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Sighisoara (Rumanía, día 8)

Recuerdo el desayuno del Chic Caffe, de Sighisoara, como el mejor del viaje, y ya no solo por su sabor, sino por la atención y la amabilidad de la persona que nos atendió.

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Eran algo más de las nueve y solo había desayunado una manzana, en el bar de la estación de tren de Sibiu no tenían leche y el sorbo que le di al café solo que compartimos me destrozó el estómago.

Así que cuando apareció Eva y puso en la mesa aquel café tan bonito y una enorme omelette casi le doy un abrazo. Solo habíamos tenido que cruzar la calle al bajar del tren, para encontrarnos a nuestro ángel de la guarda, porque aquel día lo fue.

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Me veía cargando con la mochila todo el día, en la estación de Sighisoara no había consignas, el calor era horrible ya a primera hora y era de esos días que no me veía con fuerzas ni con ganas. En un estupendo español nos sacó de encima diez kilos dejándonos un espacio detrás de la barra, y siempre con una gran sonrisa, nos indicó el camino para ir al punto turístico por excelencia: la casa donde nació Vlad Tepes.

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En la parte baja de la ciudad vimos una iglesia ortodoxa pintada en blanco y negro, y yo que me quedé enamorada de la catedral de Sibiu no dudé en entrar para volver a apreciar los murales.

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Cruzamos el puente sobre el río Tarnava y tras esquivar algunos coches y al australiano de Cocodrilo Dundee empezamos a subir una estrecha calle de escaleras flanqueadas por pequeñas tienditas de recuerdos y algunos restaurantes. Aquello ya era más turístico que los anteriores lugares que habíamos visitado, se notaba que nos acercabamos a los lugares más conocidos de la leyenda de Drácula.

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Situada en lo alto de la colina, entramos en la ciudadela fortificada a través de la Torre del Reloj, emblema de la ciudad y el puesto de control más importante desde su construcción en el siglo XIV. En lo alto de sus más de 60 metros, destaca su tejado recubierto con azulejos, al igual que las cuatro torrecillas que lo rodean, pero lo que más llama la atención es su reloj.

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Sus figuras giratorias de madera son distintas en cada fachada (la que da a la ciudadela y la que mira hacia la ciudad baja) y uno de los motivos más fotografiados en las visitas de grupo.

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La torre fue sede del ayuntamiento y por allí pasaban desde prisioneros condenados a muerte hasta el mismísimo Vlad Dracul, el padre del que nosotros conocemos como Drácula, que vivía allí cerca.

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No sé muy bien qué esperaba pero aquello me decepcionó bastante. La Casa más famosa y fotografiada de Sighisoara no tengo muy claro qué es ahora. Recuerdo mucha gente y una escalera estrecha que conducía a una habitación-pasillo, un mural pintado aparentemente con pocas ganas, muebles de dudosa fecha, una vitrina con armas y una armadura. Eso era todo en uno de los lugares más visitados de Rumanía.

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Hasta esperamos turno para poder hacernos una foto en aquél, para mi gusto, cutre espacio, aluciné un poco más cuando al abrir una de las puertas (venga va, que seguro que aquí hay algo que merece la pena) me encontré con que era un restaurante. Un amable muchacho rubio me preguntó en inglés cuántos éramos para comer y yo solo pude contestarle que lo único que buscaba era a Drácula.

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Bajé a la entrada bastante ploff, menuda decepción más grande… Para quitarme el disgusto pensamos en comprar unos paquetitos de café con pegatina de vampiro incluido para regalar y disfrutar en casa. Mi sorpresa fue cuando mientras hacía cola para pagar leí en la etiqueta Made in USA.

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Sin café y con el chasco viajero del día rumiando en mi cabeza decidimos parar en un parque a tomar un helado delante de una blanquísima iglesia, mientras unos operarios se afanaban por limpiar una pintada escrita en francés.

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Recorrimos las torres defensivas que quedaban de la fortaleza, cada una dedicada al gremio que se ocupaba de su mantenimento y vigilancia. La Torre Croitorilor (sastres), Cizmarilor (zapateros), Fierarilor (herreros) o la Cositorilor, que contaba con la mejor situación de todas. Algunas restauradas y otras reconvertidas en pequeños negocios artesanales pero todas llaman la atención ya sea por sus tejados hexagonales, plantas desiguales, escaleras y pasarelas de madera…

 

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Llegamos a la Scara Şcolarilor (escalera de la escuela), construida en madera en 1642 para que los niños pudiesen acceder al colegio durante los inviernos lluviosos y nevados de Transilvania. Son 175 peldaños que salvan los 24 metros de desnivel entre las dos partes de la ciudad. Una de las cosas que más me gustó del viaje, tenían cierto aire de romanticismo…sino fuese claro por el ruidoso grupo de turistas que se agolpaban en la entrada haciéndose fotos.

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En la parte de arriba nos esperaba la iglesia de la Colina, que no visitamos por estar cerrada, y otra Torre, la de los Orfebres o Franghierilor, con la particularidad ésta de tener una pequeña y preciosa casita adosada.

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Y casi sin querer entramos en el cementerio, aquello sí que tenía la pinta perfecta para una ambientación de Drácula.Tumbas y lápidas sin ningún orden, entre hierbajos, silvas y enredaderas, ninguna flor ni detalle que indícase que aquellos muertos recibiesen visita.Quizá porque los allí enterrados eran alemanes dedujimos al ver los nombres en las lápidas. Sighisoara es de hecho una de las siete ciudades sajonas fortificadas de Transilvania y los alemanes tuvieron aquí importante presencia hasta la 2GM.

Dejamos uno de los cementerios más tristes que he visitado, sí, los he conocido casi alegres, con el recordatorio que rezaba el cartel de la entrada.

«Quien quiera que seas, piensa que el sitio en el que has entrado

es un cementerio »

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En lugar de volver por la escalera, escogimos una calle cualquiera y fuimos bajando hacia la plaza, teníamos el tiempo justo para tomar algo en el bar de Eva y coger nuestro siguiente tren.

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Y cómo no, paramos unos minutos a ver la famosa Casa cu Cerb, fotografiada por la cabeza de ciervo a tamaño natural de madera que tiene en la esquina de la fachada. Ni idea de porqué, sólo sé que actualmente es el Centro Cultural Rumano-Alemán.

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Nos despedimos de nuestra ya amiga de Facebook, Eva, no sin antes tomarnos unos riquísimos paninos y agradecerle el súper favor que nos había hecho. Dejábamos Sighisoara algo decepcionados en cuanto al tema Drácula, pero añadiéndola a la lista de las más bonitas de Rumanía y de las mejores ciudades medievales que he visitado.

En el tren compartimos impresiones sobre cómo iba cambiando el país, cuán diferentes habían sido nuestros primeros días en lugares como Arad o incluso en Cluj, a los pasados en Sibiu o esas horas en Sighisoara. Y también tuvimos tiempo, llego casi dos horas tarde, sin explicación a día de hoy, para charlar sobre nuestros temores sobre lo que nos encontraríamos en Brasov. Era el punto más cercano al Castillo de Bran, visita turística imprescindible y por lo de pronto con alojamiento más caro, imposible en el centro e impensable en los alrededores del castillo.

Era ya de noche cuando llegamos a Brasov y tras unas cuantas vueltas localizamos el hotel, muy cansados dedidimos no salir, alrededor todo estaba cerrado así que nos salvó la máquina de bebidas y chucherías del pasillo. Con unas cervezas en la ventana, un poco de lectura y apuntamientos varios sobre el itinerario terminaba el día.

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Habíamos decidido posponer al visita a Bran, pasaríamos el día en Brasov, no nos apetecían más trenes ni autobuses en al menos 24 horas. Ilusa de mí que no puse el despertador sin saber que al vecino le daría por ducharse unas seis veces durante la noche. Fui la primera del hotel en bajar a desayunar, cansada de dar vueltas e intrigada por si veía al hombre-anfibio. No tuve suerte, pero el desayuno compensó con creces la mala noche: pan fresco, buen café, fruta y queso.

El día comenzaba estupendamente para conocer un nuevo lugar.

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7 Comments

  1. Rumanía es un destino aún no demasiado masificado por los turistas. Nunca he visitado el país pero leyendo tu artículo merece la pena.

  2. Andy dice:

    Que lugar tan peculiar! Yo tambien me quede enamorada de ese mural azul y dorado. Bellisimo todo!

  3. Leticia dice:

    Flipando con el medio ciervo saliendo de una esquina. Ya me habían contado que si vas buscando temas de Drácula te quedas un poco ploff, pero también sorprenden las calles medievales. Por cierto, realmente os cruzasteis con Cocodrilo Dundee?

  4. Nos encanta el post! Por alguna razón Rumanía como destino turístico es algo que mucha gente no se plantea.. Es una pena porque además de lugares increíbles, la gente es muy amable y hospitalaria.
    Nos han quedado las ganas de leer un poco más!
    Un saludo 🙂

  5. Sandra dice:

    Se ve todo muy bonito la verdad, seguro que con el tiempo el turismo se desarrolla mucho más en Rumanía, irá a la par con el desarrollo económico del país.

  6. Cristina dice:

    Cierto que ver los lugares con sol es mucho más chulo… pero visitar ese cementerio en un día nublado sin duda hubiera sido mucho más siniestro!!! Y lo de tú búsqueda de Drácula que finaliza en un restaurante… ¡¡que genial haberte visto la cara en ese momento!!
    Un abrazo

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