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Estambul. Mezquita Azul, Santa Sofía y la noche en el Bósforo. (Turquía, días 1 y 2)

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Sábado, 8 de Octubre 2011.

Llegamos a Estambul a primera hora de la tarde, después de una breve escala en Roma, aterrizamos en Ataturk el aeropuerto principal de la capital turca.

Estabamos en octubre, oscurecía pronto y no queríamos que nos pillase la noche buscando el alojamiento, así que no nos entretuvimos. Tras cambiar unos euros en liras turcas, buscamos la entrada al metro para ir al centro de la ciudad. Había mucha gente, las máquinas de venta de billetes sólo estaban en turco, pero conseguimos finalmente que saliesen para nuestra sorpresa unas fichas como las de los coches de choque.

 

Conocimos los jetones, que además de para el metro sirven también para el tranvía, el autobús y el funicular. Equivalen a un billete sencillo y cuestan unas 2 liras turcas (algo menos de 1 euro). Teníamos que ir en dirección Aksaray (Casco Antiguo), bajar en Zeytinburnu (Sultanahmet) y allí coger el tranvía que nos dejaría en Sirkeci.

 
 

El trayecto no lo recuerdo demasiado bien, pero sí que los vagones estaban llenos, muchos empujones y caras muy serias. Algo más de una hora después llegabamos, habíamos escogido la Estación de Tren de Sirkeci como referencia para encontrar el alojamiento reservado. Pero también porque una enamorada de los trenes como yo, no podía dejar de visitar tan bonito e histórico edificio.

El color rosado de su fachada deja paso a un interior con unos techos altísimos, detalles preciosos de madera oscura y relojes puntuales que ya nadie observa. Tiene un aire romántico, puedes trasladarte en el tiempo e imaginar cómo descendían de los preciosos vagones pasajeros de la realeza europea, espías internacionales o artistas y políticos atraídos por la bella Constantinopla. Actualmente hay un pequeño museo gratuito con objetos relacionados con el ferrocarril y un restaurante que, como no, se llama Orient Express.


 

 

El sultán Abdulaziz mandó construir la estación para ampliar el trayecto existente y mejorar así las relaciones comerciales. Fue inaugurada en 1890, coincidiendo con el primer viaje del Orient Express.
El magnífico tren salía de París mientras sonaba la Marcha Turca de Mozart y lo haría hasta que en 1977 dejó de realizarse el trayecto París- Estambul.

 

Salimos al presente y nuestra sorpresa fue que el sitio en el que dormiríamos estaba a menos de 5 minutos de allí. El edificio debió ser precioso en su momento, no había nadie en recepción, pero un señor que estaba viendo la tele nos indicó un lugar para dejar las mochilas mientras nos ofrecía un té. La habitación era sencilla pero grande, pagamos las dos noches y nos situamos en el mapa que habíamos cogido en el aeropuerto.

Ya era casi de noche así que decidimos salir a dar una vuelta. Caminando llegamos al puerto de Eminönü donde había muchísima gente paseando, luces, barcos y chiringuitos de comida y dulces.

Está dividido en diez muelles desde los que parten barcos turísticos por el Bósforo pero también es una buena forma de llegar a distintos puntos de la ciudad. Nos encontrabamos bastante cansados así que sin pensarlo mucho nos vimos comprando los billetes para ver Estambul desde el agua del estrecho que separa la parte europea de la asiática.


 
 

Pasamos bajo los dos puentes, el del Bósforo, inaugurado en 1973 y que a mí me recordó al puente de Rande en Vigo y el segundo construido: el puente de Fatih Sultán Mehmet. En el barco la mayoría eran turcos, había hilo musical y varias parejas se hacían fotos de enamorados al pasar bajo los puentes iluminados. Hasta que una niña se puso a vomitar (ante la impasibilidad del padre) rompiendo todo momento romántico posible.

Volvimos caminando al hotel, encantados de que poder movernos a pie por la ciudad. Ya en la habitación organizamos un poco lo que teníamos previsto ver al día siguiente y no tardamos en quedarnos dormidos.


 

Domingo, 9 de Octubre 2011.

Fue la lluvia quien me despertó temprano golpeando con fuerza contra el cristal de la ventana. El día estaba gris, igual que el humor del señor que encontramos en recepción. Aún así fue muy amable al dejarnos un paraguas para salir a visitar Estambul.

Nuestra intención era ir primero a Santa Sofía, plano en mano salimos a la lluvia, era muy temprano y en la calle no había mucho movimiento aún. Por alguna callejuela nos metimos que en lugar de acceder por la puerta principal, lo hicimos por la parte este. Encontramos una sala donde están los mausoleos, no había nadie y la entrada era gratuita así que entramos.

 
 

Mientras nos descalzábamos, el chico de seguridad, bastante aburrido y con ganas de hablar, nos contó que allí estaban enterrados cinco sultanes con sus respectivas familias.

El mausoleo más impresionante es el de Selim II, hijo del sultán Suleimán "El Magnífico", quien perdió la batalla de Lepanto contra los cristianos y era conocido por su afición a la bebida. También nos explicó que las tumbas sin el turbante blanco eran las de las mujeres y algo relacionado con los azulejos pero que no conseguimos entender muy bien.


 
 

Después de la agradable charla, en la que no pudo faltar el preguntarnos si eramos del Barça o del Madrid, nos despedimos agradeciéndole la breve clase y dejamos la tranquilidad del lugar para ponernos a la cola en las taquillas del símbolo de Estambul por excelencia: la basílica de Santa Sofía.

A pesar de ser tempranísimo, la cantidad de gente que esperaba para entrar era enorme. Sorteando los paraguas conseguimos hacernos con nuestra entrada ya que el templo es museo desde 1935. Alquilamos unas audio guías y nos aislamos de los gritos exteriores para conocer la historia del que fue durante muchos años, el monumento más importante de la cristiandad (es anterior a San Pedro del Vaticano).

Fue encargada por el emperador Justiniano (532), para reemplazar a las antiguas construcciones y se dice que también para satisfacer los deseos de su esposa.
Más de diez mil obreros trabajaron durante casi seis años, empleando materiales procedentes de saqueos a templos griegos o del gimnasio de la preciosa ciudad de Éfeso.
En la entrada pueden verse los restos de la iglesia de Teodosio II. Los mosaicos bizantinos y la gran puerta de madera de cedro, proveniente de Líbano, dan acceso a la nave.


 

La impresionante basílica, con una cúpula de 56 metros de alto, albergó a los fieles cristianos hasta 1453, cuando el sultán Mehmett II toma Constantinopla. Esa misma noche da un discurso en su interior y desde entonces el templo sería una mezquita.

En su interior se cuelgan unos medallones de más de siete metros de diámetro con los nombres de Alá, Mahoma y los cuatro primeros califas. Los mosaicos bizantinos son recubiertos con yeso, se escriben versículos del Corán en la cúpula, la luna de cuarto creciente sustituye al crucifijo y en el exterior se añaden los cuatro minaretes.


 

Sinceramente me impresionó menos de lo que esperaba, me resultó lo más agobiante de todo el viaje, era imposible detenerse, fijarse en detalles, caminar más de cuatro pasos sin chocar con alguien. Además la gente pretendía hacerse una foto en cada rincón, con las poses más increíbles y sin importar lo que pudiese molestar al resto.

Lo que más me gustó fue la vista desde la parte de arriba y, sobre todo, los únicos minutos de tranquilidad que conseguimos durante toda la visita, asomándonos a una ventana.


 
 

Con esta preciosa imagen abandonamos el lugar, para perdernos por las calles mientras buscabamos un sitio para comer. Por la tarde, habíamos pensado ir al Palacio Topkapi pero la lluvia seguía con nosotros, así que nos fuimos a la Mezquita Azul. A diferencia de Santa Sofía no es un museo y gracias a eso, el ambiente que se respiraba era totalmente distinto.

En la entrada dejamos el calzado y me cubrí la cabeza (obligatorio para las mujeres). Apenas gente dentro, mucho silencio y más de veinte mil azulejos con fondo azul cubriendo las paredes, explicaban el por qué había dejado de ser conocida por su nombre original, Sultanhamet Camii, para llamarse Mezquita Azul.


Me encantó. Sentada a los pies de una de sus patas de elefante, un impresionate pilar de más de cinco metros de diámetro, pude contemplar tranquila lo bonita que es. Más de doscientos ventanales y unas gigantescas lámparas cuelgan del techo de la mezquita.

Fue terminada diez años antes que San Pedro del Vaticano y mientras se construía, se dice que el sultán Ahmet I, muy preocupado por las obras y con muchas ganas de superar a Santa Sofía, acudía todos los viernes como un obrero más a trabajar.

 

Cuando salimos ya había oscurecido y nos sentamos un rato en el parque de Sultanhamet. Allí se encuentra el Obelisco de Teodosio, el monumento más antiguo de la ciudad ya que es originario del templo de Karnak en Egipto. Fue llevado en barco, teniendo que cortarlo para ello, por orden del emperador para instalarlo en el hipódromo de Estambul.

Años después otro emperador, Constantino, saquea el templo de Apolo en Delfos, para hacerse con la Columna Serpentina. Una maravilla que puede verse en ese mismo parque. Y un poquito más adelante, está la fuente que el emperador Guillermo II de Alemania le regaló al sultán cuando visitó Estambul en 1895.

Allí se concentraba mucha de la historia de la ciudad. Una mezcla de muchas culturas, como una especie de parque temático: los minaretes de la Mezquita Azul, la silueta iluminada de Santa Sofía, las inscripciones egipcias del obelisco, el arte griego en aquella columna...Es sin duda uno de los recuerdos más bonitos que tengo de Estambul.



 
 

Para recuperarnos de tanta belleza, datos y curiosidades nos fuimos a un local cerca el hotel a cenar. Nos llamó la atención por su pequeñisimo balcón lleno de luces, farolillos y adornos de colores. Subimos las estrechas y empinadas escaleras y nos sentamos en una de las dos únicas mesa que entraban en aquella improvisada terracilla.

Allí medio escondidos entre tanto adorno, podía ver la calle sin ser vista, algo que me encanta. El tráfico, las tiendas llenas de preciosos tesoros, locales de vuelta a casa y turistas en sandalias sorteando los charcos. La noche estaba realmente agradable, por fin no llovía, la cerveza era baratísima y la comida muy rica, así que el día terminó perfecto.

Habíamos consultado el tiempo y seguiría lloviendo en Estambul, así que decidimos cambiar el itinerario. En lugar de quedarnos en la capital, nos iríamos al sur, cogeríamos un autobus a última hora de la tarde con destino a Denizli y desde allí nos enteraríamos cómo podíamos llegar a Pamukkale.

Con la ilusión de estar más cerca del objetivo de nuestro viaje, el Castillo de Algodón, nos quedamos dormidos mientras fuera empezaba de nuevo a llover. Como si desde arriba alguien se encargase de limpiar la ciudad para que Estambul reluciese al día siguiente, como su Cuerno de Oro.

13 Comments

  1. Eduardo dice:

    Me encanta tu relato. No conozco Estambul pero ya he aprendido unas cuantas cosas. Gracias por contárnoslo tan bien. Un saludo.

  2. CompassTrip dice:

    Me ha encantado! Estuvimos hace un mes y poco y me has recordado todos los momentos mágicos de esta ciudad. Es increible!

  3. Patri dice:

    Qué belleza de Estambul, ¡quiero volver! Je je je me ha dado la risa al ver las fichas del metro, yo también pensé en los coches de choque 🙂
    Creo que lo que más me gustó fue Santa Sofía, es preciosa… Pero la parte este donde están los mauselos me faltó, de hecho no sabía que existía, así que me la apunto para la próxima 😉
    Un abrazo de la cosmopolilla

    • Maruxaina dice:

      Lo de las fichas de metro es genial 🙂
      A mí la verdad me gustó más la Mequita Azul, quizá porque Sta. Sofía estaba llenísima durante nuestra visita.
      Es una ciudad a la que yo también querría volver para seguir descubriendo.
      Un beso grande!

  4. Que envidia (sana) es uno de mis viajes pendientes…..pero nunca encuentro vuelo económicos 🙁
    Tomo nota de todos los consejos, sobretodo para el metro 😉

    • Maruxaina dice:

      A nosotros nos salieron los billetes bastante caros pero porque fue hace unos añitos…Seguro que pronto encontrais un chollo y podeis conocer Estambul,os encantará.
      Saludos!!

  5. […] con la imagen de Santa Sofía en mente, desde fuera no parece nada atractiva con sus ladrillos rojos y amarillos. Aunque detalles […]

  6. […] con la imagen de Santa Sofía en mente, desde fuera no parece nada atractiva con sus ladrillos rojos y amarillos. Aunque detalles […]

  7. Felipe Toloza dice:

    Muy bueno! Saludos.

  8. Rubén dice:

    Estambul es una de mis ciudades favoritas en el mundo, llena de historia en cada paso que das y con el Bósforo y las múltiples mezquitas como telón de fondo. Estoy de acuerdo contigo en que aunque tanto Santa Sofía como la mezquita azul son maravillosas, esta última es más íntima e invita más a la meditación y a la observación. Qué gran relato de Estambul, te felicito!!

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