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Paris a pie. Tres días por la capital francesa.
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Pues sí, Turquía tiene mucho más que Estambul, así lo descubrimos en nuestro viaje de algo más de diez días por el país. Los dos primeros pasados por agua en la capital, así que cogimos la mochila y nos subimos a un autobus durante toda una noche en dirección a Pamukkale, un curioso, precioso, llamativo y espectacular sitio.

Pamukkale, o Castillo de Algodón en turco, está en la provincia de Denizli (Turquía) y es una formación calcárea, uno de esos fenómenos de la naturaleza que sólo se da en este lugar y en Huanglong (China). El agua del valle de Menderes, en el que se encuentra, está compuesta de minerales como el calcio y la creta (de color también blanco) y su continuo discurrir ha ido formando una especie de piscinas naturales, como terrazas o escalones a lo largo de 2 kilómetros y medio y con una altura de 200 metros.

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El viaje a pesar de ser largo fue de los mejores que he tenido en autobus, la compañía con la que nos movimos también se llama Pamukkale, los billetes no son caros, cumplen los horarios y el servicio es de 11 sobre 10. Los asientos son comodísimos, pantallitas para ver pelis o jugar, camarero a bordo (con uniforme de chaleco y pajarita incluido) que te ofrece cada dos por tres galletitas, zumos, sanwiches… y todo incluido en el precio. En la vida vi algo igual en un bus.

LLegamos a Denizli sobre las 7 de la mañana, hacía frío y medio lloviznaba, teníamos que esperar algo más de una hora para ir en una minivan (dolmus) hasta Pamukkale así que entramos en la estación. A pesar de la hora, había varios locales abiertos, el rollo del kebap ya daba vueltas y de las tarteras salían unos olores increíbles, aprovechamos para desayunar una Lentil Soup, lo más rico que probé durante el viaje, a esas horas mañaneras debíamos estar de foto con nuestra cuchara sopera llena de lentejas, pero qué bien nos sentó y como dice el refrán: donde fueres…

Tras unos 20 minutos de viaje, la furgoneta nos dejó delante de lo que parecía la agencia de viajes del lugar, en seguida unos chicos se nos acercaron para ofrecernos excursiones, alojamiento, coche…

Alrededor parecía no haber mucho más así que aceptamos su invitación a un café y nos quedamos un rato charlando mientras uno de ellos llamaba a su tío, que por lo visto tenía hotel con pool y nos vendría a buscar encantado. El hombre que llegó solo hablaba turco y era muy serio, pero transmitía mucha tranquilidad y confianza. El hotel resultó ser su casa y la piscina un rectángulo de cemento con agua verde que te quiero verde. Pero la habitación estaba muy bien, entendimos que el desayuno estaba incluido y la vista era preciosa así que decidimos quedarnos.

Soltamos mochilas, nos dimos una ducha y salimos sin tener ni idea de hacia dónde, para variar no teníamos plano y estábamos en una zona que perfectamente podría ser una aldea gallega: casas con huerto, señoras con delantal y pañuelo, gallinas y demás animales de granja, ¡estábamos como en casa!

Ni un turista a la vista (¡¡¡bieeen!!!), la gente con la que nos cruzábamos nos iba indicando, sin que nosotros les preguntásemos, con gestos en dirección a la carretera principal. Allí había un par de tiendas de souvenirs y en frente el acceso peatonal, con una pequeña garita en la que un señor uniformado como un guardia vendía los tickets de entrada (hay otro acceso en la zona alta del valle, donde llegan los autobuses turísticos). También había una zona con piscina, tumbonas y chiringuito incluido, pero estaba cerrado, imagino que abrirá los meses de verano.

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Entrada peatonalMientras hacíamos unas fotos de la entrada, llegaron los que serían los únicos visitantes además de nosotros, la verdad es que cuando los vi me quedé algo perpleja, por un momento pensé si sería parte del decorado e irían disfrazados. Y claro, no pude resistirme y tuve que ir a preguntarles el motivo de su curiosa vestimenta.

alemanesNo entendí bien la explicación que me dieron (otra vez el no saber alemán), así que agradecería que si alguno de quienes leeis esto, conoce algo más me lo cuente por favor… Se trata de estudiantes de arquitectura que se dedicaban a viajar por el mundo para estudiar, visitar y analizar en directo las obras arquitectónicas más importantes o en este caso, fenómenos naturales como Pamukkale. Creo que la experiencia duraba un par de años y tenían que ir así vestidos, con unos trajes negros que parecían pesar un montón, sus pantalones súper acampanados y unos sombreros súper chulos, porque los reconocía como miembros del grupo al que pertenecen.

Me quedé con ganas de hablar más con ellos pero temíamos la llegada de los autobuses de turistas, así que nos despedimos y comenzamos a subir hacia el Castillo de Algodón.

Cuando terminó el camino de piedrillas ya estábamos descalzándonos. Quería sentir cómo era, parecía nieve pero sin ser tan fría, era suave, el agua estaba mezclada del blanco de los minerales, podías deslizarte como patinando a riesgo de caerte porque resbalaba pero la sensación era tan buena que no podías no hacerlo, los primeros minutos fue cómo cuando ves la nieve por 1ª vez .

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A principios del siglo  XX, se convirtió en un gran destino turístico, se construyeron hoteles sin control y hasta era posible bañarse en las piscinas naturales. Las autoridades se dieron cuenta del daño irreparable que se estaba produciendo y  decidieron demoler los edificios hoteleros y prohibir el baño. En 1988 el lugar fue declarado Patrimonio de la Humanidad lo que ayudó a mejorar su conservación.

La gente acudía guiada por sus propiedades supuestamente embellecedoras, cuenta la leyenda que una joven se suicidió tirándose a estas aguas porque era tan fea que nadie quería casarse con ella, pero no murió sino que salió convertida en una mujer guapísima. Casualmente paseaba por la zona un noble de Denizli quién al verla  no dudó en casarse con ella y establecerse en el lugar.

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También los griegos escribieron sobre este lugar, al descubrir sus aguas termales de 35 grados, les atribuyeron propiedades curativas y terapéuticas, convirtiéndose en lugar de peregrinación y de vacaciones para las clases más acomodadas. Allá por el año 180 a.c, fundaron una gran ciudad helenística, Hiérapolis, convertida en urbe romana después y casi destruida por un terremoto en 1354.

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Y cómo no, apareció el canciño de turno que nos acompañó durante el resto de la visita.

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Llegamos a la parte alta del valle, desde donde se podía ver todo el pequeño pueblo y la carretera de unos 3 kilómetros que daba acceso a la otra entrada.

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El parking ya estaba ocupado por autobuses, decenas de turistas, sobre todo asiáticos, hacían grupos para entrar siguiendo a sus guías. Era el momento perfecto para terminar nuestra visita, nos acercamos a la tienda oficial, pero salimos como entramos…todo carísimo y nada original.

Nos llevábamos lo mejor, un paseo precioso por un lugar único, una experiencia nueva y unos pies suaves suaves (los griegos no podían equivocarse…)

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Y la sorpresa al descubrir que detrás de todo aquello estaba la Hierápolis, que visitaríamos al día siguiente y que reafirmaría mi idea de que Turquía no es sólo Estambul.

 

 

 

 

 

 

 

6 Comments

  1. viaxadoiro dice:

    ¡Hola! No he podido evitar investigar un poco sobre esos “hombre de negro” y aquí están mis averiguaciones.Se les conoce como journeyman en inglés (en alemán no sé ni escribirlo…) y el viaje que realizan sería el “Journeyman years”
    Con esto en la wikipedia ya encuentras un montón de información.Yo no había oído nunca hablar de ellos pero más o menos es lo que tu cuentas: es una costumbre nacida en la edad media en Alemania y Francia, cuando los aprendices viajaban con sus maestros durante años para aprender un oficio.Ahora viajan durante un par de años aprendiendo cosas e “interiorizando” su oficio en un viaje que llaman “waltz” ¿te suena la canción australiana “Waltzing Matilda” ?pues parece ser que tiene que ver con esto…

  2. Ya sabía yo qué podía contar con vosotros !!!
    Muchísimas gracias , estoy escuchando la canción y sí la conocía pero ni idea , qué bueno chic@s ….
    Voy a investigar más 🙂
    Feliz domingo !!!

  3. […] , con Indiana Jones incluido y alucinamos cuando nos fijamos en la decoración  : pinturas de Pamukkale , Capadoccia , amuletos de ojos por todas las paredes … ¡¡ estábamos en Turquía […]

  4. susana dice:

    HOLA, QUÉ HERMOSA EXPERIENCIA, muy lindo el comentario,al leer te da la impresión de estar acompañándolos a ustedes , buenísimas las fotos realmente es increiblemente bello el lugar gracias por los detalles de todo el itinerario HERMOSAS FOTOS SALUDOS CORDOBESES SUSANA

  5. […] Y en aquellas callejuelas nos cruzamos con unos journeyman, que quedaban perfectos con sus típicas vestimentas. Conocimos a dos en Pamukkale y después gracias a los chicos de O Viaxadoiro nos enteramos de su historia. […]

  6. […] la ilusión de estar más cerca del Castillo de Algodón, nos quedamos dormidos mientras fuera empezaba de nuevo a llover, como si desde arriba alguien se […]

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