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Éfeso, el museo al aire libre de Turquia. (Turquia, día 6)

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Viernes, 14 de Octubre 2011.
Visita a Éfeso, Templo de Artemisa y Museo Arqueológico de Selçuk.

Con el estómago lleno después de uno de los mejores desayunos del viaje, nos acercamos a la estación de autobuses a buscar cómo acercarnos a Éfeso. Esperamos unos minutos y en seguida el dolmus se llenó, pagamos unos dos euros por persona y salimos en dirección a uno de los objetivos de nuestro viaje por Turquía.

Era muy temprano, queríamos evitar el calor y las excursiones, pero fue imposible...al llegar aquello parecía un parque temático. Muchísimos autobuses, chiringuitos y horror al escuchar los primeros gritos del día: "¡¡¡Juan!!!¿Dónde está el niño?". Por lo visto, Éfeso es visita habitual de los cruceros que hacen escala a unos cincuenta kilómetros del histórico lugar.

 
 
 

Fue una visita de la que no tengo muy buen recuerdo, era imposible detenerse a apreciar algo o hacer una foto con calma. Además fue de los días de más calor y apenas hay sombras lo que hizo que varias veces tuviésemos que acercarnos a los baños para refrescarnos.

Tenía muchísima curiosidad y ganas de conocer la Biblioteca. Nada menos que una bilbioteca construída por el Imperio Romano, por el cónsul Gayo Julio Aquila. Fue en honor a su padre, Tiberio Julio Celso, por su nombramiento como gobernador de Asia. Admiré la fachada, que tantas veces había visto en ilustraciones de libros. Y me alejé para comprobar, como decían los apuntes, que las columnas del centro eran más largas que las situadas en los extremos. Un efecto óptico para que la biblioteca pareciese más grande.

 
 

Me imaginé a apuestos romanos subiendo sus magníficas escaleras de mármol, entrando en aquella gran sala de 16 metros de alto para disfrutar de más de doce mil pergaminos y manuscritos. El suelo era de mármol decorado y en las altas paredes abrían nichos en los que guardar los manuscritos.

Aluciné con los detalles: el diseño mirando al este para aprovechar la luz de la mañana o el sistema de ventilación a través de un doble muro para evitar la humedad. Porque no olvidemos que la biblioteca fue construída en el año 117.

Ya desde cerca, conseguimos hacer alguna foto de las estatuas femeninas que hay en la entrada. Las originales están en un museo de Viena, pero en sus copias vemos representadas las virtudes que practicaba de Celso: sabiduría, virtud, ciencia o conocimiento e inteligencia.


 
 

Efeso fue fundada por Androclo, el hijo del último rey de Atenas, siguiendo los dictados del oráculo de Apolo. Un pez y un jabalí fueron las señales para que crease sobre una colina la importante ciudad del Mediterráneo.
Fue adelantada a su tiempo, dándole mucha importancia a la cultura y la educación. En Efeso había profesoras o escultoras ya que las mujeres tenían los mismos privilegios que los hombres. El templo a la diosa Artemisa es un ejemplo de la admiración de los efesos por la mujer.

 

En el interior de la Biblioteca se encontró en 1904 la tumba de Celso en mármol blanco. Un material poco común en aquella época, lo que confirmó su importante posición durante la época como gobernador.

Se cree que la biblioteca estuvo en funcionamiento hasta la invasión de los godos (262 d.C) que lo destruyeron todo. Un terremoto posterior dejó Éfeso en ruinas hasta el siglo XX. Fue un equipo de arqueología austriaco quien realizó su reconstrucción entre 1970 y 1978. Lamentablemente no queda nada de lo que contenía una de las bibliotecas más importantes de la historia.


 

Cumplido el objetivo, continuamos el recorrido bajo un sol terrible. Era imposible dar un paso y no encontrarte con algún resto para fotografiar, Éfeso se revelaba en sus ruinas como la importante ciudad portuaria que fue durante el Imperio Romano.

Aquí se tomaron grandes decisiones teológicas celebrando uno de los concilios más importantes, en la primera iglesia del mundo dedicada a la virgen María, quien pasó sus últimos años en este lugar. Cerca está la casa en la que vivió, un verdadero lugar de peregrinación.

 

Es un auténtico museo al aire libre, las termas, el gimnasio, la via de los Curetos (sacerdotes encargados de alimentar el fuego del ayuntamiento) o el Templo de Adriano. Las Casas de la ladera son las viviendas romanas mejor conservadas después de las de Pompeya. Eso sí, es necesario pagar otra entrada para conocer cómo vivían los patricios de la época. Sino puedes estar horas y horas recorriendo la ciudad y descubriendo pedacitos de historia.



 

El Teatro fue construido aprovechando la pendiente de la colina y tenía capacidad para más de 24 mil espectadores. Muy bien conservado está también el Odeón, del que los arqueólogos dicen que debió ser una de la construcciones más bellas y en el se reunían los senadores para tratar temas de la ciudad.

Como detalle curioso el relieve de la diosa de la Victoria o Nikè, a quien se le atribuía gran velocidad y buena suerte, si os fijais en el pliegue que hace su túnica, a la izquierda... ¿no os recuerda a algo?.

 
 

Cuando ya nos dirigíamos a la salida, escuchamos música y muchas voces, tras seguirlas nos encontramos una representación del momento en el que Cleopatra y Marco Antonio llegaban a la ciudad por la magnífica vía del Puerto Panormos.

Hoy el puerto se halla a casi diez kilómetros debido al cambio climático y al sobrepastoreo. La línea de la costa se alejó de la ciudad y comenzó así el declive de la histórica ciudad.


 

Durante el reinado de Augusto, Efeso fue la capital de la provincia de Asia. Siendo la segunda ciudad en importancia del Imperio Romano.
En Efeso las calles eran iluminadas con lámparas de aceite al anochecer, un lujo que no se daba en otras ciudades de la época.

 

El calor era insoportable y cada vez había más gente por lo que decidimos poner fin a la visita. Nuestra idea era visitar la Cueva de los Siete Durmientes de Efeso, que ahora que lo pienso:¿tendrá algo que ver con los Siete Enanitos de Blancanieves?. Según se cuenta, durante la visita del emperador Decio a la ciudad, se exigió a la población hacer sacrificios a los dioses paganos.

Siete jóvenes rebeldes y cristianos de buena posición, regalaron sus posesiones a los pobres y se escaparon a una gruta a ocultarse. Los romanos al descubrirlos taparon la cueva para dejarlos morir, sin embargo 200 años después, un hombre abrió la cueva para usarla como establo y allí encontró a los muchachos quienes despertaron y volvieron a una ciudad ya cristiana.

El caso es que nosotros no encontramos la cueva pero en su lugar me vi en un campo de algodón aprendiendo mediante gestos de un ancianísimo señor cómo se recogía la planta. Compartimos unas galletas y seguimos camino. Tras unos paso me giré y allí estaba, solo, muy delgado, volviendo a agacharse para seguir con su tarea. Resultó de esas imágenes que no olvidas de un viaje.

Fuimos aprovechando un camino de árboles para aprovechar la sombra, hasta que nos encontramos con un pequeñísimo canciño, quien sin saberlo haría que nos enterásemos que a unos metros de allí estaba una gran maravilla. Así nos lo hizo entender su dueño, sentado a la fresca con otros señores, nos hacía gestos de algo muy alto y viejo, de hacía mucho tiempo.

 

Intrigados seguimos sus indicaciones y nos encontramos con un cartel algo destartalado y una gran explanada con algunos restos. Buscamos en la guía del señor francés para ver si había alguna referencia a lo que teníamos delante. Tuve que volver a levantar la cabeza para comprobar que aquella columna solitaria era lo único que quedaba de una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, el Templo de Artemisa, la diosa griega de la fertilidad, la caza y la guerra.

Su construcción duró unos 120 años y era cuatro veces más grande que el Partenón de Atenas. Era un conjunto de edificios con una estatua de la diosa en su interior de dos metros de altura. El rey Creso de Lidia dirigió a varios arquitectos en esta obra que pretendía contentar a la diosa, el templo de 115 metros de largo era el más grande del mundo griego.

De sus más de 120 columnas, de un lugar que fue gran atracción turística para reyes, viajeros y mercaderes, apenas queda una.


 

Según se cuenta, el templo de Artemisa fue destruido por un incendio provocado. El mismo día que nacía Alejandro Magno, la diosa muy preocupada por este acontecimiento no pudo salvar su templo y durante mucho tiempo fue prohibido (bajo pena de muerte) mencionar su nombre en Éfeso.
Tras el incendio, fue reconstruido, saqueado y vuelto a destruir por los godos y los cristianos. Incluso Alejandro Magno se ofreció para reconstruirlo ante lo que los éfesos se negaron con el pretexto de que un dios no podía hacer el templo de otro dios.
Fue redescubierto a finales del siglo siglo XIX por una expedición del Museo Británico y tienen previsto reconstruir una copia del original a algo más de un kilómetro del lugar.

 

Ahora es utilizado como lugar de paseo por los patos de las casas vecinas. Nos quedamos allí un buen rato, intentando ver lo que no había, mientras unos niños jugaban aprovechando el último sol de la tarde, quizá sin saber que las piedras sobre las que saltaban había tantísima historia.

Pasamos el resto de la tarde en el Museo Arqueológico de Selçuk está considerado uno de los mejores de Turquía. Entre su amplísima colección de objetos, muchos restos de Efeso, la auténtica estatua de Artemisa y maquetas de su templo, lápidas y sarcófagos... Es uno de los museos más bonitos en los que he estado, salas muy bien decoradas, un jardín con reloj de sol incluido y ademas apenas había gente por lo que la visita fue realmente buena.

Nuestro viaje no podía terminar mejor, volvíamos a Estambul con el sueño cumplido de haber visitado la Biblioteca de Celso. Pero sobre todo, convencidos una vez más, de lo bueno de la improvisación, del hacer las cosas porque sí, por seguir un instinto o una calle que parece llevar a algún sitio por descubrir. Por haber seguido al perro que nos condujo al Artemisón, no haber ido directamente a Éfeso en excursión organizada (nos habríamos perdido Selçuk) como nos insistieron una y otra vez en la capital, por volver andando y sentirme en Tara hablando con el señor del algodón, a pesar del calor terrible y de que sobraban los taxis de dos euros. Por todos esos detalles que hacen que vuelvas a casa con muchísimo más de lo que habías imaginado.

Porque otro día más, me dormía soñando con sultanes y elefantes, la Virgen María caminando con San Juan, godos destruyéndolo todo, romanos paseando con relucientes túnicas blancas, Cleopatra y las diosas griegas, los rollos interminables de papiros...

 

*Recomendable llevar agua y sombrero los meses de calor.
*Mejor hacer la visita temprano para evitar las horas de más sol y las excursiones.
*Aconsejable conocer la cercana Selçuk. Un lugar tranquilo y lleno de historia.

No te pierdas ninguna historia.

7 Comments

  1. Andrea dice:

    Dios mio que espectacular! Increible recorrido. Me trajo algunos recuerdos de Atenas. Un beso!

    • Maruxaina Bóveda dice:

      ¡Gracias Andrea!Creo que es de esos lugares que hay que visitar una vez en la vida. A Atenas tengo muchísimas ganas de volver, cuando fui había huelgas y no pude ver nada 🙁
      Un beso de vuelta guapa.

  2. Tenemos muchas ganas de visitar Turquía ya que nos parece un destino que mezcla estupendamente lo mejor de Oriente y Occidente. Y desde luego incluiremos Éfeso en nuestro viaje pues, como dices, es un verdadero museo al aire libre. Muy recomendable.

    Abrazos.

  3. Futviajero dice:

    Es alucinante! Tengo muchísimas ganas de visitar Turquía tiene que ser un país increíble. Me apunto tu itinerario porque me parece muy interesante.

    Un saludo!

  4. Maria Jose dice:

    Maru, estamos enamorados de Turquía y me ha hecho muchísima ilusión ver este post. Yo, en concreto, no he estado en Efeso, hice una buena rutilla por este país pero no pude ir por cuestiones de distancias y tiempo. JP fue una semana antes que yo y sí que tuvo la oportunidad visitarla. Recuerdo que me lo contaba emocionado y al mismo tiempo sorprendido, porque no se esperaba que estuviera tan bien conservado todo.
    Muy buen post y gracias por compartirlo. Un beso, MJ

  5. Aquí si que he estado. Turquía es fascinante. En Éfeso te puedes hacer idea de la importancia de estas urbes, pasear por sus calles es como tu dices estar en un museo. Como si estuvieras metido en una obra de arte.

  6. alvientooo dice:

    Una razón más para volver a Turquia. Espectacular este lugar y sin duda una visita obligatoria en mi próximo viaje a Turquia.

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