Vilna, unas horas en la capital de Lituania.

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Tras unos días en Polonia, empezaba un día nuevo en Vilna. La joven capital lituana aún no se había despertado cuando entramos en la estación de autobuses.

Necesitaba ir al baño. Había bebido demasiada agua durante la noche, el calor que hacía en el bus y la increíble maligna del asiento delantero hicieron el trayecto insoportable. Convirtiéndose en una de esas noches horribles que algún día reuniré en un post de viajes insufribles.

Pero había que cambiar el chip. Teníamos muchas ganas de conocer Vilna. En la estación todo estaba en penumbra y algunas personas cabeceaban en unas filas de asientos con pinta de incómodos. Los lavabos eran de pago y los euros tardarían unos meses en llegar, no había cajeros y la oficina de cambio aun no había abierto. Menos mal que una amable señora debió entender mi cara de apremio y me dejó una moneda para recibir mi trozo de papel higiénico y poder pasar los tornos hacia el paraíso de baldosas blancas.

 
 

Tras esperar un rato los negocios empezaron a abrir: el bar del viejiño amable, el serio señor trajeado de la oficina de cambio y la chica con cara de sueño de los autobuses. Gracias a ella nos enteramos que había consigna en la parte de abajo de la estación, en las mismas dársenas de las que salen los autobuses. Compramos los billetes que esa noche nos llevarían de nuevo a Polonia (sí, era una visita fugaz de menos de 24 horas) y con monedas nuevas, un café medio malo en el cuerpo y un frío supongo que normal para las siete de la mañana salimos a conocer Vilna.

 

No era nuestra intención visitar el país, pero estando en Polonia no pudimos resistir la tentación de acercarnos principalmente por dos motivos: ir antes de que entrase en vigor el euro y poder traernos unas litas..
El otro motivo era conocer la República Independiente de Uzupis. Un barrio de artistas muy curioso que habíamos descubierto días antes.

 

Sin mucha idea de hacia dónde ir callejeamos siguiendo los carteles hasta llegar al edificio Vilniaus Rotuse. De estilo neoclásico albergó durante muchos años el ayuntamiento y ahora es un edificio público en el que hacen exposiciones y actividades culturales.

Las calles empedradas y el silencio nos mostraban una ciudad muy limpia, con bonitos y cuidados edificios y muchas iglesias, muchísimas. La mayoría de la población lituana es católica pero también hay buenos ejemplos de templos ortodoxos. Sólo en Vilna hay más de sesenta iglesias.

 

Hicimos tiempo en el único sitio que encontramos abierto. Tenía wifi, unas riquísimas galletas, muy buen café y unas butacas en las que no me hubiése importado dormir un ratito. Porque además estaba vacío y con una música perfecta para ser las seis de la mañana.

Aproveché para enterarme un poco de dónde estaba porque poco sabía de Lituania. Mis conocimientos se limitaban a sus gimnastas de rítmica, su increíble compañía de ballet nacional y que había formado parte de la URSS. Descubrí un país con una población muy muy joven, con un desarrollo económico de los mayores de Europa y con un pasado de tribus (los baltos), duques y reyes, anexiones, independencias y ocupaciones.

Pero sin duda un detalle hizo que mientras me tomaba aquél café, cogiese un cariño especial al pueblo lituano. Los gallegos me entendereis. Hablar lituano estuvo prohibido durante 40 años y fue uno de los motivos de las revueltas populares contra el gobierno ruso, hartos de su represión en el siglo XIX.

 

A pesar de su complicado pasado y su reciente y segunda independencia, Vilna, la ciudad más grande del país, es de esos sitios que transmiten una sensación de nuevo. Si Vilna fuese una persona sería alegre, extrovertida, moderna, artista, con muchas ganas de hacer cosas y de mostrar lo mejor de sí misma.


 

Caminamos buscando Uzupis, el barrio que había atraído nuestra curiosidad tras leer sobre él en internet. Por el camino encontramos parte de la muralla que rodeaba la ciudad y atravesamos un gran parque precioso en el que me llamó la atención lo lejos que estaban los niños de sus madres. Total confianza y cero gritos. Muchas esculturas repartidas por el verdísimo césped y todo perfectamente cuidado.

La República Independiente de Uzupis resultó ser un agradable barrio cerca del río. Muy decorado por todas partes, originales obras de arte y cuadros que invitaban a reflexionar. La pena fue que al ser tan temprano, la mayoría de los locales estaban cerrados. Por lo que no pudimos apreciar bien la vida de uno de los lugares más curiosos que he visitado.

 

Guiándonos por la altitud de la colina en la que se encuentra, llegamos a la Torre de Gediminas, que aparece en todo recuerdo de la ciudad e incluso del país. Tiene mucho valor para los lituanos ya que aquí se izó la bandera lituana de forma oficial en 1919 cuando consiguió su primera independencia.

De toda la fortificación solo queda la torre, empezó a restaurarse en 1930 ya que estaba casi en ruinas. La entrada para subir a lo alto es de pago e incluye una sala de exposición con historia de la ciudad y algunos objetos. Nosotros no entramos, las vistas son igualmente bonitas cuando llegas a la parte de arriba después del empedrado camino y creo recordar que la entrada no era barata.

 
 

Cuenta la leyenda que el duque de Gediminas tras un largo día de caza, se quedó a dormir en el bosque y tuvo un sueño. .
Un lobo de hierro aullaba en lo alto de aquélla colina con una fuerza sobrenatural y su mago de cabecera interpretó qué allí debía construir una ciudad, llamada Vilnius por su cercanía al río Vilna.

 

De allí nos fuimos a la Catedral, un enorme edificio neoclásico, que llama la atención por su campanario independiente (entrada de pago). Fue una antigua torre defensiva y es el punto de encuentro en Vilna.

Fue construida cuando el rey Mindaugas se convirtió al cristianismo y en el interior hay toda una exposición de cuadros, sepulcros y esculturas de príncipes y reyes. En la fachada principal las estatuas en lo alto representan a Polonia, Rusia y Lituania a través de sus santos Estanislao, Elena y Casimiro.

 

Hicimos una breve pausa para re-desayunar. Difícil elegir entre tantos sitios bonitos, chocolaterías, pastelerias y cafés con geniales decoraciones. Elegimos una pequeña terraza en una de las calles principales sin alejarnos demasiado porque nuestra próxima visita nos esperaba: el Palacio de los Grandes Duques de Lituania, situado justo al lado de la Catedral y con un interior en el que uno podría pasarse el día entero.

Un sandwich y un café después estábamos listos para seguir descubriendo la ciudad. Nos situamos en unas huellas en el suelo delante de la Catedral. El recuerdo al primer paso. El punto de partida de la Vía Báltica, una increíble cadena humana que cubrió más de 600 kilómetros y recorrió las tres capitales bálticas (Vilna,Tallin y Riga) como protesta contra la Unión Soviética. Miles de personas reclamaron su autodeterminación de forma pacífica el 23 de agosto de 1989, un par de meses antes de la caída del muro de Berlín.

 
 

Y fue también el inicio de nuestra tarde en Vilna, caminamos por la avenida de Gedimino. Es un fiel reflejo de la historia del país, edificios gubernamentales, serios y grises, antiguas sedes de la Gestapo y KGB comparten calle con marcas internacionales, restaurantes de moda, hoteles y hasta un casino.

En un gran parque en el que nos sentamos a tomar un poquito el sol ondeaba la bandera con el escudo de Lituania. Su protagonista es Vytis o el caballero blanco, quien durante los años de ocupación soviética fue sustituido por la hoz y el martillo.

 

Dejamos atrás a Gediminas, fundador de la ciudad y quien la restableció como capital en 1323 (hasta entonces lo era Trakai). Nos despedimos de Vilna, la ciudad de las iglesias, de barrios de artistas y espacios verdes, de teatros, cafés y libros. De difícil pasado, de heridas muy recientes, secretos y murmullos.

¡Está prohibido!Tenéis que guardárlos y no llevarlos visibles.Se apresuró a decirnos el viejiño al que le compramos unos parches de estrella roja. Nos lo dijo en voz baja, mirando para ambos lados y escondiendo bajo unas postales el resto de recuerdos comunistas.

En la estación de bus cenamos una riquísima sopa antes de recoger las mochilas, el bus nos esperaba. Otra noche de carretera en la que cambiaríamos de país y volveríamos a Polonia para llegar hasta Gdansk. Confiando en que no podía tener tan mala suerte como la noche anterior me acomodé en el asiento, tenía sueño acumulado y habíamos caminado muchísimo ese día. Genial porque bastó con un poco de música para que no tardase en dormirme.

10 Comments

  1. Mauxi Leal dice:

    Tengo muchas ganas de conocer este país, y por supuesto, que no falte una visita a esta ciudad y a la República Independiente de Uzupis 🙂

  2. Cristina dice:

    Tomo buena nota… porque puede que en breve me vean por allí… Por cierto, un buen libro por si quieres descubrir algo más de la historia de Lituania: Entre tonos de gris, de Ruta Sepetys.
    Un abrazo

  3. Andrea dice:

    Se ve una ciudad con caracter. Me has asustado con el viaje en bus, por primera vez estare tomando este medio de transporte en Europa en marzo, estare tomando el autobus alsa, es bueno el servicio?

  4. Estuve hace poco tiempo en Estonia, y por falta de tiempo no pudimos llegar hasta Lituania.
    Amiga me diste más ganas de ir!! y tu descripción de la ciudad comparada con una persona, alegre, extrovertida, moderna, artista y con ganas de hacer cosas…¡¡me ha resultado brillante!!
    Valió la pena empezar ese día tan temprano para conocer semejante lugar, no?
    Un abrazo.

  5. Eva dice:

    Que casualidad encontrar tu artículo. Llevo unas semanas rumiando los países bálticos como uno de los posibles destinos de 2016.

    Ví un reportaje en TV y me gustó mucho, y ahora tú, sumas un poco más a eta curiosidad que han despertado en mi este lugar.

    Un abrazo guapa!

    • Maruxaina dice:

      Lo nuestro fue una escapada-locura de un día aprovechando que estábamos en Polonia. Era octubre y en enero entraba el euro 😉
      Volveremos seguro porque los bálticos tienen mucho que descubrir y una historia muyyy interesante!!
      Un beso grande!

  6. Mig_Inshala dice:

    Lituania es para mi un gran desconocido. Forma parte de un viaje que tengo pendiente conmigo mismo para visitar la madre Rusia y los países que hasta hace nada formaban parte de la URSS.
    Me gusta tu entrada porque es una buena guía de viaje para conocer mejor su capital, Vilna.

    • Maruxaina dice:

      Muchas gracias Miguel!!
      La verdad es que son países muy interesantes y con mucha historia, nosotros aprovechamos la cercanía con Polonia para acercarnos antes de que llegase el euro 😛
      Fue un sólo día pero mereció mucho la pena y seguro que volvemos para seguir descubriendo esos países.
      Saludos!!

  7. Jorge dice:

    Un bonito relato de una ciudad que nos gustó mucho, aunque quizá queda algo por detras que Riga y Tallín. También recuerdo como una tortura nuestra llegada en autobús. Fueron 5 horas interminables, pasando una calor horrenda y mareados perdidos… ¿te acercaste hasta el castillo de Trakai?

  8. […] ganas de ver su plaza y recorrer la gruta del dragón. Además nos informaríamos de cómo llegar a Lituania para pasar unas horas en Vilna, su capital. Pero antes pasaríamos otra de esas noches que algún día reuniré en un post bajo el título […]

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