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Paris a pie. Tres días por la capital francesa.

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Sólo teníamos tres días y el clima era estupendo en mayo, así que decidimos organizarnos para conocer Paris a pie.

Descartamos museos y lugares cerrados para un próximo viaje e incluímos nuestros imprescindibles. El Mercado de las Pulgas y el cementerio Père-Lachaise eran dos de los sitios que más ganas tenía de visitar en nuestro primer viaje a la capital francesa.

 

No tuvimos demasiado tiempo para preparar el viaje ya que los billetes los compramos con menos de una semana de antelación, al encontrarlos por menos de 20 euros por persona.

Existen varios aeropuertos en París: el más importante es Charles de Gaulle, a unos 20 kilómetros de la capital, Orly a 14 kilómetros y Beauvais, el más lejano (75 km) en el que operan las compañías low cost (Ryanair y Wizzair).

El aeropuerto de Beauvais es pequeño pero cuenta con un puesto de información turístico y servicio de autobús hasta Porte Maillot. Hasta el centro de París el trayecto tarda unos 80 minutos y cuesta unos 15 euros. Otras opciones algo más caras son el taxi o las lanzaderas (shuttles). El tren no es muy aconsejable ya que no hay un servicio directo y es necesario ir en taxi hasta Beauvais y de allí coger el tren para París.

 

Nuestra opción fue el autobús, nos dejó justo donde está el Palacio de Congresos y el Hotel Lafayette. Allí comienza la Línea 1 de metro desde la que nos desplazamos al hotel. Lo habíamos reservado por internet unos días antes, guiados por la ubicación y los comentarios favorables. El Hotel Le Faubourg, resultó ser un pequeño edificio de 3 plantas en un barrio con muchas tiendas y negocios, sin lujos pero perfecto para movernos por la ciudad.

Empezaba una escapada a París, una ciudad que hasta entonces se nos había resistido. De esos destinos que uno casi ya conoce de tanto que ha visto, leído y escuchado de la que es para muchos la ciudad del amor.

Nuestro recorrido a pie por la capital francesa haría que conociésemos la mítica Torre Eiffel o que paseásemos por las orillas del Sena, encontrando de casualidad la casa donde vivió Voltaire.


 

Primer Día: Sábado.

 

El sábado amaneció muy buen día, bajamos temprano a desayunar y fuimos caminando hasta el Arco del Triunfo, las grandes avenidas hacen que sea bastante fácil guiarse con el callejero. Boulevares como Voltaire o Sebastopol fueron diseñados por encargo de Napoleón III, éste quería una ciudad más despejada y ordenada, para evitar que se repitiesen disturbios como en el pasado. Era más sencillo montar barricadas en las estrechas callejuelas de viejos barrios por lo que éstos fueron destruidos.

Hausmann, barón prefecto del Sena, fue el elegido, ocupándose además de la iluminación pública y mejorar el alcantarillado. Hoy en día, el boulevar que lleva su nombre es considerado por algunos como la meca del shopping, con grandes almacenes y galerías comerciales como la famosa Lafayette.

Lo genial de callejear es que puedes encontrarte con un concierto en el escaparate de un comercio y esta curiosa y musical decoración del edificio.


 

Pronto nos encontramos ante uno de los símbolos de París. El Arco del Triunfo empezó a construirse en 1806 para celebrar la victoria de Napoleón en Austerlitz. Pero tardó más de lo previsto y no será hasta treinta años después cuando se termine. De hecho durante la entrada en la ciudad de la emperatriz María Luisa (1810) se colocaron unos telones pintados para dar la impresión de que estaba terminado.

Destaca por sus dimensiones: 50 metros de alto por 45 de ancho, el mayor arco del mundo, y por sus esculturas que representan grandes hechos del imperio napoleónico.

En sus caras internas están inscritos los nombres de generales del imperio y desde 1923 arde la llama del recuerdo sobre la tumba de un soldado no identificado (cada tarde a las 18 :30 se celebra una ceremonia en la que se reaviva la llama).

Situado en la Place de l'Étoile, la entrada es de pago (casi 10 eur), pero el primer domingo de cada mes es gratuita. Abre a las 10 am y cierra 22,30 – 23. Desde arriba hay unas bonitas vistas y cuenta en su interior con un pequeño museo que exhibe documentos y recuerdos de la construcción del Arco.

 

Desde allí nos dirigimos hacia la Basílica de Sacré Couer (Sagrado Corazón) y a medio camino nos detuvimos en el precioso Parque Monceau, en el Boulevard de Courcelles. De estilo anglochino, muy de moda en el siglo XVIII, contaba con construcciones de todas las épocas y estilos. Así encontramos un templo romano, molinos holandeses o una pagoda, ya que el duque de Chartres quería un lugar único. Actualmente es muy frecuentado por familias, corredores y patinadores, tantos que están pensando limitar su entrada.

La Basílica es sin duda uno de los lugares más turísticos de París y está situada en el barrio de Montmartre. Puede subirse en funicular pero nosotros lo hicimos a pie.

Había muchísima gente y optamos por no entrar y sentarnos en las escaleras, para reponernos de la subida y del tremendo calor que hacía. Está en lo alto de una colina, y destaca por su arquitectura romano–bizantina y su mosaico de 475 metros cuadrados. Éste es uno de los más grandes del mundo y representa al Cristo crucificado. Los que se atrevan podrán subir los 300 escalones para llegar a la cúpula y obtener una vista de 360º de París (tanto la cúpula como la cripta tienen entrada de pago).

Los alrededores de Sacré Coeur están llenos de tiendas de souvenirs, algo más económicas que en otras zonas. También hay muchos lugares para comer o beber algo en las terrazas. Es el bonito barrio de Montmartre, el monte del mártir, así llamado porque San Denis (primer obispo de París) fue decapitado por los romanos en esta colina. Según la leyenda, anduvo seis kilómetros con la cabeza bajo el brazo (la actual Rue des Martyrs) hasta que se encontró a una mujer y tras entregársela se desplomó, en ese lugar se levantó la basílica de Saint Denis.

Montmartre fue una población independiente hasta 1860 cuando pasó a ser otro distrito más de París. Numerosos artistas fueron instalándose en él, convirtiéndose en el barrio bohemio más conocido de la ciudad.
Erik Satie era el pianista de Le Chate Noir, Pissarro pintaba el Boulevar de Montmarte y Van Gogh se trasladaría allí para vivir con su hermano Theo.

 

Volvimos al hotel a dejar algunas tonterías que habíamos comprado y tras una reconstituyente ducha salimos de nuevo. Nos acercamos al edificio de la Ópera, el Palais Garnier, que inspiró la obra El Fantasma de la Ópera.

Anochecía y estaba iluminado lo que lo hacía más bonito aún. Es un edificio que mostraba el lujo y la riqueza del pasado: una gran escalera de mármol blanco, vestíbulos decorados con mosaicos o una balaustrada de mármol verde y rojo. Napoleón III escogió a Charles Garnier entre más de 170 proyectos presentados y en su construcción participaron más de setenta escultores y quince pintores.

No nos acostamos muy tarde ya que nos esperaba un domingo de mercadillo y eso requería recuperar fuerzas. Tras cenar en un bonito restaurante italiano volvimos al hotel dando un agradable paseo y no tardamos en dormirnos.

 

Segundo Día: Domingo.

 

No podíamos irnos de París sin visitar el Mercado de las Pulgas (Marché aux puces) de Saint Ouen, fuimos en metro hasta la Porte de Clignancourt. Una vez allí nos vimos entre más de 3000 mil puestos, de hecho este mercado parisino es uno de los mercadillos más grandes de Europa.

Su origen es de finales del siglo XIX, cuando prohibieron a los traperos vender en la ciudad y los alejaron a las afueras de París. Actualmente puedes encontrar de todo: discos, muebles, ropa, juguetes o postales antiguos...Un paraíso de tiendas con mucha personalidad, obligada visita para los amantes de los rastros, curiosos y cazadores de tesoros.

 
 

Podría haberme quedado allí todo el día (y algunos más también) pero nos quedaban poquitas horas. Tenía pendiente la otra visita obligada del viaje: el Cementerio de Père Lachaise, donde está enterrado mi querido Jim Morrison.

Ya a última hora de la tarde, nos acercamos al símbolo turístico de París por excelencia: la Torre Eiffel. Tuvimos la gran suerte de que justo al llegar empezaba a iluminarse. Había muchísima gente haciendo fotos, la cola para subir era infinita y no pasaban dos minutos sin que nos ofreciesen todo tipo de souvenirs.


La Torre fue construida en tiempo récord (1887-89) para la Exposición Universal, que coincidía con el centenario de la Revolución Francesa. Personalmente es un monumento que no me transmite demasiado, quizá el hierro es un material demasiado frío para mí.

Como curiosidad se cuenta que durante la ocupación nazi, se cortaron los cables del ascensor, para que Hitler tuviese que subir a pie los más de 1600 escalones si quería disfrutar de sus vistas.

Puede llegarse sin problema en metro (líneas 6 ,8 ,9) y una vez allí visitar también el Campo de Marte (Champs de Mars), el Muro de la Paz y cruzando el Sena, los Jardines de Trocadero. Lugares realmente atractivos para alejarse del bullicio que siempre hay bajo la torre.

En esa misma zona, puede visitarse Los Inválidos, antiguo palacio residencia para soldados retirados y lugar donde se encuentra la tumba de Napoleón. Nosotros no fuimos por falta de tiempo pero está considerado uno de los monumentos principales de París. La entrada es de pago, abre a las 10 de la mañana y cierra a primera hora de la tarde.

Tercer Día: Lunes.

 

Teníamos medio día para aprovechar antes de coger el vuelo de regreso a casa. Nos lo tomamos con calma, bordeamos el río hasta llegar al Pont Neuf. Es el puente más largo y antiguo de la ciudad, el primero en construirse en piedra y en cruzar el Sena en toda su anchura.

Y lo bueno de callejear es que encuentras lugares sin querer. En esa ocasión fue la casa donde nació Voltaire, en una de las orillas del río.


 

Llegamos hasta Notre Dame una de las catedrales góticas más antiguas del mundo, reconocida por su dos Torres de casi setenta metros de altura.

Este templo católico fue el lugar escogido por Napoleón para su coronación y también el escenario de la beatificación de Juana de Arco. Es precioso el órgano, los detalles de cada gárgola y el campanario donde vivió el mítico Jorobado de Víctor Hugo. La entrada es gratuita, salvo para subir a las torres o entrar en la cripta, y hay visitas guiadas en español gratis.


 

Atravesando el Pont D'Arcole, la siguiente parada fue en el Hotel de Ville. Un enorme y precioso edificio neorrenacentista que alberga el Ayuntamiento de París. Sufrió varias reformas, la última debido al gran incendio de 1871 que lo redujo a cenizas.

En la plaza donde se encuentra, en otros tiempos era el lugar de ejecuciones. Ahora sirve para exposiciones, una pista de patinaje o un tiovivo en determinadas fechas. Cuando estuvimos nosotros pudimos disfrutar de una feria de países y degustar productos marroquíes, hindúes o japoneses.

Es aconsejable dar una vuelta al edificio, contemplar sus más de 100 estatuas de personajes ilustres y la torre de cristal. Para los más curiosos deciros que delante de este edificio se tomó la famosa fotografía en blanco y negro de Robert Doisneau, El Beso.


 
 

Y siguiendo la Rue de Rivoli, nos encontramos con una de las muchas esculturas que hay en Francia de Juana de Arco. Realizada en bronce por Emmanuel Frémiet 1874 es de las más bonitas que he visto de ella.


 
 

Llegamos a la Place du Carrousel, donde se encuentra el Museo del Louvre. En este viaje habíamos decidido no entrar en los museos pero igualmente nos acercamos a ver el Arco del Triunfo del Carrusel. También de Napoleón, este arco es característico por tener en lo alto una cuádriga de bronce, los caballos fueron parte de uno de sus botines, esta vez de la Plaza San Marcos de Venecia.

El Palacio del Louvre fue un castillo en su origen (siglo XII) y estaba unido al Palacio de las Tullerías hasta que éste fue destruido en 1870. Se abrió por primera vez en 1793 a todos los ciudadanos como museo, a diferencia de la Galería Uffizi o el Prado, donde sólo podía acceder el público culto.

Dar un paseo por su exterior es recorrer la historia con más de setenta esculturas de pintores, arquitectos, poetas o filósofos como Montesquieu o Rousseau. En los años '80 se moderniza el edificio y se añade la conocida Pirámide de Cristal como nueva forma de acceso al museo para los visitantes.


 
 

Aquí terminaba nuestro fin de semana en París. Rodeados de una excursión que esperaba para entrar en el museo, nos despedimos de una ciudad que tiene muchísimo para ver, así que sin duda volveremos.


 

7 Comments

  1. Nosotros estuvimos 3 días y medio y pateamos de lo lindo. Fue un viaje muy bonito porque lo hicimos en nuestro coche tras coger el ferry en Gijón, aunque he de reconocer que me puse nerviosa cuando entramos en París, menos mal que no había mucho tráfico y no tuvimos que hacer la rotonda del Arco del Triunfo XD

  2. Qué bueno Vero , no conocía esa opción , ferry de Gijón a …?
    Lo de conducir por París… ni me lo plantería !!! Menudo valor 😉

  3. Artabria dice:

    De Gijón a Saint Nazaire, muy cerquita de Nantes 😉

  4. Buen itinerario y paliza os distéis je je je qué bonito París, una de mis ciudades favoritas, por supuesto Père Lachaise me enamora, como el resto de cementerios de París aunque ese es el más famoso, lo que no conozco es el Mercado de las Pulgas, tiene buena pinta y además me encantan los mercaditos, si es que París es tan grande que es imposible verlo todo de una vez ¡para la próxima!
    Y si me dejas dos recomendaciones para tu próxima vez que creo que te pueden gustar es Chateaux Rouge, el barrio africano detrás del Sagrado Corazón y la Sainte Chapelle, muy cerquita de Notre Dame en la misma isla, las vidrieras góticas son las más bonitas que he visto en mi vida.
    Un besazo

  5. Gaolga dice:

    Que bonita epoca para andar a pie por Paris! imagiante que parte del itinerario de a pie lo hice en pleno diciembre, hacia un frío!! fui a Paris como si no hubiera mañana haha y claro uno de los primeros lugares que vi: el Pere Lachaise al cual iba buscando a Jim!

    Saluditos!

  6. Menudo recorrido, la verdad es que en tres días exprimisteis París.
    Yo, si no llueve, suelo recorrer la ciudad del amor en bicicleta, las púbicas son bastante seguras y muy económicas
    Acabas igual de casado pero recorres un pelín más 😉

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