Rabbit Island (Camboya, día 17)

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Rabbit Island (Camboya, día 17)

¡¡Rabbit Island!! Me desperté súper emocionada como cuando de pequeña me iba de excursión con el colegio. No me importó para nada que fuesen las siete y caminar hasta el único bar abierto. Tras un enorme café con leche con una especie de churros pero gigantes, subimos al tuk tuk que nos acercaría al embarcadero. ¡Nos íbamos a Rabbit Island!

El viaje no fue de más de una hora pero la gente con la que compartíamos aquella barca tenía cara de haber sufrido durante todo el día. Sí, el mar estaba complicado, mucho oleaje y lluvia pero el chico que manejaba iba tan tranquilo que daba total confianza. Es de los mejores recuerdos que tengo de todo el viaje en Camboya.

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Hacía calor para ser las nueve de la mañana así que la lluvia y el agua de las olas no molestaba para nada.Vale que tiene que gustarte mojarte porque llegamos empapados de arriba a abajo, pero muy felices porque aquello pintaba muy bien. La isla es pequeña y se encuentra a poco menos de cinco kilómetros de Kep y el nombre se debe a que dicen que tiene forma de conejo, ingenua de mí que pensé que era porque estaría lleno de ellos 🙂

 

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Saltamos al agua y caminamos hasta la orilla, había una única casa-negocio con algunas personas que no nos hicieron demasiado caso. Vimos alejarse a la muchacha que sufría delante de nosotros, parapetada tras dos chalecos salvavidas (los únicos que había) con el resto de compañeros de travesía. Cogieron un camino que se adentraba en aquella selva mientras nosotros fuimos caminando por la orilla de la izquierda hasta llegar al que sería nuestra playa en la isla.

Aunque la actividad parecía inexistente no tardamos en ver plásticos y botellas de refrescos y cómo no chanclas. Durante nuestra estancia en el país vimos muchísimas, siempre huérfanas y en los sitios más insospechados.

 

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Qué bien habíamos hecho al cambiar los planes. Esta vez fue la recomendación de un interesante viajero en Kratie quien nos aconsejó variar el itinerario, le contamos que los últimos días queríamos pasarlos en un lugar con playa, para no hacer nada y asimilar todo lo vivido. Cuando le mencionamos Sihanoukville nos miró con cara de agobio y nos recomendó Kep. Según él, mucho más tranquilo y menos explotado que el conocido destino turísitico de Camboya.

 

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Estuvimos allí más de dos horas durante las que no vimos a nadie, solo a lo lejos los barcos de los pescadores. Viniendo del ruido y bullicio de la capital se agradecía el silencio y la soledad. Hasta que volvió la lluvia sin avisar como siempre en Camboya, así que recogimos y nos resguardamos bajo los enormes árboles. Caminamos un rato y encontramos una pequeña casa vacía con un porche enorme, fue nuestro refugio porque no paraba de llover y el viento era cada vez más fuerte.

Lamenté no haber comprado algo antes de subir, solo llevábamos unas galletas y agua, pensábamos que habría algún chiringuito o nevera vendiendo algo para comer y a mí la playa siempre me ha dado hambre.

 

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Aprovechando que la lluvia había amainado un poco decidimos seguir andando, justo cuando llegaban dos pescadores. Se acercaron entre curiosos y extrañados al vernos allí pero siempre con una sonrisa y enseñándonos sus capturas muy orgullosos. Dejando un ligero olor a alcohol se perdieron por detrás de la casa diciéndonos adios con gestos.

No teníamos ni idea de por dónde íbamos, la idea era llegar al mismo punto donde la barca nos había dejado. Atravesamos el patio de una casa y esquivamos a las gallinas. Un señor levantó la cabeza de su tarea pero siguió trabajando tras saludar con indiferencia. El barquero nos contó que vivían algunas familias, dedicadas a la pesca y que años atrás allí eran confinados los criminales para su rehabilitación y custodiar la isla. Existían algunas construcciones pero el paso del tiempo y la guerra destruyó todo y actualmente no queda ni rastro de que allí hubiese algo.

La verdad es que por momentos creía que no saldríamos a ninguna parte, muchísima vegetación y caminos infinitos.Pensé que perderíamos la barca de vuelta y allí no había pinta de haber sitios para dormir. Pero me sorprendió comprobar que no me preocupaba lo más mínimo, había salido todo tan bien durante el viaje que confiaba que seguiría así nuestros últimos días. Y cuando en mi cabeza ya tenía media cabaña montada a lo último superviviente el camino se hizo mucho más ancho y transitable y nos encontramos con la parte turística de la zona. Aunque muy muy sencilla: pequeñas cabañitas de madera, un baño comunitario y un chiringuito más grande que servía comidas.

Mientras comíamos un arroz con verduras y huevo frito de los más ricos de mi vida, lamentábamos no haber sabido que podíamos quedarnos a dormir allí porque sin duda lo hubiésemos cambiado por nuestro hotelazo con agua caliente.

Apenas habría diez extranjeros, algunos se bañaban en una playa con más oleaje que la nuestra, otros tomaban café y una señora leía cómodamente en una hamaca bajo los árboles.
La comida fue baratísima, el ambiente era perfecto y la sonrisa del camarero era de esas que recuerdas años después. No me hubiese importado nada volver a modificar el itinerario, pero esta vez teníamos que seguir lo previsto, la fecha de la vuelta se acercaba y por la mañana temprano dejaríamos Kep.

 

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La vuelta fue mucho más tranquila, aunque la muchacha no dudó en ponerse los salvavidas, eran las cuatro cuando llegabamos al puerto. Volvía a llover pero nuestro tuk tuk estaba allí esperándonos exactamente donde nos había dicho para acercarnos al hotel. Rechazamos la excursión que nos ofrecía para el día siguiente, prometiéndole que volveríamos, y de su sonrisa pasamos a la del personal de recepción que nos esperaba con una toalla al vernos llegar empapados.

Caminamos hasta el centro de Kep y fuimos al único restaurante que había en plan súper lujo total. Con nombre italiano (Pasta e Basta) no había noddles ni arroz con verduras ¡ni siquiera cangrejos! Nuestro menú fue pizza y unos enormes crepes de chocolate y nocilla.

Anochecía cuando llegamos al hotel, el dueño leía cerca de la mesa de billar y al enterarse de que era nuestra última noche no dudó en despedirse invitándonos a un coconut with lemon.

 

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Han pasado casi tres años desde que estuvimos allí y no sé cómo habrá crecido aquéllo, espero que las visitas a la isla sigan siendo en barcas de diez-quince personas, que no haya miles de chiringuitos de souvenirs y que puedas seguir perdiéndote cual aventurero por la selva.

Es de esos lugares únicos, con los que no contabas y que desconocías, pero que descubres por casualidad y …esa sensación es de lo mejor que te puede pasar en un viaje!!!

 

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10 Comments

  1. Desde luego, una isla casi para ti solita! A nosotros nos encantó lo que vimos de Camboya, pero lamentablemente nuestro viaje allí fue muy limitado, de 6 días, y no pudimos visitar más allá de los más turístico. Tendré que volver!

  2. Ramon Melendez dice:

    Apetece mucho visitarlo ,gracias por la informacion .Buenisimas fotografias !!

  3. silvia dice:

    Pues si, un lugar así, super recóndito sin nada de masificación, ni turismo cuando lo que buscas es tranquilidad y relax es de los mejores que te pueden pasar, esperemos que a dia de hoy siga como tu la conociste.

    ¡Un abrazo!

  4. Oh que bella y pequeña isla. Debe estar muy buena ese agua.
    Muy buen post

  5. Veronica dice:

    Preciosa escapada. Una pena las chanclas y botellas abandonadas en plena playa

  6. Camboya es uno de mis pendientes más deseados, espero que caiga pronto y mw anoto ese sitio tan espectacular. Un saludito.

  7. GranPumuki dice:

    Un lugar paradisiaco de verdad.
    Saludos,
    GranPumuki

  8. Netikerty dice:

    Parece casi el paraiso. No conozco ese lado del mundo, a ver si llega pronto la oportunidad!!

  9. […] 2.Seguir el itinerario preparado. Cada vez es más frecuente que lo vaya modificando por el camino o que solo lleve prevista la primera noche.Siempre aparecen lugares nuevos, pequeños tesoros no incluidos en las guías, gentes que te recomiendan pueblos cercanos o simplemente pierdes el último autobus o ves un cartel con un nombre irresistible por cualquier motivo y tienes que parar. Y cómo no, se convierte en lo mejor del viaje. […]

  10. […] anochecer volvimos al hotel, en recepción arreglamos nuestra visita a Rabbit Island para primera hora de la mañana y como al vernos encendieron la piscina, no tuvimos más remedio que […]

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