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Una tarde de verano cualquiera en León.

Werder, la ciudad de las flores en Havelland.
mayo 24, 2021
 

-Estará en la catedral. ¿Entras tú a buscarla Javi?

-Debe conocer las vidrieras mejor que los restauradores. Venga, voy...¡No tardo nada!

Mientras Javi caminaba hacia la gran puerta del templo, Ángel se vio en la obligación de explicar qué hacía su amiga en el monumento más visitado de León. Pedro tenía cara de interrogante, aún no conocía a M. y no entendía que hacía una chica de su edad dentro de una catedral en plenas vacaciones.

-Es que no es de aquí. Y le flipa esta catedral, las vidrieras sobre todo. Cuando quedamos, como siempre llega la primera, nos espera dentro. Aprovechando el fresco de la piedra y alucinando con los colores y dibujos de los cristales.

Pedro asentía mientras se secaba el sudor con su pañuelo de tela. Aquél agosto había empezado fuerte y recién llegado a León, todavía no se había acostumbrado al calor veraniego. Tras un año fuera, tenía ganas de ver a sus viejos amigos y saber cómo les había ido en su nueva vida universitaria. Con Ángel y Javier había mantenido algo el contacto, un par de cartas y una llamada de cumpleaños que lo despertó de madrugada dada la diferencia horaria. Ellos estaban en León y Madrid, mientras él cursaba su primer año en una universidad estadounidense, siguiendo sus sueños infantiles de ser astronauta.


 

 


La Catedral de León fue construida a principios del siglo XIII en un espacio ocupado siglos atrás por un campamento romano y un palacio real. Es uno de los mejores ejemplos del estilo gótico en España y sus vidrieras uno de sus grandes reclamos.
Fue el primer edificio español en recibir la distinción de Monumento Nacional, en 1844, lo que protegía a la catedral como monumento histórico.


 

-Y qué...¿Algún descubrimiento nuevo en la catedral M.? Ángel siempre bromeaba con ella, le parecía curioso que alguien se emocionase con un edificio. Que no se cansase de visitarlo salvo que fuese su casa o su tienda favorita de vaqueros.- Menos mal que no cobran entrada, sino te saldría caro el verano jajaja!

-Pero tendría tu brillante mente empresarial para hacer algún negocio y no arruinarme Ángel. Hola, tú eres Pedro ¿no? Te he reconocido por tu polo de nubes. Encantada. ¿No te parece la catedral más bonita del mundo? ¿Sabías que un tercio de los trabajos de la catedral fue realizado por mujeres?

-Te lo dije Pedro. Es una flipi de estas piedras. Conoce un montón de curiosidades de la catedral de León que ni yo que soy de aquí sabía. Por cierto, Unai y Quesa se unen más tarde. ¿Tenéis algún plan?.-Javi, el futuro abogado y el más nervioso de todos, no dejaba de verse en el escaparate de la tienda de recuerdos intentando dominar su flequillo.


 

Mientras bajaban por la calle Ancha, el grupo se puso al día entre bromas, noticias y cotilleos. Los comercios empezaban a abrir aún sabiendo que no tendrían clientes hasta que bajase un poco el calor.

-Yo quería ver una exposición de Dalí que está en Botines. ¿Os apetece? Es que termina el día 17 y no quiero dejarlo para el último día. Venga Javi, que hay aire acondicionado y luego podrás alardear de haber visto algo de la obra de Dalí ante tus conquistas veraniegas.

-Pues de Dalí no tengo mucha idea. ¿Pero sabías que Gaudí murió atropellado por un tranvía? Pero si circulaban a dos por hora...Madre mía que forma estúpida de morir.

-Sí Javi, Gaudí, tranvía y Sagrada Familia suele ser el trinomio más usado para referirse al arquitecto catalán.- Pedro hablaba con cierta condescendencia y siempre parecía estar exponiendo un tema ante el profesor. Por mí genial, Dalí siempre me ha parecido un personaje interesante y creo recordar se inspiró en el modernismo de Gaudí para algunas de sus obras.

-Por aquí chicos, la "expo" es en el sótano así que entramos por el lateral. Dónde antes se almacenaban textiles ahora podemos ver grabados y originales de Dalí. ¿Os imaginais vivir en Botines? Por lo visto, en el primer piso vivían los dueños de la empresa y los superiores se alquilaban.


 

 


Gaudí fue recomendado para la nueva sede de una empresa textil, con viviendas y almacén en León a finales del siglo XIX. La construcción de Casa Botines duró diez meses, hecho que provocó el temor de los ciudadanos, convencidos de la fragilidad del edificio. El arquitecto catalán no dudó en pedir un informe técnico para recuperar la confianza leonesa.
Desde 2017 pertenece a la Fundación Obra Social de Castilla y León. Convertido en museo, es el tercer monumento más visitado de la ciudad.


 

-La verdad es que el edificio es de lo más bonito que tenemos en León. Tiene un aire romántico, una mezcla perfecta con esas torres delicadas y la piedra tallada de forma basta...Parece que en cualquier momento pueda asomarse una dama medieval con sombrero de cucurucho y velo.

-Tú sí que eres romántico, Pedro. Yo, de pequeño, cuando pasaba por aquí siempre creía que el cocodrilo se iba a caer de ahí arriba. Rodaría por las escaleras y San Lorenzo lo remataría justo delante de mis narices. Una historia con la que sería la estrella en el colegio ¡seguro!

-¿Os imaginais a Dalí en el colegio? Ése sí que era una estrella Ángel. Está chula la expo M., buena idea venir. Pero en nada deberíamos irnos, en media hora quedamos con éstos en el Burguer Kuin. ¿Habeis visto este ejemplar de "El Paraíso Perdido" de Milton?

-A mí siempre me han flipado sus personas con cajones. Es tal cual. Hay gente que es como un mueble hahahaha. Venga, vamos saliendo.



 

El bochorno de aquella tarde les acompañó mientras "bajaban" por Ordoño. Entraron en la hamburguesería con hambre y ganas de aire acondicionado. Tuvieron suerte y encontraron mesa libre. La novedad de pedir comida por un micrófono hacía que algunas tardes fuese misión imposible entrar en el local. Las largas colas eran más llevaderas con un helado de "El Valenciano", así que empezaban el menú por el postre.

Los dos amigos que faltaban llegaron a los pocos minutos. Nada que ver el uno con el otro. Unai, tan repeinado y planchado como siempre, no tenía muy buena cara. Mientras que Quesa, camisa por fuera y pelo alborotado como siempre también, no dejaba de sonreír y parecía feliz en una especie de burbuja particular.

-Cualquiera diría que acaba de empezar el verano...¿Todo bien, niño?.- Javi era el único tan directo con él. Unai no solía contar mucho de su vida, reservado y poco hablador, agradeció esta vez que su amigo le preguntase. Tenía ganas de contarles sus últimos meses, desde que había decidido dejar la universidad y seguir la tradición familiar.

-Sí, bien...Esta mañana he tenido la última entrevista en el cuartel y después comida familiar. Vengo saturado, pero al menos ya he terminado. En unas semanas me dirán el destino para incorporarme en septiembre.- la cara de los jóvenes debía ser un poema porque Unai se apresuró a añadir: Sí, que estoy seguro. No quería seguir estudiando y ésta es una salida profesional segura. Además, no veía a mi padre tan feliz desde....Ni me acuerdo.

-Bueno, al menos el verde te queda bien.- M. prefería no opinar sobre la decisión de su amigo de verano. Unai ya la conocía. Cuando él se lo contó en una de sus cartas, ella le respondió con unos versos de Lorca. Desde entonces se habían distanciado y no serían la pareja del verano por la que todos apostaban.

-Pues ya nos dirás dónde te toca Unai. Yo me apunto a ir a verte cuando vuelva a España en Navidades. Si es por el sur, mejor que mejor, que ya sabes que yo prefiero el calor. Por cierto, tengo que pasarme por "La Bicha". ¿Alguien se apunta?.- Pedro prefería cambiar de tema. Era el mediador del grupo, siempre intentando evitar que sus amigos se enzarzasen en temas delicados. Muchos años paseando por el claustro del Palacio de Guzmanes, mientras su madre trabajaba en el piso superior, habían añadido una dosis extra de calma, paciencia y templanza.


 

 


El arquitecto Rodrigo Gil de Montañón fue elegido por el obispo de Calahorra, apellidado Guzmán, para construir el palacio en el siglo XVI, sobre parte de la muralla romana y los restos del anterior palacio familiar.
La actual sede de la Diputación de León tiene dos plantas soportadas por arcos y un claustro magnífico. Columnas jónicas, vidrieras y gárgolas de piedra pueden verse en este ejemplo de palacio renacentista.


 

-Yo sí voy contigo al Húmedo un rato Pedro. Llevo tanto tiempo sin tomarme unas cañas decentes. No he encontrado ni un bar guay cerca de casa en todo el curso.- Quesa movía la cabeza para dar más énfasis a sus palabras mientras devoraba su hamburguesa con extra de pepinillos.

- Es lo que tiene vivir en una urbanización querido. Problemas del Primer Mundo los tuyos. ¿Al menos los estudios bien? Pareces más informático que la última vez que nos vimos jajaja ...

-Sí, mucha presión, pero bien. Aunque estoy pensando en pedir una beca para irme un par de años fuera. Si me sale, Angel, te dejo solo en la capital.

Quesa les contó sus planes mientras salían hacia el Húmedo. Durante un par de horas, bebieron, bailaron y se divirtieron como cualquier verano. Saludaron a compañeros de colegio en el "Matasiete", compartieron incertidumbres en el "Octubre Rojo" y soñaron con viajes futuros mientras dejaban atrás las calles leonesas más famosas.

Un viejo cartel añadió (aún más) añoranza a aquél reencuentro. Entre risas recordaron las excursiones con el colegio y sin planearlo surgió la excursión para ese fin de semana.

-¡Genial! ¡A Valporquero como en los viejos tiempos!.- Javi estaba entusiasmado como si fuese un viaje a Las Vegas. Visitamos las cuevas y nos quedamos a comer por ahí.

Yo me apunto.- contestó M. Pero el sábado, que el domingo quiero ir al Rastro. Tengo que ver si he traído botas, la última vez, salí con barro hasta las rodillas. Pero sí, ¡vamos juntos a pasar el día!


 

 


A poco más de 40 kilómetros de León se encuentra la cueva de Valporquero. El entorno natural, Hoces de Vegacervera, es espectacular, atravesado por el río Torío y con un tesoro de galerías y salas subterráneas que pueden visitarse desde 1966.
Hay varios recorridos, siempre con guía, en los que admirar impresionantes estalactitas y estalagmitas de curiosas formas, la Gran Vía: un pasillo de más de 200 metros, la enorme sala llamada Gran Rotonda o el Cementerio estalactítico.


 

Tras organizar el nuevo plan a uno de los tesoros de la región leonesa, se despidieron. M escogió el camino largo, prefería dar más vuelta para poder pasear cerca de la muralla. Pensaba en sus amigos mientras se dirigía a casa. Sólo había pasado un curso escolar, su primer año universitario, pero estaban distintos. Pequeños detalles, sueños futuros, respuestas inesperadas, gustos musicales nuevos...Pero en el momento de la despedida, el grupo volvió a la infancia. Volvieron a ser pequeños mosqueteros sin D'Artagnan. Y el sonido de las antiguas piedras romanas hizo que su grito sonase aún más fuerte.

- "Y a quien no le guste León, ¡ahí tiene la estación!"


 

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