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Sí es cierto eso que dicen de que da igual el destino si la compañía es buena. Esperaba el encuentro con los compañeros de Tu Blog de Viajes sin importarme demasiado dónde nos juntaríamos. Pensaba que nuestra estancia en Marrakech iba a ser difícil de superar, hasta que llegó una idea que me enamoró: viajar a Narbona en tren. Mi transporte favorito y Francia, un país que no me canso de descubrir, serían los protagonistas de un fin de semana lleno de buenos momentos.

 
 

Dos horas separan Barcelona de Narbona o Narbonne, un agradable viaje en tren que ha hecho que la ciudad sea ya la 5ª del país más visitada por los españoles. Situada en la región de Occitania, es vecina de la muy conocida Carcasonne con la que comparte el río Aude. Ambas poblaciones fueron enemigas en el pasado por la persecución que desde el arzobispado de Narbona se hizo contra los cátaros, protegidos por los carcassonnais.

Actualmente, el palacio del Arzobispado alberga el ayuntamiento y es uno de los edificios más visitados de la ciudad. Desde el Torreón de Gilles están las mejores vistas de Narbona, si te animas a subir sus 162 escalones.

 
 
 

El recibimiento en Le Domaine de La Ramade fue perfecto para conocer la región y sus atractivos. Nuestro alojamiento estaba entre viñedos, lejos de ruidos, pero a sólo unos kilómetros del centro de Narbona. Tras una agradable charla y una cena en la que no faltaron ni el vino ni el queso, nos fuimos a dormir a nuestras preciosas habitaciones. Con nombres acordes al entorno (Raisin, Olive o Lavanda), están decoradas en tonos suaves invitando al descanso. A mí me ganaron con dos detalles: el servicio para poder hacerte un café a cualquier hora y una cama que parecía abrazarte al entrar.

 
 

Desperté con ganas de conocer la ciudad. Tras un rico desayuno comenzamos la visita en el Canal de la Robine, hermano pequeño del Canal du Midi. Es Patrimonio de la Humanidad y en sus 32 kilómetros de aguas es fácil ver barcos de recreo o gente paseando por sus orillas ajardinadas. Nuestro recorrido por el casco histórico incluiría la visita a la catedral, el mercado de Les Halles y el Horreum Romano. En éste visitamos las galerías subterráneas, donde los romanos almacenaban vino y grano. Una visita que me encantó y es imprescindible para conocer el pasado de Narbona.

 

Narbo Marthius, protegida del dios Marte, fue la primera colonia que los romanos fundaron en Francia. Por su situación estratégica aquí se construyó la Via Domitia, la primera calzada que comunicaba el Imperio con Hispania. Aquí se llamaría Via Augusta.
Fue el 2º puerto comercial más importante del Mediterráneo, sólo superado por el de Ostia, a 35 kilómetros de Roma. Años después, durante la Edad Media, Narbona estaba entre las cinco ciudades más importantes de Francia. El poder del arzobispado era notable, estando entre los obispos de Narbona personalidades influyentes de la época como Giulio de Médici, luego Papa Clemente VII.

 

Dejamos atrás el barrio de los Canónigos para visitar la catedral. Dedicada a San Justo y San Pastor, no está terminada pero aún así tiene el récord de ser la tercera catedral más alta de Francia. Entre sus tesoros un retablo de piedra con escenas del purgatorio, cielo e infierno, la copia de la Transfiguración de Rafael (ya que la original nunca llegó) o la colección de gárgolas del claustro, entre las que destaca la figura de una bruja.

 

 

La Via Domitia pasa justo delante del ayuntamiento pero ese día estaba tapada. Los restos de la calzada romana fueron descubiertos en 1997 y resulta increíble que sean las mismas piedras que pisó en su día Julio César. El emperador romano reunió en Narbo Marthius las legiones para continuar su avance hacia Hispania.

El Torreón de Gilles ya estaba engalanado de Navidad, un lazo gigante para sus 40 metros de altura. Hacía frío así que aprovechamos el sol en el Cours de la République, que bordea el agua del Aude. Fotografiamos el Puente Vetus, de origen romano y que recuerda al Ponte Vecchio de Florencia. Es el único puente habitado de Francia y fue reformado en la Edad Media, ocupándose los locales con negocios, de ahí su nombre actual: Pont des Marchands (Puente de los Mercaderes).

 
 

La última parada de nuestro paseo fue el mercado, Les Halles sustituyó al anterior mercado al aire libre. Construído en 1901, el edificio mitad ladrillo mitad hierro me pareció precioso, decorado con grandes fotografías en blanco y negro. Además de comprar productos kilómetro cero, también se puede comer en los bonitos puestos, pero nosotros teníamos otros planes. Una cita...ineludible.

 

En Les Grands Buffets nos recibió Louis Privat, el creador del considerado mejor buffet del mundo. Con un perfecto español nos guió por su restaurante mientras íbamos asimilando todo lo que veíamos (y olíamos). Un paraíso para los amantes del buen comer, para quiénes aún valoran una mesa bien presentada, una atención profesional y un ambiente que invita a largas sobremesas de charla.

No tiene nada que ver con el concepto cutre que tenemos de buffet, es elegante y su cocina mantiene una higiene cercana a la de un quirófano. Las copas de vino tienen precio de bodega y la fuente de langostas es una de las grandes protagonistas. Lo mejor es que la calidad de los productos es equiparable a la de sus trabajadores. Un equipo de más de cien profesionales con condiciones laborales que les permiten trabajar felices y dar un servicio de calidad. Un restaurante que es mucho más que un sitio donde sirven comida y que merece que os hable, más detalladamente, de él en otra ocasión.

 

El atardecer nos pilló llegando a la Abadía de Fontfroide situada a 14 kilómetros de Narbona. Oculta por la naturaleza como era costumbre, tan solo una cruz de hierro en lo alto señalaba la cercanía de esta maravilla cisterciense. La música y la iluminación ambientaron una visita con una guía súper maja, conocimos las zonas donde vivían los monjes, la epectacular iglesia o el claustro. Éste es uno de los más bonitos que haya visto, si hubiésemos tenido cámaras con carrete allí se habrían terminado.

Fontfroide fue un centro muy importante durante la lucha contra los cátaros y el modelo para construir el monasterio de Poblet. Cuando cayó en manos públicas la abadía sirvió como hospicio de Narbona hasta que fue comprada por un particular que la restauró. Pero esa es otra historia que merece ser contada otro día.

 

El día había cumplido todas las expectativas y Narbona ya estaba anotada en mi lista de Sitios a los que Volver. Pero faltaba la despedida: una velada en la bolera que incluyó un taller de cocktails, una puntería que me dejó con ganas de seguir jugando (aunque debe ser eso de la suerte del principiante) y muchas risas, bailes y sueños viajeros.

Terminaba el 3º encuentro con los compañeros de Tu Blog de Viajes, dejamos la tranquilidad de La Ramade para volver a casa. Creo que en el viaje de tren todos compartíamos dos ideas: vernos con más frecuencia y volver a disfrutar de Narbona. Un destino que aumentaba mi amor por Francia, a donde acudimos cada año por sus festivales de música. Un país donde el arte del buen vivir es llevado a la práctica. Sin necesidad de grandes lujos, cuidando los detalles, valorando su patrimonio y disfrutando de cosas tan sencillas como una copa de vino viendo el atardecer.

 

Merci beaucoup: Julie et tout l'équipe de Domaine de La Ramade, Le Fournil de Gilles (la Calina est dejà disparu le première jour á la maison!), Virginie et l'Office de Tourisme de Narbonne, Emma y Sr. Privat de Les Grands Buffets, Olivia de Abbaye de Fotfroide, Private Bowling Pub, Marc Mora de Barbershop BCN et le grand équipe de Tryptic Comunicació, pour un week-end parfait. A bientôt!.

 
 
 

13 Comments

  1. Kris dice:

    Entre mi viaje a Toulouse y ahora este post tuyo a Narbona estoy comprobando que el sur de Francia tiene mucho atractivo. Y que acumula cosas grandes. En la ciudad rosa la iglesia románica más grande del mundo, y gracias a ti descubro que en Narbona está la tercera catedral más alta en tierras francesas. Si es que a veces se nos olvida, pero el sur, también existe.
    Un besazo

    • Maruxaina Bóveda dice:

      El sur esconde un montón de sorpresas y de lugares con historia. Narbona te gustaría, además poder ir en tren es súper cómodo. No dejes de visitar la abadía de Fontfroide, es preciosísima. Un abrazo guapa!!

  2. Bueno! Menuda fiestuki que os montásteis. Curiosamente nosotros la visitamos hace poco. Sin embargo, era festvo en Francia y no pudimos entrar en varios de los monumentos. Me encanta poder visitarlos ahora ni que sea a través de tus fotografías.
    La verdad es quie la ciudad merece la pena y está muy cerquita de Barcelona y bien conectada tanto por tren comom por carretera.

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Sí, seguí vuestro viaje, pena que no hubiésemos coincidido!Con lo que te gusta a tí la historia vas a tener que volver para visitar esos monumentos pendientes 😉
      Un abrazo mon ami!!

  3. Unmundopara3 dice:

    Que Chuli el post amiguita, describe estupendamente lo mucho que aprendimos y disfrutamos de Narbona, sin olvidarse de todo lo que comimos. Comparto contigo ese amor por Francia, es maravillosa!
    Bicos!!

  4. Patri dice:

    Ay qué genial esa visita a Narbona, qué bien lo pasamos y cómo me sorprendió, la ciudad tan bonita, su pasado romano y lo preciosa que era la abadía 🙂 y cómo nos pusimos en le grands buffets ja ja ja a ver si repetimos prontito y nos volvemos a ver besazooos

  5. Laura dice:

    Hola, muy buena tu descripcion! Voy a hacer una parada de 3 hs en narbonna, camino a toulouse, sabes si hay donde dejar las valijas en la estacion de tren? Gracias!

  6. Fernando dice:

    Conozco poco Francia, pero esta claro que el sur es un destino a descubrir. Muy chula la foto del interior de la catedral y el buffet pinta muy bien. Espero que os veáis con mas frecuencia para que nos contéis más viajes como este. Un saludo

  7. ¿Qué decir? Me encanta Narbona y pude conocerlo cuando viví en Francia… sin embargo son esos sitios a los que siempre se quiere volver. ¡Veo que lo han pasado hermoso! El post contagia la magia que has sentido en esta breve pero cálida estadía allí….

  8. Qué recuerdos! Estuve en Narbonne hace muchos años. Vaya viaje tan chulo que hicisteis, la verdad que es una ciudad muy bonita con una catedral preciosa y muy bien comunicada en tren.

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