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Arad, la ciudad del primer tranvía. (Rumanía, día 1)

Rumania. Información práctica.
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Lunes 5. Tras ocho geniales horas en Barcelona, donde aprovechamos el tiempo al máximo, nuestro avión con destino a Rumanía nos esperaba. Volamos a Timisoara, porque nos pareció un buen punto de partida, tras haber consultado otras opciones como Cluj-Napoca (más coveniente si sólo quieres visitar la zona de Transilvania) o Bucarest (normalmente más caro).

Nuestros planes eran esperar unas horas en el aeropuerto, ya que el avión llegaba a la 1.30 de la mañana, y después irnos en tren o bus a Arad, allí nos esperaba nuestro primer y único alojamiento reservado de los 21 días de viaje por el país.

 

El aeropuerto es pequeño, y al no tener equipaje facturado en 2 minutos estabamos fuera. Nos recibió una noche de mucho calor y varios taxis a la espera de clientes con ganas de irse a casa. Como era de suponer uno de sus conductores no tardó en acercarse y sorpresa la mía cuando nos habló en italiano.

Su oferta era llevarnos directamente a Arad, por dodici (12) euros, le repetí la cantidad varias veces, en varios idiomas y con gestos, para evitar malentendidos y como nos pareció barato y realmente estábamos cansados decidimos aceptar.

 

Arad se encuentra a sesenta kilómetros de Timisoara, donde está el aeropuerto internacional con aerolíneas de bajo coste. Rumanía cuenta con más de quince aeropuertos, siendo los principales los dos de Bucares, la capital.
Junto con Oradea, Arad forma parte de la región del Banato y está cerca de la frontera con Hungría. La influencia de ésta comunicad es notable en la localidad rumana.

 

Viajamos con una señora mayor, también recién aterrizada, que se bajaría unos kilómetros antes. Ella sólo hablaba rumano así que no pudo participar en nuestra amena conversación durante todo el trayecto con el taxista de cuñado italiano. Nos preguntó quién era el sustituto de Zapatero, y para nuestra sorpresa, estaba todo preocupado con el tema de la independencia de Cataluña. Le extraño que fuésemos a estar en su país tantos días y nos recomendó no ir a Bucarest porque te roban seguro.

Al llegar a Arad, nos iba explicando lo que veíamos a derecha e izquierda cuál guía turística y hasta se molestó en llamar por teléfono para averiguar dónde estaba la Pensiunea que teníamos reservada (así que 2 cosas ya sabíamos: no estaba muy en el centro y no era conocida). Tras varias calles y callejuelas llegamos a nuestro destino. Decidió esperar para ver si nos abrían, eran más de las tres de la mañana, porque sino se ofrecía a llevarnos a un McFlurrry que había 24 horas.

Todo amabilidad y sonrisas hasta que llegó el momento de pagarle, cuando nos pidió 20 euros en lugar de los 12 acordados. Por aquella distancia hubiera sido razonable, pero me fastidió que nos engañase y así se lo hice saber al taxista que de repente no me entendía. Decepcionada por su caradura y cansada le pagué lo que pedía para zanjar el tema y poder irme a dormir.

La chica que nos abrió apareció en pijama y con cara de sueño, algo comprensible dada la hora que era (luego vi que no, el pijama era su atuendo habitual, mañana, tarde y noche). No sé muy bien cómo nos entendimos porque solo hablaba rumano y parecía seguir durmiendo pero conseguimos hacer el check-in. Ya estábamos en la Pensiunea Xo Residence, con habitaciones muy grandes decoradas por un amante de las flores de plástico y las telas de tul.

 
 

Tras una reconfortante ducha, el cansancio acumulado de más de un día de viaje nos hizo cerrar los ojos casi enseguida, no sin antes recordarnos que desde ese día mejor el precio escrito en un papel. Al día siguiente nos lo tomaríamos de relax, piscina y paseo por Arad, la ciudad que cien años antes inauguraba el primer tranvía eléctrico de Europa.

 
 

Los mosquitos fueron los protagonistas de nuestra primera noche, así que tras muchas vueltas y 6 horillas de sueño decidimos ponernos en marcha. El horario del desayuno ya había terminado, pero la chica de recepción, la del pijama, se ofreció a hacernos unos cafés con leche mientras veía en la tele nada menos que el Gran Hermano Rumano.

La cafeína y los gritos televisivos hicieron su efecto y algo más despiertos salimos hacia un calor terrible y a una calle que a la luz del día, me recordó a un barrio argentino.

Justo al ladito de la pensiunea había una tiendecilla de esas que venden de todo. Tras varios intentos conseguimos hacernos entender para comprar agua (importante especificar si la quieres con gas o no) la señora toda maja ella nos miraba como si hubiésemos bajado de una nave espacial, cogió los euros agradecida y los guardó con delicadeza en su delantal.

 
 

Caminamos hasta el centro, para cambiar nuestros euros en la moneda oficial de Rumania: el lei. En la calle principal, el Boulevard Revolutiei, hay varias casas de cambio y no hay diferencia entre ellas, cambiamos 50 euros que se convirtieron en 217 brillantes y nuevísimos billetes. Aprovechamos para recorrer esa amplia avenida, que a lo largo de sus dos kilómetros cuenta con edificios del siglo XVIII así como bloques de la época comunista.


 
 

Un paseo por el centro es agradable, el Ayuntamiento de noche iluminado es precioso y en la Strada Metianu , calle peatonal paralela al B.Revolutiei, nos encontramos un bar cubano. Se llama, como casi todos, La Bodeguita del medio, con carteles del Che y bufandas de equipos de fútbol españoles, una carta con cervezas internacionales y los dos únicos heavys que vimos en toda Rumanía.

Lo mejor del día fue sin duda la charla con un cura ortodoxo, quien amablemente se ofreció a abrirnos nada menos que la Catedral San Juan el Bautista (barroco, 1865) para enseñarnos sus frescos y contarnos un poquito de su historia.

Mi apuro llegó cuándo se interesó por los jóvenes y la iglesia en España, así como nuestra postura personal. Mi nivel de francés no era lo suficientemente amplio como me gustaría para poder explicarle, pero me debió entender perfectamente ya que al instante nos propuso acudir al culto del día siguiente. Tras agradecerle su amabilidad y prometerle que si teníamos tiempo iríamos, salimos para seguir callejeando.

 

 
 

El objetivo era encontrar algún sitio para tomar algo, pero la mayoría de locales estaban cerrados, cuando vimos uno abierto hacia allí nos fuimos y nuestra sorpresa fue este interesante cartel.

El interior no inspiraba ninguna confianza, así que decidimos ir a la tienda a comprar y comer en la pensiunea. Aprovecharíamos para disfrutar de la piscina y organizar nuestro itinerario de los próximos días. Por la mañana nos esperaba nuestro segundo día en Rumanía, en la también desconocida Oradea.


 

18 Comments

  1. Mar Vara dice:

    Vaya comienzo de viaje con el taxista timador, la del pijama, el cura y ese cartel. ¡Parece una película de Berlanga! La verdad es que todavía no tengo muy claro si me gustaría visitarlo o no. Estoy deseando leer el resto del viaje, porque Rumanía lo tengo en el punto de mira desde hace tiempo.
    Un abrazo.

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Jajaja!Tal cual Mar, fue un inicio de viaje de lo más anecdótico. Arad no tiene atractivos especiales, pero Rumania como país merece mucho la pena. Anímate a conocerlo, creo que te gustaría. Tienes más lectura en Diarios de viaje 😉
      ¡Un abrazo!

  2. Vaya faena lo del taxista. Siempre hay algún caradura que primero te da toda las facilidades del mundo y luego se hace el loco. A nosotros nos pasó algo parecido en Chiang Mai (Tailandia). En nuestro caso había sido un viaje de menos de un kilómetro y el sobreprecio no llegaba al euro, pero os dio tanto coraje que nos quisiera engañar, que le pagamos lo que habíamos acordado al principio y nos bajamos del taxi corriendo…

    En fin, estas anécdotas forman parte del viaje. Aunque en el momento se pasa un mal rato…

    Abrazos.

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Hola Dinkys,
      Tal cual comentáis, con el tiempo lo recuerdas con risas pero sí que en el momento no hace nada de gracia. También creo que estos nos hace aprender y estar más finos en el siguiente viaje jajaja. Nosotros hemos cogido al costumbre, cuando no nos entendemos hablando, de escribir la cantidad pactada en un papel, así luego no hay problemas 😉
      Un abrazo de vuelta.

  3. Andrea dice:

    Que curiosa experiencia! El cura y ese cartel! Anecdotas para recordar jaja

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Hola Andrea,
      La verdad es que fue un inicio de viaje de lo más raro. De ese cartel creo que no me olvidaré nunca, a día de hoy sigue siendo de los más curiosos que he visto. ¡Un saludo!

  4. Cristina dice:

    Una llegada a destino curiosa, la verdad. De esas que no se te olvidan en la vida. Arad, parece interesante, como todo lo que cuentas de Rumanía, que sin duda es un destino a tener en cuenta cada vez más ya que me parece fascinante.

    Un abrazo.

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Hola Cristina,
      Fue una llegada bastante accidentada sí, menos mal que el resto del viaje hizo que quedase en una anécdota. Rumanía es un país que merece mucho la pena.
      Un abrazo de vuelta.

  5. Estuve hace poco en Rumanía pero solo un fin de semana donde visité lo “básico”, pero este pueblecito parece curioso por lo menos, con sitios extraños como el bar que encontraste abierto, creo que yo tampoco hubiese entrado!

    Saludos!

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Hola Vero,
      Muchas gracias por tu comentario. Normal que no hubiese entrado, me quedó pena no ver cómo era por dentro jajaja. La verdad es que Rumanía no dejó de sorprendernos durante los veinte días que estuvimos por el país. No me importaría nada volver 🙂
      ¡Un abrazo!

  6. Eliana B dice:

    La verdad es la primera vez que leo sobre Arad y me hiciste picar la curiosidad. En especial con el último cartel 😀

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Hola Eliana,
      El cartel es lo más…Arad no es nada turística pero nos pareció un lugar tranquilo para empezar nuestro viaje por Rumania.
      Un saludo y gracias por el comentario 🙂

  7. GranPumuki dice:

    Tomo nota de tus callejeos por arad. Bonitos edificios, pero ¿tiene casco antiguo de callejuelas? o ¿son todo avenidas?

    Saludos
    GranPumuki

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Hola Enrique,
      Sí encontramos edificios bonitos pero casco antiguo como tal no. Si el tiempo que tienes para visitar Rumanía es poco no merece la pena visitar Arad. A nosotros porque nos apetecía estar en un sitio nada turístico antes de ir a lo típico del país (Sighisioara, Sibiu…).
      ¡Un saludo!

  8. Hasta ahora no tuve la suerte de conocer Arad pero tras tu crónica siento que un poquito ya la conozco.
    Su gastronomía tiene muy buena pinta y también algunos de los edificios que pudiste conocer. Gracias por compartirlo!

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Hola Ale,
      Gracias a ti por tu comentario. Si te animas a conocer Rumanía y quieres un sitio para escapar de las hordas de turistas persiguiendo a Drácula, Arad es perfecto 😉
      Un saludo.

  9. Estuvimos en Rumanía hace ya 10 años, pero no en Arad. Seguré tus pasos (de 21 días!!?, wow) porque el país habrá cambiado un montón.

    • Maruxaina dice:

      Me hubiéra gustado viajar hace más tiempo, creo que es un país que ha cambiado mucho mucho y lo seguirá haciendo. Cada vez más edificios impresionantes ocupados por centros comerciales y grandes marcas 🙁
      Pero es un país al que volvería!!
      Saludos 🙂

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