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Saintes una parada en el camino (Francia).

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Conocimos Saintes de la forma más casual. Entre estos pueblos elige uno me dijo Raúl pasándome la lista de paradas del tren Nantes-Bordeaux.

Cargada con la mochila, con una falta de sueño enorme y ganas de salir de Clisson, cogí la lista. Mi primera opción fue Rochefort, todo lo que tenga que ver con queso siempre gana, pero tras consultar los alojamientos y ver que era carísimo lo descartamos. Dije Saintes como podía haber dicho Jonzac aunque no creo, suena a medicamento.

Así fue como dejamos atrás Nantes para llegar, casi tres horas después,a donde pasaríamos nuestra última noche en Francia. Necesitábamos una buena cama y una buena ducha después de tres días de festival, a treinta grados y con conciertos desde las 10 de la mañana.

Las vistas desde el tren eran preciosas, no viajaba mucha gente y como es habitual en los trenes franceses, el silencio era absoluto. Esta vez sí fotografié las pegatinas que indican dónde puedes usar el móvil y dónde no. Pensando en enviárselas a Renfe a modo de sugerencia positiva.

 

Saintes pertenece a la región de Poitou-Charentes, en el suroeste de Francia. Zona conocida por el cognac y lugar de nacimiento de Guillotin, sí, el inventor de la guillotina.
En la cercana costa hay pequeñas islas, como la preciosa Ile de Ré, y es un lugar ideal para los amantes de las piedras. Iglesias románicas y restos romanos, en cualquiera de los preciosos pueblos que forman parte de una de las rutas francesas del Camino de Santiago (via Turonensis).

 

Nuestra única compañía en el vagón era un hombre de unos 40 años que viajaba con 2 gatos de poco más de un mes y dos perros preciosos. Éstos parecían súper habituados, se metieron debajo del asiento y fueron durmiendo todo el viaje. Sin embargo los gatos se escapaban, una y otra vez, para desesperación del hombre, absorto en resolver un crucigrama.

Eran casi las 20 cuando llegamos a una estación desierta pero que nos sorprendía con unas musicales escaleras, ¡una buena señal!


 
 

Salimos al exterior e igual, ni un alma...Era exactamente lo que buscabamos, un lugar tranquilo, sin tráfico, sin ruido. Justo a nuestra izquierda estaba el hotel que horas antes habíamos reservado. Entramos y el detalle del timbre de recepción, el de toda la vida, nos enamoró. No pudimos resistirnos a tocarlo y en seguida apareció un señor, luego supimos que era el dueño, quien amablemente nos dio la bienvenida, la clave del wifi (algo ya imprescindible) y nos explicó cómo llegar al casco histórico de Saintes.

La habitación no era demasiado grande pero la cama era comodísima y además en un bonito escritorio nos esperaban el mapa de la ciudad y folletos de la zona. Nuestra idea de descanso desapareció al abrir uno de ellos y ver que en Saintes se conserva un anfiteatro romano. No hizo falta mucho más, cámara, mochila y de nuevo a la calle. Se hacía de noche y al día siguiente el tren salía a las siete de la mañana así que teníamos que aprovechar el tiempo.


 
 

Siguiendo las indicaciones de Jean-Luc, el señor recepcionista del hotel, callejeamos encontrando detalles como las bonitas ventanas personalizadas, con estrellas, corazones, flores e incluso con las iniciales de los inquilinos.

Llegamos a la Avenue Gambetta, la calle principal de Saintes, donde vimos el edificio abandonado de un antiguo cine, el Olympia Palace. No pude evitar una punzada de tristeza. Siempre me da pena cuando veo un cine cerrado.

Al volver del viaje, busqué información sobre el cine y encontré estas viejas postales que nos dan una idea de lo bonito que era.

Curiosamente hoy hay que entrar en un centro comercial, para ver una película. Pero en aquellos tiempos el dueño de unos almacenes, Nouvelles Galleries, decidía apostar por lo contrario y reconvertir su negocio en algo más próspero. Lo conseguía abriendo en 1915 el Cinema des Galleries, hasta que un incendio lo destruyó 21 años después. Durante unos años funcionó dividido en salas hasta que finalmente cerró en 2007.


 

La avenida terminaba en el río con un puente lleno de flores y banderas (Pont de Palissy) y otro de los elementos que encontramos en la mayoría de los pueblos franceses: un carrusel.

El río Charente fue probablemente la causa de que los romanos decidiesen fundar Mediolanum Santonum, dejando un increíble patrimonio. El Arco Germánico, dedicado al emperador Tiberio y sus hijos, estaba originariamente en la entrada de uno de los puentes, cada uno de los arcos servía para regular la dirección del tráfico. Cuando el puente fue demolido (1843) se trasladó a donde está ahora, en uno de los márgenes del río.

No pudimos visitar el Museo Arqueológico porque ya estaba cerrado (a las 18 en verano) pero por lo que pudimos cotillear por las ventanas tiene una colección de esculturas, vajillas, inscripciones romanas que nos dejaron con ganas de volver a visitarlo.


Cruzamos el puente, había cisnes en el río y gente en las cubiertas de los yates disfrutando de la tarde, una auténtica portada de revista. Nos guiabamos por la Catedral de San Pedro, pero al llegar comprobamos que también estaba cerrada así que tuvimos que contentarnos con dar una vuelta por sus exteriores.

De la construcción original del siglo VI no queda nada, fue reconstruida varias veces y destruida por un incendio, siendo la parte más antigua la cúpula.
Los obispos de Saintes querían algo similar a la catedral de Poitiers y de hecho, al quedarse sin fondos no dudaron en vender indulgencias para poder seguir con las obras.

Durante nuestro paseo apenas nos cruzamos con diez personas y todas nos saludaban con una sonrisa. Las casas tenían las puertas abiertas y a través de las contra ventanas de madera se escapaba música, conversaciones y los ricos aromas de las cenas.

 

Siguiendo las indicaciones hacia el Anfiteatro, llegamos a la iglesia de San Eutropio. Fue construida a principios del siglo xI y Patrimonio Mundial desde 1998. Destaca por su campanario de más de 60 metros de altura, siendo una de las paradas obligatorias del Camino de Santiago.

Son muchos los peregrinos que visitan la iglesia ya que en su cripta están los restos de Eutrope. Primer obispo de Saintes y decapitado con un hacha por haber convertido al cristianismo a la hija del gobernador romano.


 
 

Sabíamos que el Anfiteatro ya estaría cerrado pero confiábamos en que poder ver algo desde el exterior. Bordeamos el recinto por un caminito de bosque y allí estaba, uno de los mejores conservados del imperio galo-romano.

 

Sus obras empezaron con el emperador Tiberio y terminaron con Claudio, tenía capacidad para casi toda la población de entonces, unos 15 mil espectadores. Con dos puertas específicas, la Sanavivaria, para los vivos y la Libitinensis, por la que salían los cuerpos que terminaban en una necrópolis cercana.

El anfiteatro está rodeado de casas y árboles, mientras hacíamos algunas fotos pasó un hombre en bicicleta y tras saludar entró en una de ellas. Me quedé mirando como una tonta pensando cómo sería abrir la ventana por las mañanas y ver aquello. Las ruinas de un lugar con mucha historia, en la que gladiadores luchaban con fieras malignas, los emperadores se dejaban ver con sus galas y el pueblo vociferaba pidiendo sangre.

 

Muy contentos con el descubrimiento romano , volvimos caminando y buscando algún sitio para cenar algo. Eran casi las diez de la noche, por lo que en Francia, y en un sitio tan pequeño, iba a resultar complicado.

En la primera parada nos dijeron que era tarde con un poco de mala cara. Menos mal que el hombre del local de al lado, se apiadó de nosotros a pesar de que ya estaba con el local recogido y casi cerrado. Eso sí: pour emporter que ya tenían todo limpio. Aprovechó para practicar su español y contarnos que había estado en Barcelona y en Jaca. Cuando le dijimos lo bonito que nos parecía Saintes, nos confesó entre risas que era demasiado demasiado tranquilo, aburrido incluso. Muy majo el hombre, barato, rápido y rico.


 
 

Agradecidos con nuestra bolsita de la cena, fuimos a sentarnos delante del Palacio de Justicia. Un blanquísimo edificio, con enormes columnas y una amplia escalinata que recordaba a los templos griegos. Qué mejor sitio para cenar, con un jardín lleno de flores de colores formando originales dibujos.

En el hotel nos despedimos ya que nuestro tren salía temprano. Era la noche de San Juan, pero en la casa vecina la celebración debía ser otra y escuchando canciones francesas sobre Napoleón me quedé dormida.


 

13 Comments

  1. Me encantan los lugares llenos de encanto como éstos, ruinas, etc… que dejan enseñar lo que pudo haber ahí. Eso de encontrarte apenas 10 personas tb es muy atractivo para mi. Relax!!! muy chulo el sitio! Saludos!!! 😉

    • Maruxaina dice:

      Nosotros lo conocimos en junio y era relax total.Lo de las ruinas ya fue la guinda perfecta 🙂
      Muy recomendable!!
      Un saludo y gracias por pasarte 😉

  2. A veces, desviarnos de la idea original de viaje tiene premio. Me encanta el ambiente que describes de la localidad y no sabía que tenía tantos restos romanos! Por cierto, no olvides enviar a Renfe lo referente al uso del móvil. Estaría genial que te escuchasen. Saludos

  3. CompassTrip dice:

    Pues la verdad he estado varias veces en Francia y jamás en Saintes, si tengo la oportunidad de pasar lo haré. Me has picado la curiosidad!
    Por cierto yo también soy de las que ve que hay algo antiguo en la ciudad y no lo duda dos veces:)
    Saludos muy viajeros!

  4. Sé ve que un lugar único, y genial porque tiene de todo!!!!
    Lo bueno y divertido seguramente fue descubrir todos los encantos que tenía este encantador pueblo guardados para vos!!
    Lo mejor son las sorpresas… impensadas!!
    Lindo tu post…!!!
    beso grande desde Buenos Aires…
    Lilián Viajera

    • Maruxaina dice:

      Muchas gracias Lilián!!!
      Tenés toda la razón, lo mejor son esos lugares de los que nada esperas y te sorprenden muchísimo 🙂
      Es uno de los tantísimos pueblecitos franceses que enamoran.
      Otro beso grande, el mío desde Galicia 😉

  5. Gaolga dice:

    Lo de las pegatinas de las caritas de teléfono, tuviste suerte XD o al menos en la región donde yo me muevo (el sureste) no las respetan para nada, y los trenes son todo menos silenciosos 🙂

    Saluditos!

    • Maruxaina dice:

      Hola Olga!!
      No? Pues me habrán tocado los silenciosos..jajaja Pero sí que es cierto que siempre me llama la atención la ausencia de gritos y coversaciones que no interesan cuando viajo en transporte público por Francia. Aunque también es cierto que la zona que comentas es la que menos conozco…tendré que investigarlo 😉
      Saludos!!!

  6. Eva Gómez dice:

    Menuda ruta hicisteis! Aunque descansarais poco, se nota que valió mucho la pena, todo lo que visitasteis es muy interesante. Me han encantado las ventanitas personalizadas 😀
    Un saludo,
    Eva

  7. Patri dice:

    ¡y sigo aprendiendo contigo de Francia! Qué bonito Saintes, me ha encantado el Anfiteatro galo romano, es increíble, y la catedral de San Pedro es una maravilla, ¡otro más para descubrir! Un besazo

  8. Jamás había oído hablar de este lugar. Lo que más me ha gustado son las ruinas del anfiteatro. Me han recordado las ruinas que visitaban los viajeros del “Gran Tour de Europa” de la época del romanticismo, en el siglo XIX. Nos descubres lugares bien curiosos!

  9. Netikerty dice:

    No conocía Saintes, aunque Francia la conozco muy poquito. Tengo muchas ganas de hacer un roadtrip por Nantes, así que puede que algún día conozca Saintes

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