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Portlligat, el refugio de Dalí.

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Salvador Dalí es uno de esos artistas que aunque su arte no sea tu favorito, su vida, trabajo y genialidad hace que interese a gente de todo el mundo. Su casa en la pequeña Portlligat, abierta al público desde 1994, es hoy uno de los Museos más visitados del país.

A poco más de 70 kilómetros de Girona, forma un triángulo cultural junto al Museo Dalí Figueres y el Castillo Púbol. Perfecto para organizar una ruta daliníana por la provincia catalana.

El sol aún no calentaba cuando bajamos del bus en Cadaqués. El viaje desde Roses me había parecido precioso, muchas curvas, pequeños pueblos y montañas con vistas al Mediterráneo. Desde la estación caminamos en dirección al puerto, con parada para café incluída claro. En la playa Dalí nos esperaba apoyado en su bastón, con orgullo ante el paisaje que le rodeaba.

 
 

El camino hasta Portlligat lo hicimos a pie. Dejamos las mansiones con toques modernistas en una Cadaqués tranquila a finales de noviembre. Nada que ver con los meses de verano, cuando es elegida por muchos amantes de la Costa Brava para pasar sus vacaciones.

Casas blancas y buganvillas nos acompañaron durante el paseo hasta llegar a la ermita de San Baldiri. Detrás de ésta, el cementerio de Cadaqués, que visitaríamos al terminar en el museo, uno de lo más marineros que conozco. Mientras nos acercábamos, disfrutando del entorno ya podía entenderse porque Dalí eligió Portlligat para fijar su refugio.

 

La Casa de Portlligat fue la única residencia fija que tuvo el pintor. Al padre de Dalí no le gustaba Gala y no los quería en la casa familiar. La pareja se trasladó entonces a una cabaña de pescadores en la tranquila Portlligat. A menos de un kilómetro de Cadaqués, donde Gala había puesto fin a su relación con el poeta Paul Eluard.
Desde 1930 hasta 1982 creció su estructura biológica, como él la llamaba. Un palacete surrealista resultado de ir ampliando la propiedad durante años con más barracas y terrenos contiguos.

 

La visita en la casa es con guía y en grupos reducidos. Entendí el por qué durante el recorrido. Las habitaciones están atestadas de objetos personales de Dalí y Gala, algunas son pequeñas y con recovecos que siendo siete nosotros en ocasiones era complicado moverse. Además hay sensores por si uno se acerca demasiado con un ruído ensordecedor.

La guía-acompañante nos iba dando información sobre cada estancia que visitamos hasta que salimos al jardín. En el exterior la visita es libre y sin tiempo limitado. A mí personalmente me habría gustado un poquito más de tiempo, soy muy de las pequeñas cosas y sólo en el estudio del artista me volví loca intentando retener todo lo que veía.

 

Su casa es un reflejo de una mente en continúo trajín. Eso sí, bajo la atenta mirada de su amor. Su pareja y musa, Elena Ivanovna, Gala, le pidió expresamente la Sala de los Secretos. Una habitación inspirada en el diseño que hizo Dalí, para una sala de festas de Acapulco. Rodeada de sofás y forma oval, la sala tiene una acústica especial con eco solo en el centro. Cuentan que aquí se reunía ella cuando se cansaba de las fiestas. Sola o con los más íntimos.

Idea de ella también son las siemprevivas que encontramos por toda la casa. Estas pequeñas flores amarillas, duran todo el año y un responsable del museo las cambia cada mes de mayo para que siempre estén preciosas. Las sillas en miniatura y la habitación-vestidor son otras de las aportaciones de la mujer que enamoró a Dalí. En éste las puertas de los roperos están llenas de fotografías con personajes de lo más variado del mundo mundial.

 

El dormitorio es de las estancias más bonitas, salvo por los animales disecados. Están repartidos por toda la casa: un borreguito como el del anuncio de suavizante, un oso de dos metros en el recibidor o los gansos, que han cambiado la piscina por la biblioteca. Además una jaula para grillos porque, según cuentan, le gustaba el cricricri para dormir.

Dalí solía decir que era el primero en ver el amanecer. El genio catalán colocó espejos de tal forma en su habitación que podía ver salir el sol desde la cama. Despertarse con un un paisaje así debe dar como energías extras para afrontar, los días, y la vida en general. Las vistas a la cala de Portlligat son realmente inspiradoras.


 

En su estudio el caballete móvil ocupa toda una pared y permitía bajar los grandes lienzos al piso inferior una vez terminados. Sus útiles de trabajo, botes, pinceles, disolventes y pinturas parecen esperar que el artista aparezca en cualquier momento para continuar los lienzos.

De hecho hay dos obras sin terminar. Al morir Gala en 1980 Dalí no volvió a Portlligat y se trasladó a vivir al castillo de Púbol. Ésta propiedad se la había regalado a Gala y ella pasaba temporadas en él. Sola y con la condición que el artista tenía que enviarle una petición por escrito para ir a visitarla.

 
 

Salvador Dalí (1904-1989) nació en Figueres (Girona), educado por un estricto notario y una madre que alimentaba sus ideas artísticas. En común con otro genio de la pintura, Van Gogh, Dalí tuvo un hermano que falleció y del que el pintor heredaría el nombre.
Un hombre que no sólo pintaba, escribió, hizo cine con Buñuel y colaboró con Disney. Se paseaba con un coche lleno de coliflores hasta la Sorbona y pagaba lujosas cenas con cheques dibujados, sabiendo que así pocos los cobrarían.
Dalí era buen amigo de Alice Cooper o David Bowie, sus cartas con Lorca siguen dando pie a mil interpretaciones y su relación con Franco sigue siendo ocultada por muchos. Una personalidad excéntrica que aseguraba espectáculo donde fuere, que llevó el surrealismo a todos los aspectos de su vida.

 

La última estancia que visitamos fue la sala comedor del exterior, con una mesa de madera súper original pero presidida por una cabeza de rinoceronte (creo que falsa) con alas de águila. El sol se agradecía y reflejaba en los muros blancos haciendo casi daño a la vista. Nos despedimos de la guía y caminamos hacia el Olivar para relajar la ojos de tanta información visual con el tranquilo azul de la bahía.

El terreno está escalonado en bancadas, unas formas geométricas que ya le gustaban a Dalí de joven cuando se acercaba desde Figueres para pintar. En el mirador descubrimos las famosas sillas de seis patas, usadas por nodrizas, y por el pintor en sus ratos de reflexión y paz. Eran tan cómodas y se estaba tan bien que nos habríamos quedado allí al sol toda la mañana. Pero quería seguir descubriendo a Dalí. Sus rarezas convertidas en arte y admiradas por gentes de todo el mundo. Aunque curiosamente, durante nuestra visita, no había ningún español.

 

El garaje donde se guardaba su Cadillac, es ahora una sala audiovisual. Vimos un ratito parte de un documental con distintos momentos de la vida de Dalí. Para encontrarnos luego con el Cristo de los Escombros, una escultura hecha de restos de materiales de construcción, neumáticos e incluso el resto de una barca de madera. Una auténtica obra de reciclaje que dicen realizó tras un diluvio.

En el Palomar se reproducía otro documental sobre la vida menos conocida de Dalí. Recorriendo la misma casa en la que nos encontrábamos, en el entorno que tanto le había inspirado. Era el segundo taller de la casa, para esculturas y performances, con claraboyas en el techo que le inspiraban para pintar pies decía. Sin dejar de invitar a las mujeres a subir con la excusa de ver el paisaje.

El piano era de un amigo de su padre, de la conocida familia Pichot, con el que un joven Dalí salía en barca. En el exterior del Palomar, las tejas que sobresalen están agujereadas para permitir así a la tramontana silbar. Y no podíamos irnos sin fotografiar los huevos. Otro de los objetos recurrentes en su obra, relacionado por algunos con el amor y la esperanza.

 

Volvimos hacia la casa, hasta un precioso patio exterior, encalado de blanco y casi cubierto por las ramas de los árboles. Comunica con el espacio de la piscina, una de las últimas obras de la casa, donde Dalí recibía a fans y visitantes.

Su forma fálica es también común en sus cuadros, una piscina que termina en una pequeña zona de estar con grandes cojines y un gran felino disecado. La decoración incluye una fuente inspirada en la de los Leones de la Alhambra, una casi normal churrasquera, una antigua cabina telefónica y hasta un muñeco Michelin. Un icono que a Dalí le hubiése gustado diseñar.

 

Nuestra visita terminó en la playa, tras unos minutos de charla con el vigilante del Museo. Trabajar en un lugar así me parecía fascinante. La Casa-Museo de Portlligat merece mucho la pena, y me gustó aún más que el Museo-Teatro de Figueres, otro imprescindible para conocer la obra de Salvador Dalí. El entorno ayuda infinito y ver la genialidad en las pequeñas cosas cotidianas hace que la visita sea aún más interesante.

Conocer esa parte más íntima de la pareja, su refugio en el mundo, me emocionaba. La muchacha en la ventana me había acompañado desde pequeña. Siempre invitándome a imaginar qué estaría mirando. Desde esa ventana seguí conociendo a Dalí. En seguida me llamaron la atención su rareza, su mezcla y sí, la famosa excentricidad que le rodeó siempre. Estar en el estudio del genio de bigotes icónicos, del creador de los relojes derretidos era para mí un pequeño sueño que se cumplía un día cualquiera de noviembre.

 
 

*Horario: 10,30 a 18,00. Salvo en Julio, Agosto y Septiembre que cierra a las 21,00.
*Entrada: 11 euros para visitar la Casa-Museo y el Olivar. Es necesaria reserva previa en la web de la Fundación Salvador Dalí.
*Cómo llegar: desde Cadaqués es un paseo de 15 minutos andando. Hay un parking antes de llegar al puerto donde se encuentra el Museo, porque acceder con el coche hasta allí creo que no es viable. El recorrido es realmente bonito para ir caminando y está indicado.

12 Comments

  1. Paco Piniella dice:

    Yo conocía el museo de Figueras pero pienso que debía haberlo completado con esta visita. Por las vistas se ve que el pintor Salvador Dalí no vivía mal.
    Saludos viajeros, LoBo BoBo

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Toda la razón Paco. Un lugar privilegiado para vivir. El de Figueres lo visité hace muchos años y me encantó. Si tienes oportunidad de visitar la casa de Portlligat te gustará.
      ¡Un saludo!

  2. Es una visita que me encanta y que completa el museo de Figueras y el Castillo de Púbol. Además, os hizo un día increible. Desde luego, Dalí ha sido uno de los genios más notables que ha dado Cataluña y visitar sus lugares es un verdadero homenaje.

  3. La Casa de Dali Es una visita que me hubiera gustado realizar cuando estuvimos por la zona, lo que si visitamos fue el museo de Figueras. Pero bueno es una zona que tenemos que seguir conociendo, al igual que Cadaqués que no visitamos.

  4. Patri dice:

    Me ha encantado esta entrada, admiro mucho el arte de Dalí, para mí de los mejores pintores del S.XX y sin duda tengo que ir a visitarla, se nota que es la casa de un artista, menuda pasada de vistas, así se inspira cualquiera jajajjja gracias por dar tantos detalles en tus post como siempre, se aprende un montón un besazo
    Patri

  5. Andrea dice:

    Me encanto el post, me encanta Dali y me debo una visita a Cadaques. Cuando la haga voy a pasar por aqui. Las vistas de la habitacion son soñadas.

  6. Maribel dice:

    Y yo sin conocer esta casa… ¡¡Me encantaría!! Me lo apunto por si nos escapamos en algún momento a la zona. Como a ti, poder disfrutar de esos pequeños detalles, que dicen tanto de la persona, me parece un imprescindible. Esas visitas guiadas se me quedan cortas. Pero has tenido la oportunidad de conocer un poquito más de esta mente tan maravillosa. ¡Gracias por el descubrimiento!

    • Maruxaina Bóveda dice:

      ¡Hola Maribel!
      Me alegra que te haya gustado. Es una escapada preciosa, incluso para ir con niños me parece súper interesante. Si además te gusta Dalí, es como dices, imprescindible. ¡Un saludo!

  7. Netikerty dice:

    Qué sitio más chulo e interesante!! Como has dicho al principio, Dali tampoco es uno de mis artistas preferidos pero su vida entera me produce mucha curiosidad y ver su casa es poder conocer un poco más de la vida de este genio tan peculiar. No lo conocía así que gracias por descubrírmelo

    • Maruxaina Bóveda dice:

      Si visitas la zona de Cap de Creus no dejes de ir. El entorno es espectacular y la Casa-Museo merece mucho la pena. ¡Un saludo guapa!

  8. Qué bien sienta cumplir los sueños que una tiene de pequeña! Bonito relato de tu paso por la Casa de Dalí, nosotros hace años que la visitamos, nos pasa que al vivir cerca de la costa brava siempre que vienen amigos o familiares hay visita obligada a Cadaqués, Figueras y alrededores.

    De lo encantador y sublime que resulta la obra y legado daliano, no me importa repetir visita, y como lo hacemos en temporadas distintas, siempre hay una luz diferente, colores y contrastes que hacen que cada visita sea única.

    Un abrazo viajera y gracias por la descripción de este fascinante lugar.
    Eva

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