Relax en Kep (Camboya,días 15 y 16)

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Relax en Kep (Camboya,días 15 y 16)

Miércoles, 15 Agosto 2011.

Salimos de Phnom Penh a las dos y media en dirección a Kep, en el autobus eramos los únicos extranjeros, junto a tres matrimonios que debían rondar los cincuenta años. Los escasos ciento cincuenta kilómetros se tradujeron en cuatro largas y pesadas horas. Eran los últimos días de viaje y ya acusabamos un poquito el cansancio así que habíamos decidido pasar un par de noches antes de volver a casa en una zona de playa.

Nuestra primera opción fue Sihanoukville pero finalmente nos decantamos por Kep, aconsejados por un experto viajero que conocimos durante un paseo en barca días atrás. Estábamos a finales de agosto pero al bajar del autobus nos recibió un sitio tranquilo, nada turísitico. Un francés se acercó a ofrecernos alojamiento en su hostel, daba bastante buen rollo así que le hicimos caso sin pensarlo mucho y subimos al tuk tuk que nos ofrecía.

Recuerdo una avenida muy larga, sin asfaltar y sin apenas luz, algunas casas bajitas y ni rastro de gente. El hostel resultó ser horrible, de los que peor recuerdo tengo de todo el viaje, pero no teníamos ganas de ponernos a buscar otro, así que dejamos las mochilas y salimos a buscar un lugar para cenar.

Sólo encontramos una especie de bar con una tele enorme y unos chicos jugando al ajedrez. Las mesas estaban hechas de troncos y la cocina era muy pequeñita pero la cena resultó riquísima y baratísima. Arroz, rice khmer, con verduras y huevo frito y unos rollitos de pasta de arroz, rellenos de platanos y algo más envueltos en hoja de palma. Creo que mi cara de súper happy lo dice todo.

Pero sin duda, lo mejor de la noche fue la conversación que tuvimos con el dueño. Un señor de unos cincuenta años, que no dejó de preguntarnos en inglés un montón de cosas. Sobre el trabajo y la familia, quería saber cómo era nuestra casa y hasta cuántas teles teníamos, qué hacíamos para divertirnos y qué habíamos ido a hacer a su país. Recuerdo su cara de incomprensión cuando le hablamos del paro o al explicarle qué era una hipoteca, no entendía cómo había gente viviendo en la calle y la idea de los geriátricos tampoco le hizo ni pizca de gracia. Cuando nos despedimos, reconoció que su idea sobre el primer mundo era muy distinta. Allí se quedó pensativo hasta que lo interrumpieron los muchachos de la zona que llegaban para ver la tele. Empezaba la película, y para nuestro asombro apareció en pantalla Eduardo Noriega en el papel de Che Guevara.

Jueves, 16 Agosto 2011.

Dormí poquísimo en el Guesthouse Kep. Quería que se hiciese de día para poder irme y buscar otro alojamiento. El tipo desapareció nada más llegar, la habitación no estaba limpia y fue la única en todo el país con cucarachas, muertas, pero cucarachas. Intenté ducharme pero no había grifo, en realidad no había ni ducha, sólo la manguera y el desagüe en el suelo. Tampoco había pestillo y el baño era comunitario por lo que aquéllo prometía. Mientras pensaba cómo arreglarmelas la puerta se abrió y apareció el francés. Yo estaba a medio vestir pero a él parecía no importarle porque hizo ademan de entrar. Al ver mi cara cambió de opinión y desapareció. Conté hasta diez antes de salir y volver a la habitación, tardé lo justo para coger la mochila y salir por la puerta. Obviamente cuando nos fuimos ni rastro del desayuno que habíamos pagado ni nadie a quién reclamárselo. Muy raro todo y sin café por lo que mi humor matutino era de lo peor.

Menos mal que el señor de la noche anterior nos recibió con pan recién hecho, una enorme sonrisa y una rica taza de café. Esta vez no tuvimos charla porque había más movimiento de paisanos en el bar, además nosotros teníamos que buscar sitio para dormir, soltar la mochila de nuevo y disfrutar de nuestros últimos días en Camboya.

Aconsejados por un local nos fuimos al otro extremo. El Beach Hotel, justo enfrente de la playa y recién abierto por un extranjero de cara afable. El personal, joven y con un inglés implecable,nos recibió con una gran sonrisa. Después de casi veinte días durmiendo en lugares de lo más variopintos, cutres, incómodos y de camas imposibles se me hacía hasta raro. Cómo valoré aquella cama de sábanas limpísimas y no de colores inciertos sino de un blanco nuclear, con un colchón enorme lleno de almohadones. La ducha de agua caliente me sentó como si fuese la primera en un año y me pasé un buen rato en el enorme cuarto de baño, mientras de la tele me llegaba el sonido de Tom y Jerry.

Como era temprano lo siguiente fue disfrutar de la piscina. Estaba vacía ya que éramos los únicos clientes junto a una familia que salía de excursión cuando nosotros llegábamos. Mi duda llegó en el momento de ponerme en bikini, ¿me bañaba con camiseta?, la verdad es que no me apetecía nada porque el calor era horrible, pero había visto que en la playa y en las cascadas se bañaban con ropa. Fui a preguntarle a la recepciónista quien sonriéndo me dijo no problem, pero me agradeció el que le hubiese preguntado. Lo cierto es que sí noté que cuando los chicos que estaban trabajando pasaban por allí, retorcían la cabeza todo lo posible para evitar mirar hacia dónde yo estaba.

Se estaba tannnnn bien, hacía más de 20 días que no teníamos unas horas así. Sin hacer nada, disfrutando del sol y del silencio, bajando de revoluciones para empezar a pensar que aquéllo terminaba y tocaba volver a casa. El camarero, que parecía adivinar nuestra pena, se empeñaba en preparanos Coconut & Lemon que no podíamos rechazar.

Comimos en el hotel y aprovechamos que tenía wifi para enterarnos un poco de dónde estábamos. Fundada como colonia francesa en 1908, Kep sur Mer, fue el lugar elegido por los camboyanos de clase alta y los burócratas franceses para pasar sus vacaciones y días de relax. Los jemeres rojos destruyeron la mayoría de las casas y mansiones modernistas y ahora las ruinas le dan un aspecto de pueblo fantasma, nada que ver con su época de esplendor. Aquéllos años en los que el rey Norodom Shianouk invitaba a Catherine Deneuve o Jackie Onassis a disfrutar del Saint Tropez camboyano.

Caminamos por la playa de arena oscura y por el paseo hasta llegar al Crab Market, porque Kep es un pueblo de pescadores, de hecho tiene un gran escultura de un cangrejo y podrás comerlo en sopa, ensalada y cocinados de mil maneras. O también solos, me resultó curioso ver a muchas personas comiéndolos como si fuesen pipas, sentados mirando el mar.

En el Mercado había mucho movimiento, mujeres con altas botas de agua y sombreros cargaban pesadas nasas, pescaban allí mismo y subían empapadas, con una agilidad admirabie porque además no eran jóvenes precisamente.

Al final del paseo encontramos la estatua de Kaundinya I. Según nos contaron después, este brahmán indio fue el extranjero que se casó con la princesa camboyana Neang Neak (Soma en hindi), naciendo así Kambuja. La versión edulcorada cuenta que él le tiró una flecha mientras ella navegaba en su barquita y se enamoraron, en la otra, Kaundinya tuvo un sueño: tenía que coger un arco mágico del templo y derrotar a Soma pero ante su belleza no pudo y se casaron. Quizá sea una mezcla de ambas pero así nació Camboya y quizá explica algunas de las similitudes que tiene con la India

Justo encima del mar estaban las casas de madera reconvertidas en chiringuitos, el menú principal era el pescado y marisco pero también había algunos con menús más occidentales con hamburguesas y patatas fritas. Elegimos uno por algo que nos llamó la atención en su nombre y ahora no recuerdo. Pasamos allí horas, en uno de los pocos momentos de charla tranquilos, sin interrupciones, soltando todo lo que habíamos ido guardando esos días. Pero también hubo muchos silencios. Tenía un exceso de información importante, porque yo apenas sabía nada de Camboya antes de aquél viaje, y todo lo que había aprendido, sentía que me superaba por momentos. Haciendo un resumen , pesando en una balanza, supimos a escasos días de volver a casa, que no sería la última visita a tan increíble país. Quería seguir conociendo su historia y escuchar a su gente.

Al anochecer volvimos al hotel, en recepción arreglamos nuestra visita a Rabbit Island para primera hora de la mañana y como al vernos encendieron la piscina, no tuvimos más remedio que quedarnos y darnos un último baño.

8 Comments

  1. Patri dice:

    Madre mía, qué pinta tienen esos cangrejos y el beach hotel jejeje nada que ver con el anterior ¿eh? Yo también soy partidaria de darse un lujillo en todo el viaje, nuestros pies cansados se lo merecen 😉 tengo muchas ganas de ir a Camboya, la verdad es que todo el sudeste asiático me atrae en general, exótico y barato.
    Un besazo de la cosmopolilla

    • Maruxaina dice:

      Te encantará Camboya Patri.
      La verdad es que aún hoy recuerdo cómo valoré esa ducha y esa cama!!! Lo bueno de esas malas noches viajeras es que después las buenas las aprecias el triple 🙂
      Un besazo!

  2. Andy dice:

    Que buenas fotos. Ese arroz tiene una pinta barbara.Que delicia!

  3. Netikerty dice:

    Parece el paraiso en la tierra. No conozco Camboya, pero no me la imaginaba así, es una maravilla!!

  4. Ostras estuvimos hace unos años y dejamos la parte de playa de lado para otra ocasión. No parece estar nada mal como todos los lugares del sudeste asiático un poco apartados de la vorágine turística.
    Un saludo! Robert y Ely

  5. Ori dice:

    Esos momentos de conversaciones con la gente de los sitios para mi son lo mejor de los viajes. Al final siempre lo que suele pasar es que ni lo que tu creías del país es así, ni lo que la gente cree de aquí es como pensaban. Rompiendo fronteras. Que ganas de Asia

  6. Leticia dice:

    Qué curiosa la(s) leyenda(s) sobre el origen de Camboya. Mira que no estaba en mis listas, pero al veros en ese momento Crab Market me estais dando envidia 😉

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