Majorelle y una nueva letra en mi libreta (día 2)

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Majorelle y una nueva letra en mi libreta (día 2)

No parecía lejos así que decidimos ir andando. El increíble desayuno del riad nos había dado energías suficientes para los escasos tres kilómetros que había hasta el Jardín Majorelle. Abierto al público desde 1947, los altos muros lo convierten en un verdadero oasis de calma y relax, perfecto para escapar del bullicio y locura de la medina.

Lo primero que pensé al entrar fue que normal que Yves Saint Laurent se enamorara de este lugar. Lo visitó durante su primer día en Marrakech, a finales de los ’60 y desde entonces el país se convirtió en su segunda casa. Lo compró, bastante abandonado, junto a su pareja Pierre Bergé en 1980.

Yves Saint Laurent con Marian McEvoy, futura editora de Elle Decor, en Marrakesh (1977) Fondation Pierre Bergé -Yves Saint Laurent/Guy Marineau

Yves Saint Laurent con Marian McEvoy, futura editora de Elle Decor, en Marrakesh (1977) Fondation Pierre Bergé -Yves Saint Laurent/Guy Marineau.

Desde entonces la variedad de especies se ha triplicado, se instalaron equipos de riego automatizados y se encargó a un equipo de veinte jardineros que rehabilitasen Villa Oasis.

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faire du jardin Majorelle le plus beau jardin, celui que Jacques Majorelle avait pensé (Yves S. Laurent)

Esa era la idea del modisto francés, llevar a cabo el sueño inacabado del pintor Jacques Majorelle, un joven que llegó a Marruecos por problemas de salud y encontró en los colores del país su fuente de inspiración. En los años ’20 y en varias compras se hizo con el terreno para construir su taller-estudio y su jardín botánico, encargado a su amigo, el arquitecto francés Paul Sinoir. Un edificio art decó en un azul intenso que Majorelle decía haber visto en sus viajes al Atlas.

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Tuvimos suerte, era muy temprano y había poquita gente, pudimos recorrer los caminos rodeados de bambú entre los que apenas podía verse el cielo, ver cactus gigantes y las preciosas bouganvillas que siempre me recuerdan a mi madre. Un auténtico paseo de los sentidos con olor a jazmín, y el sonido de los pájaros y el agua.

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No entramos en el museo, pero sí una pequeña sala que me fascinó. La Galerie Love en la que hay expuestos unos cuadros de Yves S. Laurent, tipo collage inspirados en Matisse.

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Dejamos el lugar súper relajados, caminando hacia la medina comentábamos la pena de Majorelle, quien tras varios accidentes de coche se vio obligado a vender su sueño y volver a su Nancy natal, donde está enterrado. Las que sí están son las cenizas de Yves Saint Laurent, una columna romana (encontrada en una playa de Tánger) sobre una piedra del color típico de Marrakech recuerdan al modisto.

Y así hablando nos vimos en el lío del zoco, intentando que no se nos notase demasiado qe queríamos comprar y evitando las invitaciones a las tiendas de mil colores. No recuerdo cuántas horas estuvimos así, ni cuánto tiempo pasamos compartiendo té y negociando por primera vez. La tetera nos la llevamos, resultó mala y cara pero el buen rato en aquél bajo lleno de alfombras, cerámicas y babuchas fue de los mejores del fin de semana. Entre fotos de nuestro anfitrión con famosos y sorbos de té me atreví a preguntar y a hablar de política, de la omnipresente figura del rey Mohamed VI, del exagerado ofrecimiento de drogas por la calle en un país que penaliza tanto su consumo como su tráfico…Solo me faltó un tema, hablar de las mujeres, pero ante mis preguntas él gesticulaba con una media sonrisa, como un pasapalabra del que no quería salir.

Comimos muy rico, barato y mucho, creo que es de los países en los que más como, ensaladas, cuscus de verduras y batidos y zumos de frutas que merecen un capítulo aparte. Marrakech 38

Y seguimos callejeando hasta que encontramos una herboristeria que desde entonces es otra de nuestras visitas obligadas. Remedios para todo, dime que te duele y seguro que hay unos polvos, piedras, raíces o ungüentos que lo solucione. Muchas risas, más té, fotos, regalos y abrazos que prometían una siguiente visita.

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Al atardecer, en los alrededores de la Koutubia algunas parejas aprovechaban las sombras totalmente ajenos al bullicio y algarabía de la plaza. Los corros para jugar a atrapar la botella eran los más numerosos y los trabajadores de los puestos de comida concursaban en conseguir clientes mediante el mejor halago, frase simpática o sencillamente agarrándote de un brazo para llevarte a su mesa.

Así fue como apareció nuestro primer amigo en la ciudad roja, Younes, un amor de chico siempre sonriente. Gracias a él conocimos la cara más joven de Marruecos. Una población muy numerosa y con muchas ganas de aprender y destruir estereotipos.

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Dos días no eran suficientes, y me despedí sabiendo que era un hasta luego. Con mucho sueño, cuando el avión despegó se me escaparon algunas lágrimas, me daba una pena tremenda irme.

En ese viaje cambiaron muchas cosas. Yo descubrí un país que quería seguir conociendo. En mi mochila, la ropa regalada dejó espacio a los olores y sabores nuevos, especias indispensables ahora en mi cocina, música bereber y la llamada de oración grabada, pulseras de cuero, babuchas, fulares…Y todo lleno de color.

Mi libreta tampoco era la misma. Contaba muchas sensaciones nuevas, mis primeras impresiones en un país musulmán, las cosas que no me habían gustado, las preguntas que surgían por el camino y las que me había quedado sin hacer, los nombres complicadísimos de pronunciar de la gente que habíamos conocido… Pero además había una letra que no era la mía.

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Yo soy muy de mis pequeñas cosas y esas líneas y dibujos, surgidas de forma natural mientras disfrutábamos de un café viendo la plaza, fueron las primeras de muchos diarios de viaje que a partir de entonces haríamos juntos.

Quería seguir descubriendo Marruecos, me había enamorado, aunque eso lo sabía antes de viajar. Lo que no estaba en mis planes, era que de mi compañero de viaje también.

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9 Comments

  1. Creo que es el primer post que te leo tan, tan, tan,… “especial”.

    Realmente Marrakech fue el marco de algo más que me encanta como expresas.

    Saludos Viajeros del Sur

    • Maruxaina dice:

      Pues sí, la verdad es que me ha costado horrores publicarlo. Pero creo que sino no se entendería mi relación con Marruecos…
      Tenemos una visita pendiente juntos. Lo sabeis!
      Un beso grande 🙂

  2. Maruxaina me ha encantado tu post…porque le has puesto mucho sentimiento. Los lugares no son simplemente lugares y a este Lo hiciste más especial.
    Gracias.
    Espero algún día poder estar por allí. Ojalá que sea pronto.
    Sé que me espera…
    Beso grande
    Lilián Viajera

  3. Me ha encantado tu post. Espero algún día poder conocer Marruecos. Un saludo

  4. Cristina dice:

    Me gusta como transmites tu paso por esta ciudad marroquí. A mi me parece muy atractiva… pero demasiado turística, tanto que los habitantes se lo saben y muchas veces abusan de confianza cuando no se la das.
    Por cierto…¡¡¡conozco esa herboristería!!! Es fantástica, desde los colores al aroma. Y de esos lugares donde sabes que te tratarán bien y te mimarán.
    Un abrazo

  5. Me has hecho recorrer las calles de Marrakech y sentir su bullicio, sus colores y sus olores!! La verdad que lo mejor es dejarse llevar por los puestos del zoco, “jugando” con los vendedores, charlando alrededor de una taza de té. Gracias por descubrirnos también el Jardín Majorelle, un pequeño oasis en la ciudad. Un saludo

  6. Alejandro dice:

    Se nota que es un lugar muy especial para vos, realmente pude sentir con tus palabras los sonidos y colores de Marrakech, lugar de Marruecos que aún no conozco y que en varias oportunidades (esta incluida) siento que debo remediar urgentemente.

    Gracias por compartir.

  7. Alma dice:

    Cuantos recuerdos, con ganas de volver, muy bueno y ameno tu post

  8. Esta claro que Marrakech inspira, y mucho. El golpe de sensaciones que produce y que va más allá del simple regateo y del acecho de sus comerciantes. Si te dejas llevar, encuentras una ciudad fascinante.

    Tu post me recuerda bastante al mio, en la línea de que hablamos desde dentro. Preciosa la foto de las manos Maru!

    Eva

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