Hierápolis, la sorpresa del viaje. (Turquía, día 5)

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Miércoles, 12 de Octubre 2011.

Cuando pensábamos que el día ya había merecido la pena tras la visita al Castillo de Algodón, descubrimos que Pamukkale aún tenía mucho más que ofrecer. Caminábamos hacia el centro del pueblo para comer y vimos el cartel que anunciaba una impresionante ciudad, la Hierápolis. Turquía seguía sorprendiéndonos en el quinto día de viaje por el país.

 
 

Fue un posible sucesor de Alejandro Magno su fundador. Eúmenes II, rey de Pérgamo, convirtió la ciudad en una de las más ricas de Asia Menor. Estrabón contaba en sus escritos que el agua caliente de la zona era perfecta para fijar el color al hilo de la lana, siendo la tintura de tejidos la actividad fundamental del siglo I dC.
Restos de templos griegos, iglesias cristianas o un gran teatro romano resistieron a innumerables terremotos e hicieron que la Hiérapolis fuese incluída en la Lista Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1988.

 

Lo primero que visitamos fue el Museo, dos grandes salas abovedadas, ubicadas en las antiguas Termas del siglo II. En una de las salas se encuentran los monumentos funerarios, sarcófagos o estatuas de dioses, algunas increíblemente conservadas.

En la segunda sala se encuentran los pequeños objetos de la vida cotidiana, algo que me encanta ver. Los cuencos, platos y vasijas, qué cocinarían, por qué manos pasarían todas esas monedas, imagino a quién podrían pertenecer las joyas, los adornos para el pelo, los collares...Y también, siempre pienso en lo que debe ser descubrir algo así.

 

Detrás del museo están los restos de una basílica del siglo VI, época durante la cual la Hierápolis fue cristiana. Una gran escalera conduce al Templo de Apolo, el patrón de la ciudad, donde el año pasado se descubrió la Puerta de Plutón. Fue al reconstruir la ruta de un manantial termal como la encontraron, ya que había sido totalmente arrasada por los cristianos. Restos de columnas jónicas con inscripciones dedicadas a Plutón y otros dioses del inframundo, indicaron que se trataba de la entrada de los infiernos.

En este lugar los sacerdotes sacrificaban animales para como ofrendas a Plutón, quién les enviaba gases mortales. Sólo los eunucos de la diosa Cibeles (fertillidad) podían atravesar aquella puerta por lo que el lugar se convirtió en famoso por sus ritos de incubación. Los visitantes arrojaban pequeños pájaros en la entrada para ver cómo morían, se daban baños en las aguas termales y después dormían cerca de la cueva, lo que les provocaba visiones por los vapores de las aguas subterráneas de la zona.

Y no sé si sería el subconsciente o qué pero nuestros pies tomaron otra dirección. Queríamos ver el Teatro, construido después del terremoto del año 60 d.C., y magníficamente conservado. En el escenario se aprecian algunos relieves y en el centro de las gradas, la cavea destinada para los invitados más distinguidos. Y yo que me enamoré de Espartaco, quizá demasiado joven, y no me canso de ver películas de romanos, cada vez que estoy ante un sitio así, no puedo evitar quedarme, sentarme y una vez más, imaginarme cómo sería todo aquéllo.

 

Tanta emoción y descubrimiento nos recordó que no habíamos comido nada y apenas dormido. Así que decidimos volver al hotel y dejar el resto de la visita para el día siguiente. No encontramos demasiados sitios abiertos, ni rastro de turisteo, el lugar que elegimos para comer no resultó nada bueno, pero encontramos una tiendina de barrio. El hombre que atendía era muy mayor pero nos sonreía mucho mientras comprábamos quesitos, galletas y otras trapalladas. Como habíamos leído que Pamukkale es una región muy conocida por sus vinos, no podíamos irnos sin probarlo así que elegimos uno al azar y nos fuimos a la terraza del hotel mientras ya se hacía de noche..

El cansancio, la tranquilidad del lugar y también el vino fueron los culpables de que durmiesemos mejor que las últimas tres noches juntas. Nos despertamos con muchas ganas de seguir la visita, desayunamos mientras un pequeño de unos cinco años no apartaba la vista de la dibujos de la tele y después de explicarle al señor que volveríamos al mediodía a recoger las mochilas, nos dirigimos de nuevo a la Hierápolis. No había nadie, pero nadie nadie, por lo que pudimos disfrutar de aquella maravilla solos.

 

Raymond Chandler visitaba las mismas ruinas allá por el año 1765, de unos años después datan las primeras descripciones de la cidudad y de 1898 es la 1ª amplia colección de inscripciones de la necrópolis. Los trabajos de reconstrucción empezaron en 1957, dirigidos por el arqueólogo Francisco D'Andria, y a día de hoy siguen apareciendo auténticas maravillas. En 2009 fue una colosal estatua de Apolo (uno de los dioses más influyentes de la antigüedad ), del siglo I d.C, apareció partida en dos, sin brazos y sin cabeza y debía medir unos 4 metros de alto..

Unos meses antes de nuestra visita, D' Andria anunciaba el descubrimiento de la Tumba de San Felipe, uno de los doce apóstoles, en los restos de una iglesia. Fue enviado a catequizar Turquía (año 87) y en la Hierápolis fue lapidado y crucificado por los romanos, de hecho hay un santuario erigido en su memoria al que acudían los peregrinos cristianos. El Martirio de San Felipe, un momunto octogonal construido en el siglo V que tendría una escultura del santo en el centro. La otra versión, la del evangelio, cuenta que el tímido apóstol murió de edad avanzada, sus restos fueron trasladados a Constantinopla y de allí a la iglesia de los 12 Apóstoles en Roma. De hecho pueden verse cómo siguen trabajando en la zona, por lo que seguro que seguirán descubriéndose nuevos fragmentos de historia.

 
 

Atravesamos la puerta norte, que formaba parte del sistema de fortificación y contaba con dos torres de planta cuadrada. Fue construida con materiales del Ágora a finales del s. IV dC y pueden observarse símbolos cristianos en la fachada. Entramos así en la Via del Frontino o calle principal, construida durante la dinastía Flavia. A los lados de sus 14 metros de largo estaban las tiendas y casas, el suelo está casi perfecto y caminar en aquella soledad, en aquel silencio contrastaba con lo que debía ser en pleno bullicio el eje comercial de la ciudad.

 

Dejamos atrás la Puerta de Domiciano y entre ruinas llegamos a la necrópolis. Es el cementerio más grande de Turquía, con más de mil tumbas de época griega, romana o bizantina. Eran muchos quienes venían de lejos para ser enterrados aquí por su condición de ciudad sagrada. Hay auténticas obras de arte: mausoleos familiares con techos y ventanas, decorados frontones, sarcófagos de mármol para los de castas superiores...Pero sin duda las más bonitas son las que se encuentran bordeando las terrazas de Pamukkale.

 

 

Así terminaba nuestra visita, dejamos atrás a nuestros únicos compañeros de paseo (los caracoles) y un lugar con muchísima historia. Antes de ir a recoger las mochilas y viendo que no había mucha gente, nos acercamos a la Ancient Pool, que con sus 36º era recomendada para el sistema respiratorio, problemas reumáticos, post - operatorios... Convertida en el centro del descanso veraniego, ahora está rodeada por la tienda de recuerdos, un restaurante-bar y un montón de gente que intenta hacerse un hueco en la piscina. No es demasiado grande y tiene en el fondo restos de columnas y arcos. Algo que queda precioso y es uno de los atractivos principales, pero dificulta los movimientos cuando intentan bañarse dos grupos de excursionistas a la vez.

Nos llamó la atención el cartel del Doctor Fish, algo que conocíamos pero aún no habíamos probado. Aún estaba abriendo al público, nos atendió una chica muy agradable que nos regaló una de las sesiones para que probásemos (lo cual fue genial porque no era nada barato). Así que no dudamos en pasar nuestros cansados pies por la ducha y meterlos en unos tanques mientras la gente se acercaba con curiosidad. Durante media hora unos pequeños peces (llamados Garra rufa) se divirtieron de lo lindo mordisqueándonos los dedos y haciéndonos cosquillas en los pies en una especie de peeling de lo más natural.

Volvimos a recoger las mochilas, unos minutos en una parada llena de escolares que volvían de clase y llegó la furgoneta que nos llevaría a nuestra siguiente parada en Turquía. Éfeso y la impresionante biblioteca de Celso nos esperaban.

 

12 Comments

  1. Patri dice:

    Ohhh ¡qué recuerdos del verano pasado cuando estuve en Pamukkale! Me gustó mucho Hiérapolis, me pasó como a ti que no me la esperaba, yo iba pensando solo en el castillo de algodón y me sorprendió mucho (y tampoco la había estudiado). Qué gozada bañarse luego en la piscina antigua, en agua calentita y rodeada de columnas, aunque sí que es verdad que demasiadas tiendas, y los restaurantes caros y malos, como todo sitio ultra-turístico. Un abrazo de la cosmopolilla.

    • Maruxaina dice:

      Hola Patri!
      Yo estuve en octubre de 2011 y tuve suerte porque apenas había gente,creo que ahora está muchísimo más “explotado”.De hecho yo no pude bañarme como tú!
      Es un lugar único y muy recomendable 🙂
      Un abrazo!!

  2. Netikerty dice:

    Me encanta todo lo relacionado con civilizaciones antiguas, y las ruinas me apasionan. No conocía este sitio, así que me lo apunto, pero ya 🙂

  3. GranPumuki dice:

    Muuuuuchas ganas de conocer Turquía. Voy tomando notas.

    Saludos,
    GranPumuki

  4. Cristina dice:

    Fantástico lugar, que bien me has mostrado la ciudad romana, a mi como a ti, desde que Espartaco, Ben Hur y Quo Vadis se cruzaron en mi camino siempre intento ver lo que hubo más allá de las ruinas y restos que han llegado a nuestros días.Y desde luego, me ha llamado la atención la forma de acabar el día con los pies en remojo… sobre todo porque yo pensaba que eso era más oriental. Un abrazo y gracias por este post tan especial.

  5. Hola guapa!

    No conocía estas ruinas, pero me ha parecido un lugar fascinante!!
    Llenito de Historia, como nos gusta a nosotros. Encima de los romanos, que a Andrea le apasionan.
    Parecen bien conservadas y sin demasiados turistas, no?
    Tenemos muchas ganas de volver a Turquía! Gracias por la idea 😉
    Un besazo

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Hola Paula,
      Es un lugar de lo más interesante para los amantes de las historia, en el que siguen trabajando y descubriendo tesoros. Nosotros fuimos en 2011 y como ves en las fotos estabamos solos, creo que ha cambiado bastante, si vais os aconsejo madrugar para llegar antes que los autobuses que van a pasar el día de excursión.
      Yo también soy una “friki” de los romanos 😉 Besos!

  6. Cristina dice:

    ¡Vaya preciosidad de lugar! Es de estos hallazgos casuales que luego recuerdas con cariño. Un lugar lleno de historia que desconocía por completo.

    Muchas veces merece la pena ir más allá de lo habitual en una visita, está claro.

    Un abrazo.

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Cris que alegría leerte!Para mí también era de lo más desconocido, creo que sin duda fue el descubrimiento del viaje. Un abrazo y gracias por la visita 🙂

  7. Mauxi Leal dice:

    Gracias a tu post hoy he aprendido unas cuantas cosas sobre un destino al que, confieso, no he prestado mucha atención anteriormente. Pero nunca es tarde para cambiar de idea!! Un abrazo.

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