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Singapur: rascacielos y prohibiciones.

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Atardecía cuando aterrizamos en Singapur, el país más pequeño del sudeste asiático, la isla que William Gibson definió como el Disneyland de la pena de muerte o el único centro comercial del mundo con asiento en la ONU.

Un país que en su momento me había llamado la atención al enterarme que prohibía mascar chicle por considerarlo una molestia en lugares públicos, debido a la conducta incivilizada de quienes los pegaban en puertas y paredes. Aunque sí se puede desde 2004 comprar los de nicotina para dejar fumar. Un país que fue obligado a ser independiente cuando fue expulsado de la Federación Malaya por motivos raciales ya que la mayoría china de Singapur era vista como una amenaza en Malasia.

 

Después de dos escalas, en Dubai y en Sri Lanka, teníamos ganas de pararnos un par de días en el mismo sitio. Pasaríamos dos noches en Singapur antes de llegar al destino final del viaje, Camboya. Tras mucho buscar, y comprobar que era un país bastante caro, elegimos el Hotel Grand U, situado a un par de calles del barrio de Little India y cómodo para conocer la ciudad a pie.

La tranquilidad que traíamos de Negombo se esfumó en cuanto entramos en el Aeropuerto de Changi. Uno de los más modernos del mundo, con muchísima gente y movimiento. Cambiamos algunos euros en dólares singapurienses (51 eur = 81,20 SGD), era la tercera moneda en tres días, así que si me llegan a dar petrodólares me hubiese quedado igual, tal era ya la empanada mental que tenía.

Estudiamos varias opciones para salir del aeropuerto y el cansancio hizo que eligiésemos la más cómoda. Ir directamente al hotel con Woodlands Transport Service (en metro hay que hacer transbordo para llegar al centro y tarda unos 30 minutos). Nos pusieron unas pegatinas azules cual borregos, esperamos unos minutos y subimos a la furgoneta con otros 8 turistas, por 18 $ dos personas.

 

Durante el trayecto lo que vi no me hizo demasiada gracia, muchas luces, neones, obras y rascacielos con infinitas ventanas. Nuestro alojamiento estaba en una zona en la que aún resistían pequeños edificios e incluso casas con fachadas descuidadas que recordaban un pasado colonial. No se veían turistas, pero sí mucho movimiento y locales de comida por todas partes, la nuestra fue la primera parada en el trayecto y quienes seguían viaje dentro de la furgoneta nos miraron con cara de ¡¡¡Pero si esto no es Marina Bay!!!

En la recepción nos atendió una señora china muy seria. Subimos una escalera enmoquetada y tras un largo pasillo encontramos nuestra pequeñísima habitación. Incluía a modo tetris: el baño, el armario y la cama (menos mal que habíamos escogido la superior pensé yo). Lo compensó un buen colchón, una mesita con cafetera y cositas para el desayuno, y el aire acondicionado porque aunque era ya de noche el calor era insoportable.

Una ducha rápida y bajamos a conocer el barrio y a tomar algo. Escogimos el Prince of Wales, que resultó también ser un Bed & Breakfast de los más conocidos de la ciudad, con una completísima carta de cervezas (el alcohol es caro) y actuaciones en directo.

 

De vuelta en el hotel, descubrimos al fondo del pasillo una enorme terraza que daba a la calle. La ciudad no dormía, a unos metros unos obreros trabajaban iluminados por unos focos cegadores en lo que parecía ser otro futuro rascacielos. La gente iba y venía, en el paso de peatones se cruzaban maletines de alto ejecutivo con preciosos saris de vivos colores, lujosos zapatos y pies casi descalzos.

Algo sí me gustaba de Singapur, la mezcla de etnias y religiones en una aparente calma social, que no equilibrio, una altísima población china, seguida por malayos e indios. El poder visitar un templo budista, alucinar con los colores y ceremonias hinduistas o encontrarte con una preciosa mezquita musulmana. Nos esperaba un país muy pequeño pero con mucho para visitar y conocer. Ya en cama debí quedarme dormida leyendo, porque lo último que recuerdo fue la leyenda que cuenta cómo un príncipe de Sri Vijaya, allá por el siglo xiv, creyó ver un león y decidió fundar Singapura: Ciudad del león en sánscrito. Aunque en Singapur nunca hubo leones hasta que llegó el zoo, y con él los rascacielos y las prohibiciones.

14 Comments

  1. La verdad es que no he leido mucho sobre Singapur, pero lo de la prohibición del chicle sí, jeje. La verdad es que el chicle puede ser a veces muy molesto, pero tanto como para prohibirlo!! :-O

  2. Pues sí , son exagerados para todo …La verdad es que no fue un país en el que me sintiese muy cómoda…
    Demasiado … no sé cómo explicarlo …” acartonado ” y de mentira …

  3. thewotme dice:

    Este artículo me viene de perlas, éste verano estaremos por el sudeste asiático!.
    Saludos.

  4. Netikerty dice:

    Uy, que cosa más curiosa lo del chicle. Me has descubierto una ciudad que no entraba en mi lista de destinos. Gracias!!

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Sin duda es un país que no deja indiferente a nadie, ya me contarás tus impresiones cuando lo visites 😉
      Un abrazo!!

  5. María dice:

    Me encanta como cuentas tu experiencia.Te imagino ahí esperando el bus con tu pegata azul, rodeada de neones y rascacielos y pensando…”pues mira, no soy mucho de chicle pero ahora me tomaba uno” Lo que si, la cerveza inagural ya veo que no falta en ningún destino 😉

    • Maruxaina Bóveda dice:

      ¡¡Muchas gracias María!! La verdad es que no soy de chicle jajaja pero sí que tanta prohibición “loquea” un poco. La tradición de la cerveza o vino local no puede faltar, eso sí en Singapur el alcohol es caro caro.
      Un abrazo!!!

  6. Gaolga dice:

    Que risa lo del chicle 😮 bueno me da risa por que no estoy alla… bien dices “rascacielos y prohibiciones”

    Ademas no sabia que Singapur fue obligada a ser independiente!!! dato muy interesante!

    Saluditos!

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Gracias Olga 😉 Sí que es un pais curioso, por todo, por su historia, su mezcla cultural…Creo que es de esos países que o te gusta mucho o nada de nada.
      Un saludo!!!

  7. Me ha encantado tu relato y la información que das, y me he quedado flipando un poco con lo del chicle, no tenía ni idea!

    Un saludo,

    Vero

    • Maruxaina dice:

      Muchas gracias Vero!!
      Es un país curioso sin duda, con muchas prohibiciones eso sí,pero se lo toman con humor y venden camisetas, imanes y todo tipo de souvenirs con imágenes de las cosas prohibidas…
      Si puedes no dejes de visitarlo!
      Saludos 😉

  8. Nosotros visitamos Singapur gracias a 2 escalas de 12 horas y la verdad es que nos supo a poco tiempo, de manera que espero volver!!!

    • Maruxaina dice:

      Lo nuestro también fue una escala…Yo volvería pero de la misma forma, de paso a otro lugar porque como país principal no me llama tantísimo para repetir.
      Eso sí, me encantó conocerlo!!

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