diez días en Camboya, eran escenas habituales pero que nos seguían sorprendiendo. El equilibrio de los camboyanos es digno de admiración con las motos o bicicletas hasta arriba de todo tipo de mercancía armada como un verdadero tetris.

 

Tras unos días en Phnom Penh, la capital del país, y en la turística Siem Reap, nos apetecía algo tranquilo y Kratie lo era. La noche anterior apenas nos cruzamos con un par de mochileros y la pequeña ciudad nos servía además como escala para seguir nuestra ruta hacia el norte del país.

La idea de una excursión con viaje en barca incluído me parecía súper relajante. Hacía sol pero no un calor excesivo y al día siguiente volveríamos a pasar muchas horas en carretera, así que el plan del día era únicamente disfrutar.

En una explanada de tierra pegada al río una escultura de un Orcaella Brevirostris recibía a los visitantes. La especie de delfin, de curiosa cabeza, que ha puesto a Kratie en el mapa. Algunas barcas de pescadores y un quiosco de madera y latón donde se vendían los tickets para el paseo por el río.

 

Los delfines Irrawaddy son una especie propia del Sudeste Asiático y suelen vivir cerca de las costas y en las desembocaduras de los ríos.
En Camboya circulan por las aguas del Mékong, desde Kratie hasta Laos. Casi 200 kilómetros por donde, con suerte, es posible ver los pocos ejemplares que quedan.

 
 

La joven de los tickets nos recomendó que buscásemos a otra persona para que el viaje nos saliese más económico. Miramos a nuestro alrededor y no había nadie, por lo que decidimos no esperar. La diferencia era mínima y queríamos aprovechar el día.

Un tuk tuk interrumpió el pago. Un hombre francés, con un aire a un Indiana Jones de 70 años, llegó en el momento justo para unirse a nuestra travesía. El barquero sólo nos habló para advertirnos lo complicado que era ver a los delfines. Advirtiéndonos que no nos hiciésemos ilusiones porque hacía meses que no veía a ninguno.

El río era inmenso y con ese color a tierra tan característico del Mekong, uno de los ríos más largos del mundo. No nos cruzamos con nadie a excepción de un pescador encima de una pequeñísima lancha. Parecía una visión. Bajo un increíble cielo azul claro, daba la impresión que caminaba sobre las aguas ayudándose de una larga caña.

 

En silencio, aquélla barca solo era ojos. Los cuatro mirábamos en direcciones opuestas para cubrir los 360º. El barquero parecía aburrido y de vez en cuando negaba con la cabeza.

Razones tenía porque quedaban menos de cien delfines cuando nosotros estuvimos en Kratie. Según un estudio de 2011, un año antes de nuestro viaje, quedaban alrededor de 85 delfines Irrawaddy en el Mékong.


 

Los delfines Irrawaddy eran capturados por los soldados jemeres, durante la dictadura de Pol Pot, para aprovechar el aceite del cetáceo.
A pesar de ser una especie protegida por el gobierno camboyano, las prácticas y técnicas de pesca no son nada favorables para unas crías que apenas llegan a la madurez. La altísima contaminación, las redes trampa o el uso de explosivos han contribuído a la progresiva desaparición de la especie. Según he leído preparando este post, en 2016 apenas quedaban 20 delfines Irrawaddy en aguas camboyanas.


 

Nosotros teníamos un buen presentimiento. Sobre todo Raúl, que es fiel defensor de que con un buen karma todo es posible. Cuando vimos la barca, nos sonreímos alucinando un poco y lo tuvimos claro. El número 17 haría que aquella mañana viésemos una familia de Irrawaddy. Para el asombro de nuestro increídulo barquero.


 

Tuvimos que reprimir los gritos de alegría y la emoción apenas no dejó hacer fotos. Pero aún hoy, años después, lo recuerdo como uno de esos momentazos viajeros.

Había visto algunas fotos y acostumbrada al estiloso delfín común, el Irrawaddy llamaba la atención. Su cabeza era mucho más redonda y sin el morro tan llamativo. Sus aletas también son distintas, más cortas las dorsales y las laterales más anchas y con formas menos puntiagudas que sus compañeros.

Esperamos hasta que se alejasen para comenzar la ruta de vuelta al embarcadero.Más relajados, disfrutamos del sol charlando con nuestro Jones francés. Un señor con una vida de lo más interesante, que se despediría invitándonos a su hotel. Uno de los mejores de la vecina Tailandia.

 
 

Nuestro conductor dormitaba bajo un árbol y se alegró cuando le contamos que habíamos visto a los delfines. Nos contó que eran animales simpáticos, que siempre parecían sonreir y que colaboraban con los pescadores de la zona. Ante nuestra incredulidad, nos explicó como acuden al silbido y acorralan a los bancos de peces, obligándoles a ir hacia la orilla. Una forma de trabajo en la que ambas partes ganan.

La charla terminó al llegar a nuestra siguiente parada, un templo con vistas al río Mékong. Un ratito de relax, en medio de una montaña, para asimilar todas las emociones del viaje en barca nos vendría estupendamente y también para agradecer el haber sido afortunados viendo una familia de Irrawady.

 
 

La inteligencia de estos animales y las características de esta especie en particular, ha hecho que también sean capturados para trabajar en parques acuáticos.
Son capaces de mover la cabeza gracias a la flexibilidad de su cuello por lo que son perfectos para juegos malabares y demás entretenimientos absurdos. Desde Maruxaina os pedimos que os informeis antes de acudir a este tipo de espectáculos. Los animales sufren y no es su hábitat natural. ¡Gracias!

12 Comments

  1. Que suerte tuviste de poder avistar estos delfines, la verdad que tiene que dar mucha alegría. Una experiencia, como bien dices, que sigues recordando como el primer día. Saludos

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Hola Belén,
      La verdad es que sí, porque con los poquitos que quedan…Es de esos momentos viajeros que siempre recordaré.¡Un saludo!

  2. alvientooo dice:

    Muy chulo este post, ademas de todo muy bien explicado, hay que concienciar a los viajeros del cuidado de la naturaleza y de los animales, poco a poco se van consiguiendo cosas interesantes.

    • Maruxaina Bóveda dice:

      ¡Muchas gracias Alberto!Como bien dices si vamos concienciando quizá poquito a poco la gente sea más responsable. Un abrazo 😉

  3. Kris dice:

    Muy oportuno ese India Jones, que seguro disfrutó de la suerte de ver a los delfines tanto como vosotros. Me ha encantado el post porque me has llevado a conocer algo más de Camboya de lo que tomo bueno nota porque supongo que en breve llegará mi momento de visitar ese país. 😉

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Te gustará Camboya Cris. Muchas gracias por tu comentario. La mayoría se limita a Siem Reap, perdiéndose un montón de cosas de un país súper interesante. Un abrazo guapa.

  4. Mauxi Leal dice:

    Qué pena lo que ha sucedido con esta especie y que los ejemplares no puedan llegar a su madurez o vivir tranquilamente. Ojalá haagan algo en Camboya para salvar a estos delfines. Gracias por compartir esta experiencia única y tan especial.

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Gracias a ti Mauxi por la visita 🙂 La verdad es que está complicado, porque aún teniendo leyes que los protegen poca cosa se puede hacer si la gente no se conciencia.
      ¡Un abrazo hasta la isla!

  5. Netikerty dice:

    Los delfines son mis animales favoritos y debe ser emocionante poder verlos en libertad, aunque es muy triste saber los pocos que quedan. No conocía todo lo que cuentas sobre esta especie de delfines de Camboya. Ojalá no sea demasiado tarde para arreglarlo.

  6. Precioso recuerdo Maru! Que suerte tuvisteis de poder avistar estos bellísimos animales, es uno de mis sueños pendientes. Esperamos que podamos disfrutar de su presencia muchos, muchos años.
    Un abrazo viajera
    Eva y Carmelo

  7. Meraviglia dice:

    Qué bien que pudierais ver a una especie tan especial. Me resulte curiosos que incluso colaboren con los pescadores, espero que poco a poco su número vaya aumentando y dejen de estar en peligro.

    ¡Un saludo!
    Eva

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Hola Eva,
      A mí lo de los pescadores también me sorprendió, tiene que ser un espectáculo verlo. Ojalá se recupere la especie. Un abrazo.

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