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Angkor. Primer día en los templos de piedra.

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Lunes, 6 Agosto 2012.


 

Había llegado el día de visitar los templos de Angkor. El principal atractivo turístico de Camboya nos esperaba, por lo que bajamos a desayunar más pronto de lo habitual.

Café, tortilla francesa y zumo mientras ojeaba un mapa de los templos. Aquéllo era inmenso así que la decisión de dedicarle tres días me pareció la más acertada, así podríamos visitar el conjunto arqueológico sin prisas.

Angkor ocupa doscientas hectáreas por lo que es el monumento religioso más grande del mundo y el motivo por el que muchos hacían escala en el país camboyano camino de Tailandia. Se notaba que era lunes, el hostel estaba de lo más tranquilo ya que muchos se habían ido tras pasar el fin de semana en Siem Reap.

La ciudad situada al norte del país y a poco más de 300 kilómetros de la capital PP, era la parada obligatoria para visitar los templos. Nosotros habíamos dedicado el día anterior a conocerla, descubriendo interesantes lugares lejos del bullicio de sus calles principales.


 

 

El recepcionista nos avisó que el conductor del tuk tuk estaba en la entrada. Lo habíamos contratado a través del hostel, nos fiábamos ya que era familiar del hostel de PP en el que tan bien nos habían tratado. Nos llevaría hasta el conjunto arqueológico de Angkor y nos recogería horas después, teniendo así todo el día para disfrutar a nuestro aire.

Ni me enteré de los siete kilómetros que separan la ciudad de Siem Reap de las ruinas. Los nervios por ver "aquellas piedras" iban haciendo efecto y apenas recuerdo cómo fue el control de acceso al recinto, en el que nos hicieron una foto para el pase de tres días.

Minutos después el conductor empezó a señalar con el brazo y allí estaba. La silueta gris que ilustraba la bandera de Camboya. Rodeado de verde y bajo un cielo azul claro el templo de Angkor impresionaba. Una obra de arte que muchos comparaban con las pirámides de Egipto, construida en los mismos años que la Catedral de Santiago y el mejor ejemplo de la construcción khemer.


 

Decidimos empezar por el templo principal del conjunto, Angkor Wat, construido bajo el reinado de Suryavarman II. Para acceder recorrimos la pasarela flanqueada por el gran foso que me recordaba a los cuentos infantiles. Pero aquí no había príncipes en blancos caballos ni princesas atrapadas, los personajes de Angkor eran dioses, elefantes, bailarinas o serpientes.

 

La montaña de piedra de Angkor Wat simboliza el microcosmos hindú, la religión que imperaba en la Camboya del siglo XII. El rey quiso representar el Monte Neru, la casa de los dioses, dedicándoselo a Visnu, el creador según la mitología hinduista.

Recorriendo las infinitas galerías encontramos esculturas ataviadas siempre con el color naranja. También vimos fieles en momentos de oración, llevando ofrendas a los dioses o jóvenes budistas bendiciendo extranjeros. Son quienes llenan de vida la montaña de piedra desde su construcción. A diferencia del resto es el único templo que no fue abandonado por completo ya que los monjes siempre se ocuparon de Angkor Wat.


 

 

Hay más de ochocientos bajorelieves en Angkor Wat. Al principio íbamos identificando protagonistas y batallas, pero desistimos porque era una locura. Además muchas estaban muy desgastadas o rotas y no había ningún panel o cartel que los identificase. Narran escenas del Mahabharata, la Biblia de los hinduistas, considerado el poema más largo de la historia.

También nos acercamos a unas pequeñas edificaciones situadas por pares en los laterales del templo principal. No encontré mucha historia sobre su uso salvo alguna referencia a que eran utilizadas para almacenar manuscritos, por lo que son conocidas como libraries.

Y tuvimos la suerte de ver a un grupo de bailarinas apsara. Sus tocados dorados y los llamativos colores de sus trajes resaltaban con el monótono gris de los bloques traídos de una cantera cercana. Las jóvenes se movían con extrema delicadez, girando las manos como si jugasen con frágiles pompas de jabón y con la misma sonrisa enigmática que tenían sus antepasadas de piedra.


 

No sé muy bien cómo ni cuánto tiempo después salimos del templo y tras un camino a medio asfaltar llegamos a otra construcción. Totalmente vacía, nos asomamos al interior pero no entramos porque no se veía demasiado seguro.

Aprovechamos para sentarnos un rato y disfrutar del coco fresco. Un pequeño puesto de fruta hizo que nos saltásemos el consejo de comprar "en cualquier sitio" pero el calor y la humedad eran agobiantes. Nuestro momento de soledad absoluta en la naturaleza de Angkor se vio interrumpido por los auténticos habitantes del recinto arqueológico. Una familia de monos apareció con ganas de robarnos el coco.

 

Los observamos durante un rato, alucinando con su comportamiento tan humano, era como estar en un documental de La 2. Pero no me fiaba nada de aquéllos macacos de uñas afiladas y colmillos que ya los quisiera Drácula, así que decidimos continuar el paseo. Eso sí, yo con una rama de árbol para mantener mi espacio de seguridad.

 

Nuestra siguiente parada fue Bayon, el templo de las Caras. Es el más famoso del recinto de Ta Prohm, una construcción posterior a Angkor Wat. No tiene la fotogénica silueta de éste pero desde cerca impresiona: sonrisas y miradas desde varios ángulos le dan al entorno un halo misterioso e inquietante.

Nos recordó a la enigmática sonrisa de Mona Lisa, pero se cree que quizá represente al rey Jayavarman VII quién lo mandó construir pensando en el Bodhisattva, el camino que guiaba hacia el Nirvana. Para nosotros Bayon fue el templo de la lluvia. Durante unos minutos disfrutamos bajo el agua tras muchos días de calor, mientras los pocos turistas que había corrían a guarecerse, nosotros no dudamos en recibir un regalo que fue de los mejores del viaje.


 

 

 

La sorpresa del día llegó con Baphuon, un templo del que no habíamos oído hablar y se convirtió en mi favorito del recinto arqueológico camboyano. Su larga pasarela me pareció mucho más majestuosa que la de Angkor Wat y las vistas desde arriba se quedaron en mi memoria para siempre.

Uno de sus muros exteriores lo forma la silueta de Buda recostado, tuvimos que alejarnos y acercarnos para apreciar sus formas porque el desgaste en la piedra era notable. Construido en el año 1060 por el rey Udrayadityavarman II en sus bajo relieves muchas escenas de lucha y animales, aunque a esas alturas del día reconozco que ya estaba un poco "borracha" y desistí en adivinar que representaban.

 

Nuestro guía esperaba en el lugar acordado junto a otros tuk tuks. Agradecí un mundo sentarme y recorrer la carretera Charles de Gaulle que nos llevaba a Siem Reap, sintiendo el aire del atardecer en la cara. Tenía la cabeza llena de imágenes: ápsaras con graciosos peinados, nombres impronunciables de reyes khemeres, arcos sostenidos como por arte de magia, sin cementos ni hierros, con mil detalles llenos de significado que quería estudiar al volver a casa.

Terminaba nuestro primer día en las ruinas de Angkor. Para muchos la octava maravilla del mundo, para mí un lugar lleno de energía y misterio, un recinto con dioses, puntos cardinales, leyendas y una estrecha relación con la naturaleza. Uno de esos lugares de cuento de aventuras con los que sueña cualquier viajero desde la niñez.

Cenamos sintiéndonos afortunados, sobre todo recordando las palabras de nuestro querido recepcionista de Phnom Penh que no había visitado nunca Angkor. Nos fuimos pronto a descansar y a asimilar lo visto y lo vivido. Al día siguiente nos esperaban las ruinas de nuevo, iríamos en bicicleta...Pero ésa es otra historia que os contaré otro día.

5 Comments

  1. Kris dice:

    Ya sabes que solamente hace unos meses que nosotros visitamos Angkor. Curiosamente, nosotros el último lugar que visitamos (sin contar una visita rápida del primer día al caer el sol) fue Angkor Wat. Temía que si visitaba el templo más famoso de Camboya en primer lugar el resto no me iba a saber nada. Y me confundí pero bien. Lo primero porque nuestra primera jornada el sol lució todo el día, el cielo estaba azul y haber ido a Angkor Wat ese día nos hubiera regalado una imagen de postal. Sin embargo, los otros dos días que pasamos en Siem Reap el tiempo estuvo feo, el cielo plomizo y la lluvia hacía acto de presencia de vez en cuanto. Por eso mi imagen de ese templo fue triste, aunque disfruté sobre todo de esos bajorrelieves de los que hablas. Nosotros también, con unos apuntes en la mano, íbamos buscando escenas y personajes. Pero como bien dices, al final tuvimos que desistir antes tanto arte en aquellas paredes que curiosamente parecían olvidadas por los visitantes. La gente parece centrarse en otros puntos y en esas galerías o en el perímetro apenas nos cruzamos con otros visitantes. Por último coincido contigo en lo espectacular de otros lugares de los que no había oído hablar. Creo que la falta de visitantes y la calma de la que disfruté en ellos hicieron que para mi fueran más atractivos que ese templo imán que todos queremos ver en Camboya.
    Un abrazo

  2. Ningún lugar en el mundo me ha gustado tanto como Angkor. Veo que tú también lo disfruaste de verdad y no me extraña nada los nervios que tenías antes de entrar. Recuerdo que la noche anterior me costó conciliar el sueño por las ganas que tenía de visiatr Angkor. Hay lugares que de tanto leer sobre ellos, pueden decepcionarte un poco. desde luego, no es el caso de Angkor, donde la visita acaba superando todo lo que podías imaginar.

  3. ‪Sabíamos que visitar los templos de Angkor era imprescindible en cualquier viaje a Camboya. De hecho, estuvimos a punto de hacer una visita fugaz durante nuestro viaje de tres semanas por Tailandia, pero el precio de los vuelos y las horas a invertir en traslados nos hicieron desisitir de la idea…‬

    ‪Ahora que hemos leído tu post, nos alegramos de no haberlo hecho. No teníamos ni idea de la gigantesca extensión de los templos de Angkor y hubiera sido una pena dedicar sólo un día a su visita. ‬

    ‪Si ya teníamos ganas de viajar a Camboya, ahora tenemos muchas más. ¿Cuántos días nos recomiendas para visitar lo más imprescindible del país sin prisas? ‬

    ‪Saludos. ‬

  4. JOSE dice:

    Me parto con tu foto con la rama. ¿Estos macacos sólo roban comida o son muy amigos de lo ajeno? La verdad es que la grandeza de Angkor Wat impresiona, y pensar que sólo es una mínima parte de Angkor aún más. Como enamorado de las “piedras viejas” estoy deseando ir a Camboya y descubrir esta maravilla. Siempre que visito complejos o templos de este estilo me encuentro con que no suele haber información (al fin y al cabo son lugares religiosos, no sólo atracciones turísticas) y muchas veces si contratas un guía sólo te lleva a lo que el cree que es importante o no sabes si lo que te está contando es totalmente correcto. Y por supuesto, la información a la que se puede acceder (normalmente en inglés) es muy limitada. Menos mal que hay páginas como la tuya para iluminarnos un poco.

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Hola Jose,
      ¡Muchas gracias por tu comentario!
      Imagino que los macacos sólo querían comida, a fin de cuentas estábamos en su territorio, los gritos que daban eran insufribles y por un momento pensé que se nos tirarían al coco…De ahí el palo aunque no sería capaz de usarlo 😉
      Tienes razón sobre la información del lugar, no sé si ahora habrá paneles explicativos o algo así, pero cuando nosotros estuvimos (hace ya 8 años) no había nada. Sobre los guías tienes razón, hacen el recorrido típico y la verdad que a mí me agobiaba la idea de tener que ir con alguien, porque como enamorada de las “piedras viejas” prefería hacerlo a mi aire. Para los post sobre Angkor leo mucha información en otros idiomas (inglés y francés) porque la que encuentras en español no pasa de lo típico, lo que aparece en cualquier post sobre las ruinas.
      Ya le comenté a Noe que teneis que ir a Camboya, es un país muy amable y merece tantísimo la pena, aunque ya hace unos años que está algo saturado. Pero si además de Angkor visitais otros lugares del país conocereis realmente un pueblo encantador y pueblos maravillosos y llenos de historia.
      Un abrazo familia.

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