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El Palacio Topkapi, un imprescindible en Estambul. (Turquía, día 7)

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Sábado, 15 de Octubre 2011.

Volvimos a elegir el autobús para regresar a Estambul. Viajamos toda la noche, dejando atrás unos días geniales en Selçuk. Éfeso y Pamukkale. Llegamos a la capital turca a las siete de la mañana, nos instalamos en la habitación de las primeras noches y salimos a desayunar. Con una lentil soup tendríamos energías suficientes para todo el día.

 

Nuestra primera visita sería el Palacio Topkapi, pero era temprano, así que aprovechamos para callejear un poco por sus alrededores. Encontramos una bonita calle, Sogukçesme, con preciosas casas de madera del siglo XIX.

Fueron restauradas en los años '80 y ahora algunas son hoteles, como dato curioso la ex-reina Sofia estuvo de paseo en el 2000 inaugurando una de las casas. Encantadores lugares para tomar el té y la Istanbul Library, un paraíso para los amantes de los libros, en donde puedes encontrar más de diez mil libros, pero sólo de Estambul.


 

Al final de la calle, está la fuente del sultán Ahmet III, para muchos las más bonita de Estambul.

Fue construida en 1728 y es estilo rococó turco, llama la atención por su decoración y por los poemas sobre la fuente que pueden leerse en cada pared.

 

Era ya la hora de apertura del palacio y empezaban a llegar los autobuses, así que nos dirigimos a la entrada. El Palacio Topkapi fue residencia de 26 de los 36 sultanes de la dinastía otomana durante cuatro siglos (1475-1855). Cada uno de ellos fue ampliando las dependencias, biblioteca, hamán, o mezquita, en una auténtica competición en decoración y mejoras que han dado lugar a un lugar de visita imprescindible en Estambul.

Atravesamos la Puerta Imperial (1478), vigilada permanentemente ya que los soldados vivían en su interior, para acceder al primero de los cuatro patios que hay en el palacio. Hicimos cola unos diez minutos en la taquilla, comentaros que para entrar en la zona del Harén, es necesario comprar una entrada distinta que para ver el Palacio en general.

Estábamos en el Patio de los Jenízaros, el cuerpo de élite del Imperio Otomano que protegía al sultán. En este patio se encuentra la Fuente del Verdugo en la que se limpiaban los sables tras las ejecuciones. Una de las más sanguinarias supuso el fin de los jenízaros, el sultán Mahmut II ordenó disolver el cuerpo tras su sublevación y más de cuatro mil soldados fueron asesinados (1826). Y como resultó imposible hacer una foto entre tantísima gente, nos contentamos con una fuente no tan famosa.


 

El sultán es la figura que equivale al rey o monarca en los países musulmanes. El más destacado en la historia es Suleimán, apodado el Magnífico por sus enemigos, quien desde Topkapi introdujo reformas en las leyes y promovió la creación de escuelas y bibliotecas.

Atravesamos la segunda puerta, la de Acogida, para mí de las más bonitas que he visto, me recordó a los cuentos de príncipes, dragones y princesas. Fue construida por prisioneros húngaros bajo las órdenes de Mehmet el Conquistador, las torres, añadidas posteriormente, fueron reconstruidas cuando Estambul fue elegida Ciudad Europea de la Cultura en 2010.

El sultán era el único que podía atravesarla a caballo, accediendo al Patio de Ceremonias. Un precioso espacio en el que tenía lugar la vida pública, ceremonias y entronizaciones, pero también donde el pueblo expresaba su descontento.

En este patio estaban los establos y las cocinas reales, que podían abastacer hasta a cuatro mil personas. Había una cocina sólo para hacer dulces y postres, otra para el sultán y su familia y una tercera para los invitados.

Ahora puede visitarse una de las mejores colecciones de porcelana y cristal del mundo, si es que la multitud de chinos que quieren compararla con la de Pekin, os permite acercaros a verla.

 

En este patio se encuentra también el Consejo Privado o Diván, en el que se reunía el sultán con los ministros, cómodamente instalados en alargados bancos alcolchados con preciosas telas. En los últimos años, era el visir (como un primer ministro de aquí) quién presidía las reuniones. Desconociendo los presentes si el sultán estaría o no detrás de una rejilla, situada encima del asiento principal. De la exactitud con la que después diese el parte al sultán dependía su vida.

La última es la Puerta de la Felicidad, vigilada por eunucos, sólo los embajadores o altos cargos podían pasar, previa cita con el sultán. Normal ya que en el tercer patio, se encontraba la Sala del Tesoro que ya la quisieran para sí muchos piratas. Ante nuestra sorpresa, pudimos ver el puñal de Topkapi, el más caro del mundo con tres impresionantes esmeraldas, oro y diamantes, el trono de Ahmed I o el famoso diamante de la cuchara. El quinto más grande del mundo, y así conocido porque fue encontrado por un pescador entre la basura. Un avispado joyero le dijo que era de vidrio y se lo cambió por unas cucharas.


 
 

También aquí se construyó la biblioteca de Ahmet III (1718), sobre una base alta para evitar que la humedad dañase los más de tres mil volúmenes, pero está cerrada al público.

No entramos en el Harén, la cola era interminable y no teníamos tiempo suficiente. Algo de lo que hoy me arrepiento ya que aquéllo debió ser impresionante. Una mini ciudad dentro del palacio, con más de trescientas habitaciones, en las que vivían las esposas e hijos del sultán, controladas por la madre de éste.

Antes de subir a las terrazas, seguimos a unas familias musulmanas, sin saber muy bien a dónde iban, pero lo hacían en dirección contraria a las excursiones...No recuerdo cómo, pero tras unos pasillos y salas, nos vimos delante de las reliquias más valiosas para el mundo islámico.

Estábamos en el Pabellón del Manto Sagrado, donde un imán recita versículos del Corán permanentemente (sí, sí, las 24 horas del día) y los fieles acuden a ver el manto que vistió Mahoma, una carta manuscrita, la huella de su pie, un diente e incluso unos pelos de su barba. Personalmente, cuando veo este tipo de tesoros no puedo dejar de acordarme de la impresión que me llevé al ver de pequeña el pie de Santa Teresa en Ávila, quizá era demasiado pequeña.

Recuerdo más el silencio y tremendo respeto que se respiraba en aquellas salas que los objetos en sí. Muchos jóvenes musulmanes no dejaban de hacer fotos con sus móviles, madres acercando a su hijos a las vitrinas y serios y emocionados ancianos venidos de a saber dónde.

Nos esperaba el 4º Patio, destinado en exclusiva al uso del sultán. Las salas están abiertas por los cuatro lados, para aprovechar la brisa del mar, convirtiéndolo en un lugar precioso y perfecto para ver el estrecho del Bósforo. Un entorno de cuidados jardínes, piscinas o quioscos, como el de Bagdad o Revan, con perfectas columnas, mármol, azulejos y ricas decoraciones que no dejaban de recordarnos la importancia del Imperio Otomano.


 
 

El palacio Topkapi es un lugar en el que puedes estar el día entero y al que volvería sin dudarlo si vuelvo a Estambul. Eso sí probaría visitarlo a la hora de comer ya que cuando abre, por más que uno se levante tempranísimo, está imposible de gente.

Nos íbamos cuando decidimos acercarnos a una iglesia del primer patio por ver si estaba abierta. Y nuestro final de visita al Palacio de los Cañones no pudo ser mejor, en el interior de la antigua basílica había una actuación de derviches.

Teníamos previsto ir esa noche, la última de nuestro viaje, a ver a estos bailarines que giran y giran de forma mareante. Un camarero impecablemente vestido, nos invitó a entrar y nos explicó en un perfecto inglés que la iglesia solamente se abría durante los meses de verano para conciertos y espectáculos como el que ofrecían esa mañana.


 
 

La iglesia bizantina de Santa Irene es una de las más antiguas de Estambul y de las pocas que no fue transformada en mezquita tras la conquista. Era usada para guardar el arsenal de los jenízaros y según el sultán les traía suerte porque nunca habían perdido una batalla.

Menos mal que estábamos sentados, porque tras una hora viéndolos moverse de esa manera, me giraba la cabeza hasta a mí. Las sorpresas continuaron al salir, el mismo amable chico nos esperaba con una copa de algo parecido al champán y una cestita con frutillas, de las que no averigüe el nombre, pero que combinaban deliciosamente. Debíamos estar de foto, porque a nuestro alrededor la gente estaba impecablemente vestida, peinada y perfumada, y es que por lo visto, acabábamos de presenciar la actuación de uno de los mejores grupos de derviches del país.

 

El camarero, con ganas de hablar inglés, nos explicó que derviche significa el camino a las puertas, cada movimiento, cada gesto simboliza algo. Fue algo complicado y divertido entendernos y comprender detalles como que la mano derecha se coloca mirando al infinito (con la palma hacia arriba) mientras que la izquierda va hacia abajo, hacia la tierra. Se trataría de algo así como la unión de todo, siendo el bailarín la unión entre ambos mundos.

Le pregunté el porqué de sus ropas, ya que primero aparecen con unas largas capas negras que luego dejarán paso a las blancas. Me contó que simbolizaba el despojarse de los oscuro y la eliminación del ego, el blanco claro era la pureza. Lo último que pudo contarme, antes de ser reclamado por los invitados, fue que los bailarines eran como los planetas que giraban alrededor del sol, que era el señor que aparecía como líder y se situaba en el centro de la danza.

Más tarde, buscando información, me enteré que su origen está en el poeta místico musulmán Rumi. Son suyos los poemas que se recitan durante los bailes acompañados de flautas y tambores. El 17 de diciembre, fecha de su muerte (y de mi cumpleaños) en Konya se celebra durante una semana un Festival de Derviches en memoria de este filósofo persa, cuyas obras han sido traducidas a multitud de idiomas.

Muy contentos abandonamos el palacio Topkapi, que superó con mucho mis expectativas, y salimos al bullicioso Estambul. Era nuestra última tarde en la ciudad y aprovecharíamos para visitar algunos imprescindibles de la capital turca.


 
La manera en que la noche se conoce con la luna, sé eso conmigo. Sé la rosa más cercana, a la espina que soy .

Rumi (1207- 73)

10 Comments

  1. Netikerty dice:

    Que bonito Post. Yo fui a Estambul hace muuuuchos años, con mis padres y me has hecho recordar con Topkapi y la cisterna. Eran unos recuerdo que tenía olvidados, gracias por sacarlos a la luz.

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Gracias a tí por tu comentario y la lectura. Me alegra haberte transportado a aquél viaje 🙂 Si volviese a Estambul revisitaría Topkapi. ¡Un saludo guapa!

  2. Eva Puente dice:

    Qué bonitas fotos y qué ganas de Estambul. tomamos buena nota de tus recomendaciones para visitar este maravillosa e imprescindible ciudad que todo viajero debería conocer.

    Una abrazo!

  3. Cuantas cosas has explicado de Estambul en un solo post! Estambul es una ciudad que enamora a cualquiera por toda su riqueza y amabilidad. A nosotros también nos encantó!

    Un saludo,

  4. Qué recuerdos me ha traído tu post de Estambul, Maruxa! Una de mis ciudades favoritas sin duda, tiene una magia especial. Me ha encantado la foto de la entrada del palacio con ese gatito que se ha colado je je je mira que había gatitos en Estambul! Y en toda Turquía, yo me los quería traer a todos… Y yo también me eché una foto con el árbol de Sleepy Holow ja ja ja los maniquíes son un auténtico museo del horror, me reí tanto…
    Un abrazo de la cosmopolilla

  5. Tomamos notas de tus recomendaciones y consejos porque Turquía está entre nuestros destinos para el próximo año. Gracias por compartir tu experiencia.

    • Maruxaina dice:

      Gracias a tí María!!
      Seguro que os gusta mucho, si necesitais cualquier cosa aquí estoy y de Turquía es del único país que tengo el diario completo 😉
      No os perdais Éfeso y Pamukkale.
      Saludos!!

  6. Netikerty dice:

    Que bonitos recuerdos me has traido. Estuve una semana santa hace muuuuuuuuchos años con mis padres y topkapi fue uno de mis sitios preferidos. Gracias!!

  7. Kris dice:

    Para mi Estambul es una ciudad muy especial. Estuve allí hace bastantes años y regresé de ella con una petición de matrimonio del que ahora es mi marido (viajé con él, no lo conocí allí ni la pasión turca pasó a formar parte de mi viaje jejejeje). Me has vuelto a llevar a algunos de los lugares más fascinantes de esta ciudad turca. Pasé por todos ellos… pero me salté lo de los derviches. Con eso que dices que te daba vueltas a ti también la cabeza no se si me sentiría capaz de ver a esos hombres dar vueltas y más vueltas…

    ¡Un abrazo!

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